Prometieron empleos, pero solo trajeron muchas cenizas
“El más mínimo callejón que había de carretera virgen lo llenaban completamente de cenizas. Luego, se tapaban con piedra blanca y con otros materiales para…
Por Omar Alfonso
“El más mínimo callejón que había de carretera virgen lo llenaban completamente de cenizas. Luego, se tapaban con piedra blanca y con otros materiales para disimularlo”- Víctor Rodríguez Aguirre, vecino del sector Santa Ana, en el barrio Jobos, Guayama, Puerto Rico
Publicación Para leer el reportaje completo, busque el periódico La Perla del Sur o visite el portal del Centro de Periodismo Investigativo, www.periodismoinvestigativo.com. • Línea de tiempo. Podrá ver una línea de tiempo desde que se propuso el desarrollo de la planta de carbón AES en Guayama hasta el presente. • Podcast. Podrá escuchar un reportaje completo sobre el tema investigado.
A Víctor Rodríguez Aguirre lo fueron a buscar a su casa en el sector Santa Ana del barrio Jobos en
Guayama.
Era una pieza crítica.
El joven padre, residente en la zona más poblada en la periferia de la planta de carbón AES, sabía lo que era vivir en la pobreza.
Se había convertido en líder deportivo y se afanaba por echar adelante a su comunidad, en especial, a los jóvenes que comenzaban a estudiar sin oportunidad de empleo en el horizonte.
Sus ansias de progreso y su influencia en el barrio eran claves para convencer a otros de que no había nada que temer ante la promesa de que AES invertiría cientos de millones de dólares en la construcción de una planta generatriz de electricidad que no solo inyectaría salarios a la región, sino prosperidad.
“Ellos nos llevaron a Hartford, Connecticut, para ver las instalaciones de la AES”, recordó Rodríguez Aguirre sentado en un sillón, desde el balcón de su hogar. “Y lo que nosotros vimos ahí era muy positivo; era acorde con lo que nos habían dicho que se iba a establecer aquí en Puerto Rico”, agregó.
El encanto, sin embargo, no duró mucho. Desde el barrio de Barranca a Pozuelo, de Puente de Jobos y Miramar a San Martín, y hasta en Los Mosquitos, la decepción de los vecinos se propagó tan fácil como la humareda que levantaban los camiones cargados de cenizas.
“El más mínimo callejón que había de carretera virgen lo llenaban completamente de las cenizas. Luego se tapaban con piedra blanca y con otros materiales para disimularlo”, lamentó Rodríguez Aguirre.
“Y eso no es lo que se había prometido. Las cenizas no iban a estar aquí en Puerto Rico. Por esa razón fue que todos pensamos que iba a ser positivo, que valía la pena”, explicó.
Entre los años 2004 y 2011, sobre dos millones de toneladas de cenizas tóxicas descartadas por la planta de generación eléctrica AES en Guayama fueron convertidas en relleno para nuevas urbanizaciones y vías en ese municipio, al igual que en San Juan, Dorado, Toa Alta, Caguas, Juncos, Ponce, Santa Isabel, Coamo, Arroyo y Mayagüez.
Las cenizas también se usaron como base para charcas, caminos y puentes aledaños a quebradas, quedaron expuestas a la brisa o la lluvia, y hasta fueron abandonadas en solares baldíos del sur del país.
Todo esto ante la mirada indiferente del Gobierno de Puerto Rico y de las agencias federales.
Por eso, al excavar la tierra, levantar una verja o sembrar un huerto casero en el patio de una vivienda recién construida, en algunos de estos municipios es común desenterrar capas gruesas de polvo color gris.
AES, la corporación multinacional que produce las cenizas desde el año 2002 y que factura casi un millón de dólares diarios a la Autoridad de Energía Eléctrica por la venta de electricidad generada con carbón, argumenta que este desecho no es tóxico y que es seguro para la salud de los ciudadanos o el ambiente.
A su favor, ejecutivos de la empresa esgrimen que la Agencia de Protección Ambiental (EPA) federal cataloga las cenizas como un desperdicio no peligroso, que puede ser reutilizado como relleno en proyectos de construcción.
No obstante, ante cuestionamientos de grupos ecologistas como Diálogo Ambiental, la misma agencia ordenó y costeó cuatro años atrás un análisis químico que derrumbó esta tesis.
El examen realizado exclusivamente con cenizas de carbón de la planta AES en Guayama concluyó que este desecho tiende a liberar metales pesados en concentraciones que exceden hasta 9,000 veces el límite de seguridad permitido por estándares federales, al entrar en contacto con líquidos y suelo.
