Gripe aviar: ¿qué tan peligrosa es y por qué no se deben consumir aves infectadas?

El virus puede transmitirse a los humanos, aunque el riesgo de contagio sigue siendo bajo.

Por Metro Puerto Rico

13 oct, 9:58 am 3 min de lectura
Gripe aviar: ¿qué tan peligrosa es y por qué no se deben consumir aves infectadas?
Gripe Aviar

La gripe aviar es una enfermedad infecciosa provocada por virus de influenza tipo A que afectan principalmente a las aves silvestres y domésticas, como gallinas, patos y pavos. Algunas variantes, particularmente la H5N1, pueden provocar enfermedades graves y causar la muerte de grandes cantidades de aves en pocos días. Aunque su transmisión a los seres humanos es poco frecuente, las autoridades sanitarias mantienen una vigilancia constante por su potencial de ocasionar infecciones graves.

El contagio a las personas ocurre principalmente mediante el contacto directo con aves infectadas, vivas o muertas, o con sus secreciones, saliva y excrementos. El virus puede entrar al organismo a través de los ojos, la nariz o la boca, o mediante la inhalación de partículas contaminadas. Los trabajadores de granjas avícolas y las personas que manipulan animales enfermos enfrentan un riesgo mayor. Hasta el momento, no se ha identificado una transmisión sostenida de persona a persona.

Una de las principales preocupaciones es la gravedad que puede alcanzar la enfermedad en humanos. Sus síntomas incluyen fiebre, tos, dolor de garganta, congestión y conjuntivitis, pero en casos graves puede provocar neumonía, insuficiencia respiratoria e incluso la muerte. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) consideran que el riesgo para la población general continúa siendo bajo, aunque advierten que el virus podría representar una amenaza mayor si desarrolla la capacidad de propagarse fácilmente entre personas.

En cuanto al consumo de alimentos, las autoridades aclaran que comer pollo y huevos debidamente cocidos es seguro, ya que las temperaturas adecuadas de cocción destruyen el virus. Sin embargo, las aves enfermas o encontradas muertas no deben manipularse ni consumirse. Cuando se confirma un brote de gripe aviar altamente patógena en una granja, las autoridades ordenan el sacrificio sanitario de las aves afectadas y expuestas para detener la propagación del virus y evitar que esos animales entren en la cadena alimentaria.

La enfermedad representa también una amenaza económica para la industria avícola. Los brotes pueden obligar al sacrificio de miles o millones de gallinas y otras aves, reducir la producción de huevos y carne, provocar restricciones comerciales y ejercer presión sobre los precios de estos productos. El virus circula ampliamente entre aves silvestres y puede llegar a las granjas mediante el contacto con animales infectados o superficies contaminadas.

En Puerto Rico, el secretario del Departamento de Agricultura, Irving Rodríguez Torres, confirmó este martes resultados positivos a influenza aviar en dos propiedades de Cabo Rojo y Lajas, donde se reportó la muerte de aproximadamente 20 patos criollos y 30 gallinas de Guinea, respectivamente, además de otras aves. La agencia impuso una cuarentena de 120 días en las propiedades afectadas y estableció restricciones al movimiento de aves, junto con medidas de limpieza, desinfección y vigilancia epidemiológica.

Agricultura informó que todavía no se ha determinado el origen de los contagios y que mantiene coordinación con el Departamento de Salud para evaluar posibles riesgos a las personas que estuvieron en contacto con las aves infectadas. Las autoridades buscan evitar que el virus alcance granjas comerciales y otras crianzas domésticas, lo que podría provocar pérdidas económicas y afectar la producción avícola del país.

Desde hace años, el Departamento de Agricultura federal viene monitoreando la presencia de la gripe aviar en Estados Unidos y sus territorios como parte de sus esfuerzos de vigilancia y prevención. Las autoridades recomiendan evitar el contacto con aves enfermas o muertas, notificar cualquier mortalidad inusual y cocinar los productos avícolas a una temperatura interna de 165 grados Fahrenheit. Aunque el riesgo para la población general sigue siendo bajo, la posibilidad de transmisión a los humanos y sus consecuencias para la industria avícola mantienen activa la vigilancia sanitaria.