Columna de Lily García: La galleta vacía

Lo confieso. Leo los papelitos dentro de las galletitas chinas de la fortuna. No solo los leo, sino que, cuando vienen con números impresos, de vez en cuando…

Por Lily García

28 mar 2016, 11:00 pm 2 min de lectura

Lo confieso.  Leo los papelitos dentro de las galletitas chinas de la fortuna. No solo los leo, sino que, cuando vienen con números impresos, de vez en cuando hasta los he jugado en la Loto.  En realidad, no sé para qué porque yo nunca he tenido suerte para los juegos.  Pero de todas maneras admito que, cuando termino de cenar en un restaurante chino y lo único que me queda de frente es la galletita, tiendo a sentir un leve mariposeo ante la posibilidad de estar a punto de recibir algún mensaje profundo del universo.

Por eso me chocó tanto cuando hace unos días al romper con mucha ilusión aquella galletita la encontré vacía.  Me acerqué cada mitad a los ojos para ver si el papelito se había quedado enroscado en alguna esquina, pero nada.  Pensé en ese momento en una amiga que tengo que es un poco dramática y a quien seguramente algo ante algo así hubiera salido con un: “¿Qué querrá decir esto? ¿Me iré a morir?”.  Y yo procedería a darle coaching.

Pero lo cierto es que la galletita vacía me recordó lo obvio, que nada está escrito, y que la buena o mala fortuna la creamos nosotros mismos todos los días.  Me recordó que era hora de ponerme las pilas, de enfrentar mis miedos y de comenzar a trabajar en los muchos proyectos que he venido posponiendo.

Cada nuevo amanecer es como una galletita que llega sin papelito o una página en blanco esperando ser llenada. Siento mucha compasión por aquellos que, en vez de sentarse a crear la posibilidad de vidas con propósito, escogen perder el tiempo echándole la culpa a aquellos que dejaron sus galletas vacías o les escondieron el teclado o el bolígrafo para que no pudieran escribir.  La vida es demasiado corta para seguir mirando hacia atrás.  El mensaje de la galletita era claro: cada día comienza con la oportunidad de transformarnos, de ver algo desde otra perspectiva o de soltar lo que no nos funciona. Todos los días tenemos la oportunidad de crear una mejor fortuna.  No la desperdiciemos.