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title: "25 años después, las voces de la Zona Cero"
description: "Policías y bomberos recuerdan las escenas que marcaron sus vidas mientras buscaban sobrevivientes entre los escombros."
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section: "Noticias"
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author: "Paola N. Sierra Gelpí"
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published: "2026-09-10T07:00:00.000Z"
updated: "2026-09-10T07:00:04.764Z"
tags: ["Torres Gemelas", "Nueva York", "Atentado terrorista Nueva York 11 septiembre", "Portada"]
publisher: "Metro Puerto Rico"
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# 25 años después, las voces de la Zona Cero

_Policías y bomberos recuerdan las escenas que marcaron sus vidas mientras buscaban sobrevivientes entre los escombros._

Por Paola N. Sierra Gelpí · Noticias / Mundo · 2026-09-10T07:00:00.000Z

“Nadie podía mostrar ninguna debilidad. No había lugar para ello. No creo que nadie estuviera preparado para ver un cadáver siendo quemado vivo y luego sacar un cuerpo. No veo a nadie capaz de soportar el olor que había allí ese día y ver rascacielos derrumbarse al piso”.

Así recuerda Amee Hernández Waites lo que encontró al llegar a la Zona Cero tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. Como integrante de la academia del Departamento de Policía de Nueva York (NYPD), se unió al personal de primeros respondientes que atendía una emergencia sin precedentes.

“El silencio era bien fuerte y no sabíamos qué hacer. Yo nunca había visto algo así. No creo que mentalmente nadie esté preparado. Hubo personas que se quebraron porque no aguantaron, pero quienes ya eran militares y estaban de este lado del uniforme, mental y físicamente estábamos listos”, recordó la también exsargento militar.

Hace 25 años, la ciudad de Nueva York cambió para siempre cuando dos aviones Boeing 767 secuestrados por miembros de Al Qaeda se estrellaron contra las Torres Gemelas del World Trade Center. El ataque, perpetrado por 19 terroristas bajo el liderazgo de Osama bin Laden, provocó el colapso de los emblemáticos rascacielos y la muerte de cerca de 3,000 personas.

Hernández Waites, quien a las 8:46 de la mañana se encontraba en su casa, tuvo que ponerse su uniforme y conducir por tres horas hasta llegar a la llamada Zona Cero. Allí, asistió a cientos de personas durante más de 27 horas, pero también vio a muchos perecer.

“La primera y la única mujer policía que murió, era la esposa de uno de los instructores. Hay un retrato de ella sacando a la gente, y cuando entró de nuevo, después de la foto, no la vieron otra vez”, recordó Hernández Waites.

25 años después y retirada, Hernández Waines enfrenta un padecimiento de sarcoidosis pulmonar debido al polvo tóxico que cubrió el cielo. Sin embargo, dijo que en cada aniversario “tu empiezas a recordar lo que pasó y recuerdas la unidad, la empatía y la compasión que había… la gente vino a ayudarse”.

Para el bombero puertorriqueño, José Nieves, quien también fue uno de los cientos de primeros respondedores que llegó a Nueva York, más allá de la destrucción, aseguró que una de las imágenes que más recuerda fue la unión de los ciudadanos.

“Cuando ocurren catástrofes es cuando se descubre la verdadera unión del ser humano porque a pesar de que estaba pasando ese tipo de situación, pude notar y palpar el cambio de muchas personas [...] y dentro de una crisis también hay oportunidades de crecimiento a nivel personal”, comentó el bombero, quien recordó los aplausos y muestras de apoyo que recibían los equipos de emergencia mientras caminaban uniformados por la ciudad.

Esta imagen contrastó con la experiencia de buscar sobrevivientes y encontrar restos humanos entre los escombros, algo que consideró como uno de los momentos más difíciles de su carrera.

Nieves nunca imaginó que su trabajo como bombero lo llevaría a uno de los escenarios más devastadores de la historia reciente de Estados Unidos, realizando labores de búsqueda durante aproximadamente 11 días y con tan solo 22 años de edad.

La magnitud de la emergencia contrastó con la preparación y los recursos con los que contaba la ciudad, ya que, pese al entrenamiento y la capacidad de respuesta de los equipos en Nueva York, existía preocupación ante la posibilidad de nuevos colapsos y otros peligros en la zona.

Nieves recordó que muchos bomberos, así como los oficiales de NYPD, sufrieron a nivel físico y mental por el polvo tóxico que se desprendió de los edificios.

