Un mundo sin corridas de toros
Recién presentaron en la UANL el libro Eloy Cavazos, torero de puerta grande justo cuando se cumplen dos años desde que Cataluña aboliera los toros y ahora San Sebastián en el País Vasco replica esta medida. Seguro que ante los festejos de las protectoras de animales no se han preguntado porqué se toman la molestia estas zonas en aplicar medidas contra la fiesta brava.
Tanto Cataluña como Euskadi se han sublevado, pero no crean que por la defensa de los animales, es sólo una excusa para vetar la cultura española en sus territorios.
Para algunos cualquier pretexto es bueno con tal de defender la vida animal para otros esta prohibición es un atentado contra la fiesta nacional. Lo cierto es que se mire por donde se miren los toros, las peleas de gallos o la caza deportiva siempre han tenido defensores y detractores que se han enzarzado en debates infinitos.
Quienes defienden las corridas han dejado el campo libre a los promotores de la abolición porque a pesar del arte y la cultura que ofrecen las corridas, está impregnado de violencia y de crueldad. No viene mal recordar el tópico pan y toros que después derivó en fútbol y toros y que describen las corridas como una diversión que halaga las bajas pasiones del pueblo llano, amortigua los conflictos sociales y le mantiene en una situación de atraso
Sin embargo, ¿Se pueden imaginar qué sería de los cuadros de Picasso o de Goya, las obras de García Lorca o de Hemingway sin los toros?