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title: "Cuando el desarrollo desmedido potencia los desastres naturales"
description: "El crecimiento urbano acelerado y la falta de planificación resiliente generan vulnerabilidad ante huracanes, erupciones volcánicas y terremotos"
canonical: "https://www.metro.pr/noticias/2025/11/13/cuando-el-desarrollo-desmedido-potencia-los-desastres-naturales"
section: "Noticias"
subsection: "Mundo"
author: "Allan Lavell y Rodrigo Barraza/Latinoamérica21"
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published: "2025-11-13T18:44:33.430Z"
updated: "2025-11-13T18:44:33.536Z"
tags: ["Desastres Naturales", "América Latina", "desarrollo"]
publisher: "Metro Puerto Rico"
language: "es"
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# Cuando el desarrollo desmedido potencia los desastres naturales

_El crecimiento urbano acelerado y la falta de planificación resiliente generan vulnerabilidad ante huracanes, erupciones volcánicas y terremotos_

Por Allan Lavell y Rodrigo Barraza/Latinoamérica21 · Noticias / Mundo · 2025-11-13T18:44:33.430Z

_Metro Puerto Rico publica este artículo como parte de una colaboración con Latinoamérica21, plataforma de sindicación líder en América Latina, especializada en artículos de análisis y opinión sobre temas políticos, económicos, científicos y medioambientales de la región._

A menudo, cuando ocurre una **tormenta**, **huracán**, **erupción volcánica** o **terremoto**, persiste la costumbre de hablar de un “**desastre natural**”.

Sin embargo, las fuerzas de la naturaleza solo explican una parte de la ecuación en un desastre, y en ocasiones ni siquiera la parte más significativa.

Los peligros de la naturaleza se convierten en **desastres** como resultado de decisiones u omisiones acumuladas en los procesos de **desarrollo**, que incluyen la ocupación y uso del suelo, las prioridades de inversión y estándares o reglas que se cumplen o ignoran. El desastre, visto así, es una **construcción social**, más que natural o física.

Los desastres no son fenómenos puramente naturales, sino el resultado de la interacción entre amenazas físicas, naturales o construidas por intervención humana (**sociales, tecnológicas, bióticas**) y las condiciones sociales, ambientales y económicas existentes. Así lo reconoce el **Informe Regional sobre Desarrollo Humano 2025, Bajo presión: Recalibrando el futuro del desarrollo**, elaborado por el **Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo**.

Esta perspectiva exige pasar del control o anticipación de las amenazas a uno de **gestión del riesgo como proceso social**, integrado al **proceso de desarrollo sostenible**, para anticipar, prevenir y reducir exposiciones y vulnerabilidades en un contexto de creciente incertidumbre.

Casos emblemáticos en la región ayudan a explicar por qué el desarrollo humano resiliente requiere de un cambio de paradigma en la gestión del riesgo.

El primero es el de **Choloma**, en el norte de **Honduras**, donde el auge de las actividades de **maquila** multiplicó empleo e ingresos, a costa de una urbanización acelerada sobre riberas, humedales y zonas de drenaje que se rellenaron con residuos.

Muchas **ordenanzas existentes** para entonces se irrespetaron, y la capacidad municipal para dotar servicios y mantener cauces quedó por detrás del ritmo de la inversión.

Cuando en **2017** llegaron lluvias fuertes a causa de los **huracanes María e Irma**, la ciudad enfrentó las consecuencias de décadas de decisiones que normalizaron la exposición y ampliaron la vulnerabilidad.

La erupción del **Volcán de Fuego**, en **Guatemala**, en junio de **2018**, ofrece otro espejo, esta vez sobre la distribución desigual de la protección frente a los desastres.

La aldea de **San Miguel Los Lotes**, poblado por familias de bajos niveles socioeconómicos, resultó devastada, con centenares de víctimas, mientras que, a unos pocos kilómetros, un complejo turístico—con **protocolos de contingencia, simulacros, seguros y coordinación con autoridades**—logró evacuar a tiempo y evitar pérdidas humanas, aun cuando sufrió severos daños a la infraestructura. El mismo peligro, resultados opuestos.

Detrás de esa divergencia se evidencian cuatro factores: **capacidades institucionales y comunitarias distintas**, **circulación diferenciada de información**, diferencias en la **zonificación del uso del suelo** y una diferenciada **confianza en las instituciones** que ralentiza los sistemas de alerta.