“Aún mantenernos con salud y vida, pues, me siento muy bendecido por parte de Dios que me cuidó en todo momento porque otros bomberos no pudieron decir lo mismo, ya sea porque fallecieron directamente en la respuesta o tuvieron una secuela a nivel de salud que les costó su vida al tiempo de haber ocurrido esto”, señaló.

El actual alcalde de la ciudad de Nueva York, Zohran Mamdani, ordenó la publicación de más de 170,000 documentos sobre la calidad del aire durante los meses posteriores al 11 de septiembre. Debido a que, luego de 25 años, han muerto más personas a causa de enfermedades relacionadas con el atentado, debido a secuelas respiratorias por el aire tóxico.

Tras el colapso de las torres, el puertorriqueño relató que, en una ocasión, el equipo encontró un torso atrapado entre los escombros y tuvo que utilizar una barra para “enterrarla” al cuerpo y lograr sacarlo.

“Son cosas que, a lo mejor puedan parecer simples, pero te van trabajando porque tú nunca esperas tener que enterrarle una herramienta a alguien o a un pedazo de cuerpo para poder sacarlo de donde estaba”, explicó.

#### William Rodríguez y la llave maestra

William Rodríguez es un puertorriqueño que llegó a Estados Unidos con el sueño de convertirse en mago.

Rodríguez trabajaba como encargado de limpieza en la Torre Norte, específicamente de los 110 pisos de escaleras del edificio. Al momento de las primeras explosiones se encontraba en el sótano y pensó que podía tratarse de una explosión o de una bomba.

“Entonces en ese momento todo el mundo está en horror, gritando, porque nadie sabe lo que está ocurriendo”, recordó.

Durante los primeros 102 minutos, antes de que las torres comenzaran a colapsar, Rodríguez —quien se consideraba agnóstico hasta aquel día— se encargó de rescatar a todas las personas que pudo. Los edificios oscilaron por el impacto de los aviones y doblaron los marcos de las puertas, lo que provocó que las personas que permanecían dentro quedaran atrapadas.

Gracias a que tenía en su poder una llave maestra, pudo abrir las puertas de acero y cerrojos que encontraba a su paso y facilitar la salida de las personas que aún permanecían dentro de la estructura. Sin embargo, dijo haber escuchado a cientos que gritaban desesperados pidiendo auxilio mientras las oficinas se inundaban o, por el contrario, estaban incendiándose. “La llave era crucial porque si no había que romper las puertas para entrar, y eran de acero, y con esa llave yo abría todas las puertas de las oficinas también”, contó.

Aunque los policías le gritaron don’t look back (No mires hacia atrás), Rodríguez presenció lo inevitable.

“Cuando me viro, lo más horrible que he visto en mi vida, he visto todos los cuerpos de las personas que se tiraron, yo no sabía que se estaban suicidando, y era una masa humana lo que tu veías, eran carne, pelo y tela, pero tú no podrías discernir que era una pierna, qué era un brazo, qué era una cabeza”, recordó.

Cuando cayeron ambos rascacielos, Rodríguez pensó que había muerto en medio del polvo tóxico que cubrió el bajo Manhattan, que le desgarró la ropa y le laceró la piel, pero personal de emergencias médicas logró sacarlo del desastre y fue recordado como uno de los últimos sobrevivientes rescatados de los escombros.

Una vez a salvo, continuó rescatando más personas, entre ellos Felipe David, un trabajador de origen hondureño que sufrió quemaduras en el 40% de su cuerpo y de un pintor de la Autoridad de Puertos llamado Salvatore Giambanco y el teniente David Lim, un oficial de la policía de la Autoridad Portuaria, entre cientos de personas más junto con los bomberos de Nueva York.

Sin embargo, reconoció que perdió a cerca de 200 amigos que trabajaban en Windows on the World, un legendario restaurante de lujo que se ubicaba en la Torre Norte.

Hoy, aunque sufre trastorno de estrés postraumático y padece de asma, Rodríguez se considera una historia viviente y ha recibido múltiples reconocimientos por su valentía. Del mismo modo, fundó el Grupo de Víctimas Hispanas para ayudar a las familias latinas afectadas por los atentados y ha llevado sus actos de magia a través de sus conferencias y charlas para contar su historia.

“El inventario emocional es devastador, pero yo hablo de mi experiencia porque tengo que humanizarlo, para que se den cuenta que esos edificios estaban llenos de gente y que adentro fue que murieron estas vidas, no las ves de afuera”, sostuvo el puertorriqueño.

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