Columna de Lily García: Lecciones de una langosta
Aunque el video de YouTube que me compartió un amigo no es nuevo, yo nunca lo había visto. Tampoco había escuchado nunca una explicación tan clara y orgánica…
Por Lily García
Aunque el video de YouTube que me compartió un amigo no es nuevo, yo nunca lo había visto. Tampoco había escuchado nunca una explicación tan clara y orgánica de lo que debe ser nuestra respuesta a las tensiones y estresores de todos los días. Tengo que admitir que después de verlo me he convertido en fanática del psiquiatra y rabino Abraham Twersky.
El Dr. Twersky habla de cómo la forma en que las langostas crecen es una lección acerca de cómo debemos ver más saludablemente nuestras vicisitudes de todos los días. No recuerdo haberme preguntado alguna vez cómo crece una langosta dentro del caparazón (o exoesqueleto, que parece ser la palabra correcta), dentro del cual vive. Tal vez lo aprendí, pero no lo recordaba. Resulta que lo hacen mudándolo.
Cuando el cuerpo blando de la langosta ya se siente demasiado pequeño para el caparazón, el animalito procede a absorber agua y así expande su cuerpo, haciendo que la armadura rígida del caparazón se rompa. Poco a poco un nuevo caparazón se va formando sobre su cuerpo, y, cuando este vuelve a quedarle pequeño, la langosta repite el proceso y lo muda de nuevo. Esto puede ocurrir unas veinticinco veces en los primeros siete años en la vida de una langosta.
Como explica magistralmente el Dr. Twersky, la señal que le indica a la langosta que es hora de comenzar a mudar el caparazón es la incomodidad de sentir tensión en su cuerpo. El estrés le indica que es hora de soltar, porque, si no rompe y deja ir, no va a poder seguir creciendo. “Las langostas nos enseñan”, dice el rabino, “que los momentos de estrés son oportunidades para crecer”.
Si hoy sientes que las tensiones y sufrimientos en la vida te están causando dolor e incomodidad, respira antes de caer en la tentación de hacer algo que te anestesie. Ese dolor es importante y hay que sentirlo. Nos está gritando que es momento de crecer. Aprende de lo que te está ocurriendo, crece ante la adversidad y entonces habrás podido cultivar la sabiduría de una langosta.


