Columna de Hiram Guadalupe: Retos políticos 2016

De cara al nuevo evento electoral que se avecina, Puerto Rico enfrenta una encrucijada histórica que impone, como desafío político, la urgencia de elaborar…

Por Hiram Guadalupe @hiramgp

3 ene 2016, 11:00 pm 3 min de lectura

De cara al nuevo evento electoral que se avecina, Puerto Rico enfrenta una encrucijada histórica que impone, como desafío político, la urgencia de elaborar respuestas concretas que atiendan la crisis que vivimos.

Hablamos de superar los discursos simpáticos sobre cómo abordar nuestros problemas para ir a lo sustantivo. Dejar atrás el eslogan propagandístico y el consabido cliché que se deriva de libretos publicitarios confeccionados para políticos desmañados e incompetentes.

En esta ocasión, es urgente presentar al país nuevas alternativas para superar las dificultades económicas y sociales que han acentuado los niveles de desconfianza y desesperanza en nuestra ciudadanía.

Los tiempos que vivimos exigen, más que una agenda partidista de gobierno, un proyecto de transformación real con visión de futuro, capaz de concertar voluntades, que potencie el servicio público, integre la participación ciudadana y nos aleje de las practicas privatizadoras que tanto daño social provocan.

Se requiere, ante todo, de mucha valentía. Necesitamos, por ejemplo, políticos capaces de enfrentar con coraje a las casas acreditadoras para anunciarles, sin vacilaciones, que la agenda del país es colocar al frente el bienestar colectivo del pueblo para salvarnos de la miseria.

Es necesario escuchar voces que afirmen, con seguridad y sin titubeos, que la deuda pública, ascendente a $70 mil millones, es impagable porque los recursos del Estado, por poco o muchos que sean, habrán de dirigirse a incentivar el desarrollo económico, que no es lo mismo que continuar expandiendo créditos tributarios a multimillonarios extranjeros, como han hecho los últimos dos gobiernos. 

Los tiempos difíciles que enfrentamos requieren nuevos paradigmas, y hasta el momento las medidas económicas asumidas por los últimos dos gobiernos para palear la crisis fiscal y económica han resultado en un mayor empobrecimiento para nuestra clase trabajadora y profesional.

En consecuencia, hemos presenciado un aumento en el desempleo, mientras crece el desarraigo y, para muchos, la emigración es vista como la única vía de salvación para emprender un mejor futuro.
En esta contienda eleccionaria, no bastará con afirmar que la crisis que nos azota resulta de las malas prácticas de los gobiernos que han regentado el poder político en las últimas décadas y que, por consiguiente, no puede resolverse a corto plazo.

Ese discurso lo conocemos, como también es conocido que la mayor tendencia entre la clase política del oficialista Partido Popular Democrático y su oponente Partido Nuevo Progresista ha sido atender la crisis proponiendo desmantelar el orden público, ataviándose de un discurso que fija su objetivo en recortar el gasto gubernamental y alentar prácticas privatizadoras como si se tratara de una solución salvadora.

De cara a un año electoral, el reto de los políticos que aspiran dirigir los destinos del país está en cómo rescatar la ilusión del pueblo por un mejor provenir lejos del demoledor discurso de la degradación del crédito. Mas para eso hacen falta proyectos, no discursos.

Se requiere de planes articulados que enfoquen en el desarrollo de una economía sustentable y dinámica, que potencie las fuerzas productivas nacionales, aliente el empresarismo puertorriqueño y fortalezca la acción comunitaria que surja de las prácticas de autogestión, un antídoto eficaz para ir rompiendo los nudos de la dependencia.

Se necesita, además, arrojo para encaminar con firmeza la ruta que nos conduzca a solucionar nuestro dilema de estatus. Es tiempo de quebrar los lazos de sumisión que nos atan a los designios del Congreso de Estados Unidos; hay que acabar con la pleitesía colonial que nos obstaculiza las posibilidades de desarrollar y potenciar nuestra economía.

El año 2016 plantea grandes retos políticos en el que ciudadanas y ciudadanos puertorriqueños tenemos la responsabilidad de impulsar cambios sociales, al tiempo que impidamos que las viejas propuestas de viejos partidos y políticos desgastados se salgan con la suya.