### Resiliencia: del eslogan a criterio de desarrollo

Si el riesgo es socialmente construido, la **resiliencia** no debe reducirse a un elemento discursivo ni a un “componente” agregado al final de los proyectos. Debe operar como **criterio de desarrollo** desde el inicio: planificar, financiar y ejecutar políticas públicas, obras y programas con filtros de riesgo, asociada con escenarios de multi-amenaza y adaptación al **cambio climático**, incorporados desde la fase de diseño. La cuestión no es solo cómo responder mejor al próximo desastre, sino cómo **dejar de fabricarlo**.

La experiencia desde la investigación forense del riesgo indica que para lograrlo es necesario actuar principalmente en cuatro frentes de cambio. El primero es el **suelo**. Áreas como riberas, zonas de recarga hídrica, laderas inestables y frentes costeros críticos no pueden tratarse como “suelo disponible” y hay que impedir que la **presión inmobiliaria** empuje a los hogares más pobres hacia las áreas más peligrosas.

El segundo es el **ambiente** como política de reducción del riesgo. La degradación de **cuencas, manglares y coberturas vegetales** convierte una lluvia intensa en inundación y una ladera empinada en deslizamiento. La **restauración ecológica**, el control de extracción de áridos y rellenos, y la gestión de residuos no son decorativos “verdes”, sino piezas de un **sistema de seguridad colectiva**.

El tercero es la **protección social** como amortiguador de choques. Reducir **pobreza y desigualdad**, que incitan el riesgo cotidiano, es, en sí mismo, reducción de riesgo de desastre. **Viviendas seguras, acceso a agua y saneamiento, ingresos estables, seguros inclusivos y servicios públicos robustos** marcan la diferencia entre un susto y una tragedia.

El cuarto es **presupuestario**. La mayor parte de los recursos vinculados al riesgo se consumen en **alertar, responder y reconstruir**. Es indispensable invertir esa lógica, pasar de lo compensatorio-reactivo a lo **prospectivo-sostenible**: incorporar filtros de riesgo y clima en bancos de proyectos, proteger presupuestos preventivos, alinear incentivos fiscales para que las municipalidades que evitan crear nuevo riesgo reciban prioridad de financiamiento, desincentivar la corrupción en procesos de **ocupación del territorio**, entre otros. No se trata de gastar más, sino de **gastar distinto**.

Todos estos elementos han sido destacados como parte del documento de trabajo del **Informe Regional 2025**, denominado **“Redefiniendo la resiliencia socio-natural en el marco del desarrollo humano: desastres, riesgo y resiliencia en América Latina y el Caribe”**, que alimentó los hallazgos generales del reporte.

### Mirar el espejo y actuar

Más del **80%** de la población en la región vive en ciudades, y el crecimiento más veloz se concentrará en las pequeñas e intermedias, precisamente donde las **capacidades técnicas y fiscales** son más limitadas. Si la inercia prevalece, se consolidarán territorios muy caros de corregir y muy baratos de dañar. La ventana de oportunidad está en lo cotidiano: **cumplir normas, mantener drenajes, organizar barrios con las instituciones y premiar presupuestariamente la prevención y las alertas tempranas con participación comunitaria**.

**Choloma y Los Lotes no son anomalías**: son advertencias. La primera recuerda que el **empleo y la demanda de crecimiento de corto plazo** sin salvaguardas territoriales produce **riesgo como subproducto**. La segunda evidencia que, ante el mismo volcán, la **desigualdad de capacidades y el contexto social** que las define decide quién se salva.

Si el desastre es el espejo, lo que devuelve no es la imagen de un clima caprichoso, sino la de un **modelo de desarrollo** que tolera la informalidad como válvula de escape, celebra inversiones sin controles y reserva la protección para quienes pueden pagarla. Cambiar esa imagen requiere **coherencia, continuidad en el tiempo** y una regla sencilla para orientar políticas públicas y privadas: **“primero, no fabricar riesgo”**.

Responder, reconstruir y recuperar más rápido y mejor seguirá siendo imprescindible, y será más eficiente y equitativo si el desarrollo incorpora el **análisis del riesgo desde el principio**. La investigación forense del riesgo ofrece el puente entre diagnóstico y cambio institucional, y es uno de los instrumentos que pueden promover un **desarrollo humano resiliente**.

_Allan Lavell es investigador asociado en FLACSO, Costa Rica, consultor senior en gestión de riesgos de desastres y miembro fundador de la Red de Estudios Sociales en Prevención de Desastres Latinoamérica y el Caribe - LA RED._

_Rodrigo Barraza Vásquez es especialista en Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) para América Latina y el Caribe._

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