Entre estos metales, investigadores de la Universidad de Vanderbilt en Tennesse y los laboratorios ARCADIS en Carolina del Norte detectaron niveles excesivos de arsénico, boro, cloruro y cromo. También rastros dañinos de litio, molibdeno, selenio y talio.
Con estas características y en estas concentraciones, la agencia federal pudo clasificar el desperdicio de AES —u otro similar— como una sustancia peligrosa, tóxica y cancerígena, pero no lo hizo.
Tampoco la EPA ni su homólogo en la isla, la Junta de Calidad Ambiental (JCA), notificaron estos hallazgos a vecinos de la planta o a las comunidades impactadas por el transporte y las descargas del material.
En su lugar, la EPA integró algunas referencias del informe a su página web y solo ofrece el estudio final mediante solicitud.
Coctel mortal
Sobre los efectos en la salud y el ambiente de altas concentraciones de metales pesados existe profusa y contundente evidencia.
Por ejemplo, la Universidad Técnica de Delft en los Países Bajos, uno de los centros de investigación de mayor prestigio en Europa, señala que la ingesta de arsénico inorgánico puede intensificar las posibilidades de que se desarrolle cáncer de la piel, del pulmón, del hígado y linfoma.
A exposiciones muy altas también puede causar infertilidad y abortos en mujeres, daño del cerebro e, incluso, del ADN.
De otra parte, el talio detectado en las cenizas de Guayama —en concentraciones de 14 a 31 veces por encima del máximo permitido— puede ser asimilado por el cuerpo muy eficazmente a través de la piel, los órganos del aparato respiratorio y el tracto digestivo, según se desprende de los estudios de Vanderbilt y ARACADIS, y de la Universidad Técnica de Delft.
Utilizado como uno de los ingredientes activos en el veneno de rata, la ingesta de talio puede provocar daños al sistema nervioso, daños congénitos en niños y hasta la muerte.
El análisis químico comisionado por la EPA detectó, además, que las cenizas de AES pueden expedir concentraciones de cromo entre 470 a 9,000 veces por encima del umbral aceptable.
Estudios previos, como el financiado por el Departamento de Energía de Estados Unidos en el 2006, han coincidido en que el 97 por ciento del total de cromo que liberan las cenizas de carbón es del tipo hexavalente, un compuesto altamente tóxico.
Célebre por su referencia en el filme Erin Brockovich, el agua contaminada con cromo hexavalente causó cáncer a animales según pruebas de laboratorio realizadas por el Programa Nacional de Toxicología del Departamento de Salud federal, entre los años 2006 y 2008.
Por su constitución, las cenizas de carbón son solubles en agua, por lo que es común que contaminen acuíferos, quebradas o ríos, y hasta puedan ser asimiladas por plantas, peces y humanos, reconoció el doctor en Química, Osvaldo Rosario López.
El también profesor de la Universidad de Puerto Rico cuenta con una especialización en Química Ambiental de la EPA, labora desde hace una década como asesor para la Administración de Drogas y Alimentos federal (FDA, por sus siglas en inglés) y lleva 35 años como investigador.
Rosario advirtió que la peor parte de los hallazgos de Vanderbilt y ARCADIS es que donde quiera que se lleven estas cenizas “llevan con ellas esos tóxicos y cancerígenos. Y llevan entonces el potencial de hacer ese daño en la localidad donde se tire y a todo el que esté expuesto a esa localidad donde se dispongan”.
Viven sobre cenizas
Fotos y documentos en poder del Centro de Periodismo Investigativo (CPI) detallan cómo este desecho tóxico fue a parar al menos a 36 lugares de Santa Isabel, Salinas y Guayama.
Entre ellos, las urbanizaciones Parque Gabriela II, Valles de Salinas, Marbella, Vistas de Salinas, Estancias de Dulces Sueños, Mar del Caribe y Villa Serena. Asimismo, fue depositado en espacios comerciales, como Arboleda Shopping Court, Porto Fino Plaza, Los Recreos Plaza y Arroyo Town Center. También se identifica un solar de la fraternidad Eta Sigma Alpha, próximo a la playa Punta Guilarte y cercano a tres pozos de agua, al igual que lugares bajo la clasificación de zona inundable.
En algunas imágenes, se evidencia cómo el material llegó hasta el cauce de los ríos Seco y Guamaní.
Esta serie es una colaboración entre el Centro de Periodismo Investigativo y el periódico La Perla del Sur, mediante una beca especial de periodismo ambiental otorgada por Para la Naturaleza. La próxima entrega será en una semana.


