Columna de Rafael Lenín López: Voy subiendo, voy bajando... y el ELA

Ayer el Estado Libre Asociado de Puerto Rico volvió a estar en un escenario difícil. En una audiencia ante el Tribunal Supremo Estados Unidos, sus jueces…

Por Rafael Lenín López @LeninPR

13 ene 2016, 11:00 pm 4 min de lectura

Ayer el Estado Libre Asociado de Puerto Rico volvió a estar en un escenario difícil. En una audiencia ante el Tribunal Supremo Estados Unidos, sus jueces tuvieron ante sí los argumentos del Gobierno de Puerto Rico defendiendo la supuesta soberanía que tenemos y que ha sido vendida al país por décadas para explicar el ordenamiento político-legal que nos rige desde 1952. 

Se trata de un caso penal de un tal Sánchez Valle, convicto federal por un caso de tráfico de armas, del que ha surgido la gran controversia sobre si este país tiene o no la soberanía como para acusar a un ciudadano que ha cometido delitos estatales, aun cuando ya haya sido acusado por los mismos hechos por fiscales del Gobierno de Estados Unidos. El Gobierno de Estados Unidos le ha comunicado a la Corte Suprema que su posición es que no tenemos esa soberanía porque el ELA es, en palabras simples, una ley federal que puede ser enmendada o revocada unilateralmente en cualquier momento.

Así lo dijeron claramente ayer por voz de la abogada del procurador general de Justicia. El issue de la doble exposición ha expuesto tal cual es al Estado Libre Asociado.

Y, como si se tratara de una mala broma o de una parodia, nuestro gobierno contrató, al son de 400 mil toletes para exponer su argumento ante Washington, a un abogado español, sí del país de nuestra anterior metrópoli, porque, según César Miranda, se trata de un buen litigante “bilingüe”. No sé si recibir el comentario como un chiste o como una falta de respeto a la clase togada del país.  Claro, supongo que hay que recurrir al de afuera, ya que le sería muy difícil al Departamento de Justicia encontrar a un abogado nacido aquí, buen litigante y bilingüe, que pueda argumentar, sin sonrojarse, que la autoridad política máxima de Puerto Rico no recae en el Congreso
de Estados Unidos. 

Supongo que, para que nuestro aliado abogado español bilingüe pudiera argumentar ayer que Puerto Rico tiene una soberanía cedida en 1952 por el Congreso de Estados Unidos, los burócratas puertorriqueños que lo supervisaban le habrían prohibido leer los periódicos del día.  Porque, de haberlos visto, era lógico que se cuestionara (sin pensar en los $400,000 que vendrían) por qué habríamos tenido que ir en la víspera a una audiencia de un subcomité del Congreso de Estados Unidos para rendirles cuenta sobre las operaciones financieras de una de nuestras corporaciones públicas.  O por qué Puerto Rico lleva ya meses en una peregrinación intensa por Washington D. C. pidiendo ayuda para salir de la crisis fiscal en la que se encuentra
nuestro gobierno.

La controversia de fondo planteada ante el Tribunal Supremo de Estados Unidos parece ser una muy sencilla para nosotros contestar acá, en nuestro terreno de juego.  ¿Quién manda? ¿Dónde radica la autoridad política final? ¿Desde dónde se emite la última palabra en muchos de los casos judiciales trascendentales? 

Hace unos días, José Alfredo Hernández Mayoral decía que, en esta controversia legal, teníamos que decidir si estábamos con los nuestros, refiriéndose al Departamento de Justicia de Puerto Rico, o con los de allá, hablando del procurador general de Estados Unidos.   El problema con ese emplazamiento es que podría enfrentarse, el sector más conservador y cada vez más reducido del Partido Popular, a una realidad que han pretendido evadir. Evaden porque, ante la nueva posición de Estados Unidos, en vez de confrontar a la Casa Blanca, emplazan a la ONU con una carta que no ha tenido reacción alguna. Evaden porque, en vez de mover el issue como prometieron en la campaña, traen como excusa la coyuntura complicada en la que se encuentra el país.  Coyunturas complicadas habrá siempre, aquí y allá,  si de excusas se trata, para no resolver el dilema de nuestra condición política.
El ELA está en intensivo a muchos niveles y la clase política puertorriqueña parece estar poniendo parchos en vez de plantearse una agenda de país a largo plazo. La expectativa de solidaridad de Washington con nuestra situación ha sido tan exagerada que muchos esperaban que Barack Obama, antenoche, en su último mensaje del estado de la Unión, hablara de Puerto Rico. Inmensa decepción se llevaron muchos. Un cantazo adicional.

El Gobierno de Puerto Rico anda resolviendo día a día las pequeñas crisis sin atender la problemática grande. Los issues que resuelve La Fortaleza se concentran en sacar cheques poco a poco para pagarles a los suplidores y llenar los tanques de gasolina de la flota gubernamental. Ayer, por ejemplo, anunciaban que movían chavos de un lado al otro para mantener las oficinas públicas abiertas y no afectar la nómina gubernamental. Mientras, muchas empresas siguen cerrando y el clima de incertidumbre no parece cambiar.  La crisis de liderato es inmensa y están tocando las puertas anunciando que la fiesta se acabó. 

Pero esta noche empieza el jolgorio en la calle San Sebastián. Al Gobierno le toca atender la enorme concentración de gente en el Viejo San Juan. Otra coyuntura complicada. El lunes retomamos los temas importantes. “¡Voy subiendo, voy bajando!”.