Se dice “buen día”

Por Dennise Y. Pérez @denniseypr

12 abr 2013, 11:00 pm 4 min de lectura

Las mañanas no son lo mío. Duermo poco y duermo mal, así que las mañanas para mí son verdaderos sacrificios del alba. Odio con todo mi corazón la alarma de mi celular y fantaseo con el día en que encuentre un ringtone que no me haga despertar como Godzilla. Pero una vez logro incorporar mi entumecido cuerpo en el piso, voy casi arrastrándome directo a la cafetera y, sin haber logrado un sorbo siquiera del primer café negro, ya más o menos empieza a cambiarme el semblante y me doy mis cantaditas si el periódico no me ha deprimido lo suficiente. Superadas las batallas iniciales del día —las gafas ayudan bastante-—, suelo sonreír y acostumbro a decir “buen día” a todo el que me encuentro al paso, aunque no lo conozca. No sé de dónde me viene esa costumbre. Me inclino a pensar que del lado de papi, tan mañanero y feliz él. Y cuando uno es así, muchas veces choca con una triste realidad. A mucha gente no le interesa que tengas un buen día.  No le interesa que lo tengas, mucho menos le interesa decírtelo. Quisiera tener un dólar por cada vez que me he quedado con el “buen día” en la boca sin recibir respuesta. Y encuentro que es una de las manifestaciones más desconcertantes y de mayor mala educación. Si me estás vendiendo el periódico en la esquina y en lo que te doy el dinero no me puedes responder el “buen día”, tienes un problema. Si llego al consultorio médico y aún con la desesperante espera por turno, no te da la gana de responderme el saludo, tienes un problema. Si entro a comprar un café y en lo que consigo el dinero me tropiezo con las llaves, las pantallas y los bolígrafos, y aún así no te parece tiempo suficiente para responderme el saludo, tienes un problema. Pero la clásica es en los ascensores. “Ding-ding”, abre la puerta en el piso donde lo llamaste y dices “buen día”, y todos con cara de ausentes  o se pegan al celular, como si el aparato les sirviera de escudo ante los buenos modales. Esa incapacidad de poder responder a un buen deseo siempre me ha dado en qué pensar. En esta isla nos las damos de hospitalarios y de simpáticos.  Y estamos un poco equivocados ahí. Claro, que si para justificarnos empezamos a compararnos con otros países, siempre encontraremos uno más antipático. Pero eso no nos hace más educados. Fuera de Puerto Rico, en un lugar donde trabajaba, había una persona que tenía que ver múltiples veces al día y nunca me respondía el saludo. Y me frustraba. Yo sabía que lo iba tener que ver constantemente y siendo uno de los primeros rostros que estaba obligada a ver, sentía la necesidad de que él notara mi genuino deseo de que tuviera un buen día, así que, a pesar de su impávido rostro diario, seguí saludándole todas las mañanas. (No todas las veces que le veía. Tampoco soy morona). Hasta que un santo día de Dios, luego de seis meses, me dijo: “Morning, mam”. ¿Qué quéeee? Ya desde ese punto en adelante el día no necesariamente iba a ser bueno, pero qué bueno que esa persona me deseó que lo fuera. Elegí escribir sobre el “buen día” para dar un ejemplo de una cortesía básica que hemos ido perdiendo y porque es menos complicado que “gracias” y “por favor”. Si no puedes decir “buen día”, el “gracias” y el “por favor” deben ser literalmente un parto. Es ridículo. Todos los días en esta bendita isla gastamos drones de tinta en papel y drones de saliva en la radio hablando de la violencia que nos arropa, contando muertos y comparando la estadística de este año con el año anterior. No nos damos cuenta de que estamos atendiendo nuestra crisis social llenando los blancos con datos actualizados dentro un libreto que ya no funciona. Y cuando nos da con ser un poco más profundos y con pensar en las razones por las cuales la violencia es parte de nuestra cotidianidad, nos da con hacer cumbres sociales y con marchar por nuestras calles para dizque despertar conciencia. No digo que la solución a nuestro problema de violencia es sencillo. Pero no perdamos de perspectiva que a veces las soluciones se encuentran en lo más sencillo. Enséñeles a sus hijos a decir “buen día”, “gracias”, “por favor”. No se le va a caer un canto y estará aportando a un Puerto Rico mejor.