Columna de Héctor Millán: Casa versus hogar

El sueño de muchas personas es tener su casa propia. Todos tenemos en mente lo que deseamos que sea nuestra casa ideal. Acogedora, bien ubicada, espaciosa, de…

Por Héctor Millán

25 feb 2016, 11:00 pm 3 min de lectura

El sueño de muchas personas es tener su casa propia. Todos tenemos en mente lo que deseamos que sea nuestra casa ideal. Acogedora, bien ubicada, espaciosa, de colores atractivos, amplia, moderna, etcétera. Nos levantamos bien temprano para pasar largas horas de trabajo durante años, sacrificando horas de sueño, fuerzas, recursos e intelecto a fin de lograr adquirir nuestra casa. Muchos, con gran sacrificio, consiguen un terreno y, luego de mucho esfuerzo, logran compartir toda esta aventura con sus seres queridos y finalmente poder disfrutar su casa.

Una casa se compone de concreto, varillas, lozas, ventanas, tuberías, mobiliario, jardines, áreas verdes y muchos otros espacios que satisfacen nuestras necesidades. Las casas nos protegen de huracanes, lluvias, frío, calor, plagas, ladrones y un sinnúmero de peligros a los cuales estamos continuamente expuestos. Las casas nos ofrecen ubicación física, social y familiar. Además, nos brindan orden y dirección en nuestro diario vivir.

No obstante, un hogar es más importante que la casa. Es el espíritu de la estructura física. Es el carácter y la armonía que reina entre los miembros de la casa. El hogar se construye con otros materiales, como paciencia, sacrificio, compromiso, perseverancia, tolerancia, disciplina, entre otros. El hogar se construye día a día, a través de los años, y con el esfuerzo de cada uno de los miembros de la casa. El hogar, una vez se cimienta, se mueve con la familia a donde quiera que se alquile, compre o construya una casa.

El hogar provee a la familia de un ambiente de fortaleza, paz, convivencia, sanidad, motivación, confianza y fuerzas para continuar hacia adelante. Formar un hogar es un trabajo de todos los que viven en la casa. Es aquella parte de la casa que no se ve, pero que mantiene unida a toda la familia. El hogar, al igual que la casa, está para protegernos de tantas cosas que nos pueden hacer daño. Es en el hogar que la niña aprende que es valiosa, importante, hermosa, inteligente, que sus pensamientos son valiosos y que está llena de talentos. Es en el hogar que se desarrolla el amor propio, la valentía, la confianza personal, donde se habla la verdad, se enseña el respeto, la honradez, el sentido de colaboración y el trabajo en equipo.  Sí, es en el hogar donde se aprenden las mejores y más importantes lecciones de vida que ayudarán a las personas a vivir con herramientas de bien o la carencia de ellas, producirán situaciones difíciles en su realidad de vida. 

Hoy día muchas cosas quieren capturar nuestra atención, distraernos y hacernos cambiar el rumbo. Buscamos victorias, medallas, aceptación, promociones y muchas cosas vanas que terminarán en el baúl del olvido de cosas logradas sin trascendencia. Pienso que de las mayores victorias que un ser humano debe alcanzar es ganar la medalla de un hogar a otro nivel. Un hogar saludable, alegre, respetuoso, honrado, justo, valiente, amoroso, un hogar lleno del amor de Dios, un lugar donde la familia que levantemos sea una con un legado de bien y propósito.

Siempre es bueno cuidar nuestra casa, pintar por aquí y por allá, renovar y remodelar. Debemos estar bien pendientes de lo que necesita nuestro hogar, escoger lo mejor y decorar nuestros días con lo positivo, lo bueno, lo que nos impulsa a mejorar, a crecer y a valorar lo verdaderamente importante. 

Por último, es importante recordar que, por grande y elegante que sea nuestra casa, si no existe el hogar, estaremos edificando en lo material y habremos dejado lo más importante, el amor.