Columna de Rafael Lenín López: Rebelión
Hay por ahí algunos políticos llamando a una rebelión nacional en contra de la junta de control fiscal que propone el Congreso de Estados Unidos para atender…
Por Rafael Lenín López @LeninPR
Hay por ahí algunos políticos llamando a una rebelión nacional en contra de la junta de control fiscal que propone el Congreso de Estados Unidos para atender la crisis fiscal de Puerto Rico.
Pero sin ánimo de legitimar la susodicha junta, ¿habrá ánimo en el país para defender el esquema político que ha mantenido a los burócratas azules y rojos en el poder durante el periodo que antecedió la catástrofe financiera? ¿Con qué cara nuestros líderes electos le piden a la ciudadanía que defienda el sistema mediante el que se ha llevado al país al precipicio fiscal?
Ciertamente, la junta de control fiscal que se propone desde el Congreso es un ataque directo a nuestro sistema constitucional y pone de nuevo al desnudo nuestra condición de subordinación política.
Una lectura al anteproyecto que ha publicado el Comité de Recursos Naturales de la Cámara de Representantes de EE. UU. basta con chocar esa pared. La junta que se propone tendrá poderes absolutos sobre nuestros gobernantes y hasta capacidad para regañarlos si no hacen su trabajo. Todos los componentes de la junta serían nombrados por el presidente de Estados Unidos.
Sin embargo, temo que el llamado a la sublevación por la manifestación más reciente del poder de la metrópoli no tendrá la respuesta ciudadana esperada. La razón es obvia: mucha gente avala cualquier cosa que suponga un reto a la autoridad y más aún si ella ha fracasado en su gestión.
Así que los políticos no deben perder su tiempo en buscar la solidaridad del ciudadano de a pie para combatir la junta. A fin de cuentas, la propuesta federal —al día de hoy— luce con pocas posibilidades de poder pasar el trámite legislativo. Los políticos puertorriqueños deben dejar de estar clamando por un consenso nacional a cambio de mover los pies para ponerse a trabajar.
El país no necesita un consenso en estos momentos. El país necesita que se trabaje, que se articule un plan de desarrollo económico y que se tomen las medidas aquí para salir del atolladero fiscal. Los políticos suelen pedir consenso cuando necesitan la excusa perfecta para no hacer nada. En ninguna sociedad, sobre ningún issue fundamental, puede haber un consenso absoluto. Ante esa realidad, suelen marearnos en la discusión sobre lo dividido que está el país en momentos de grandes retos, cuando el reclamo del colectivo, unido debe ser que se pongan a trabajar. La factura se pasa en el proceso electoral no antes, a favor o en contra de los responsables de capitanear el barco.
En Washington D. C. y la ciudad de Nueva York, donde se establecieron juntas de control fiscal similares, una impuesta por el Congreso y la otra por el Estado, la medicina para sus ciudadanos fue más amarga que la que hemos tragado aquí. Miles de empleados fueron despedidos y ambos gobiernos fueron reformados unilateralmente. En ambas jurisdicciones protestaron igualmente, y, aunque a la larga salieron de la crisis temporera, la amenaza sigue latente para las dos.
La diferencia en nuestro caso a las casi 120 juntas de control fiscal que se han establecido en municipalidades estadounidenses es que somos un país. Y como tal debemos enfrentar nuestros problemas. Si bien es cierto que muchos de los políticos que hemos elegigo no han sido capaces de atender nuestros problemas, tenemos las mejores mentes para hacerlo de una vez y por todas. Así que, a la invitación a una rebelión, pero de verdad y dirigida correctamente, a favor.


