Columna de Rafael Lenín López: Un hombre sin suerte

Alejandro García Padilla debe ser uno de los gobernadores con menos suerte en la historia de Puerto Rico.

Por Rafael Lenín López @LeninPR

27 abr 2016, 11:00 pm 3 min de lectura

Alejandro García Padilla debe ser uno de los gobernadores con menos suerte en la historia de Puerto Rico. 

Mientras está buscando desesperadamente la ayuda de Washington para que tiren ya el salvavidas al Gobierno isleño que poco a poco zozobra, su equipo de trabajo fracasa en cada intento por hacer lucir a su administración con algo de competencia.

Esta semana las fichas de dominó continuaron cayéndose cuando el ejecutivo fracasó en el esclarecimiento de uno de los crímenes más notorios que han ocurrido en el país en la pasada década. 

Entretanto, el estreno de lo que supone el cambio más trascendendal en nuestro sistema electoral está en entredicho por culpa del desempeño de la persona que nombró a dirigirlo.

Su Legislatura no le hace caso y el Partido Popular no parece tener una estructura organizada. Peor, ya sus comparecencias públicas son contadas y, cuando las realiza, sus intervenciones en el debate son inconsecuentes en la mayoría de las ocasiones.

Esta y otras tantas variables, algunas bajo su control y otras no, hacen de su administración —a meses de terminar— una de las más deficientes en la historia moderna.

Es cierto que le tocó un momento duro y se enfrenta al colapso de las instituciones públicas, tanto en términos operacionales como en la confianza pública hacia estas. Sin embargo, el gobernador ha cometido numerosos errores desde que asumió el mandato el 2 de enero de 2013, como los siguientes:

— No presentó de inmediato un plan a nivel ejecutivo y legislativo para que se encaminara el trabajo a realizar en los primeros 100 días de su administración.

— No hicieron designaciones a la altura de la coyuntura que vive el país. Tampocó se rodeó, en su entorno inmediato, de un equipo de trabajo compuesto por las mentes más privilegiadas.

— No ha sido transparente en su discurso público. Las estrategias de su equipo de comunicaciones y los nombrados en las agencias  han sido altamente erráticas desde el principio. Ello le ha llevado a ser inconsistente en sus opiniones, propuestas y planes de Gobierno.

A mi juicio, estos tres puntos generales han puesto a Alejandro García Padilla en la posición en la que se encuentra hoy: sin un plan, una desconfianza pública profunda y una desorganización dramática al más alto nivel de las oficinas que dirige.

Lo que ha pasado en la Comisión Estatal de Elecciones no tiene perdón y nadie parece inmutarse. De hecho, ayer, a preguntas mías, el gobernador le dio un voto de confianza a la presidenta.

Y lo que pasará el lunes, un impago total de la deuda pública, más allá de los litigios que ocurrirán, seguirá provocando un desasosiego en la sociedad que no ha sido mitigado con un discurso que le comunique al país que alguien está a cargo del problema.

Recuerdo que, durante el cierre del Gobierno en el 2006, Aníbal Acevedo Vilá incrementó significativamente sus comparecencias públicas para explicar hasta la saciedad su visión del problema. Incluso, durante el periodo más crítico, realizaba un programa de radio diario para dirigirse a la gente.

Hoy, 10 años después, nuestros líderes deciden manejar los asuntos en privado y de manera ambivalente. No parece existir un ser humano que aconseje al gobernador a hacer lo contrario, a pesar de lo sensato que parecería optar por ese camino. Por eso digo que, exonerándolo de una responsabilidad directa en muchos de los problemas que enfrentamos hoy, concluyo que Alejandro es un hombre
sin suerte.