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title: "Monseñor llama a la unión para superar la crisis del país"
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section: "Noticias"
author: "Inter News Service"
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published: "2016-01-02T03:00:00.000Z"
updated: "2022-02-06T13:50:19.546Z"
publisher: "Metro Puerto Rico"
language: "es"
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# Monseñor llama a la unión para superar la crisis del país

_El arzobispo de San Juan, Roberto Octavio González Nieves, exhortó a los puertorriqueños a superar sus divisiones para lograr superar la crisis que tiene a…_

Por Inter News Service · Noticias · 2016-01-02T03:00:00.000Z

El arzobispo de San Juan, Roberto Octavio González Nieves, exhortó a los puertorriqueños a superar sus divisiones para lograr superar la crisis que tiene a Puerto Rico con “graves heridas que no se pueden sanar ni con eslogan ni con dádivas ni con promesas ni con elecciones cada cuatro años. Somos un pueblo herido espiritual, social, cultural y económica y políticamente”, dijo en ocasión de su homilía de Año Nuevo en la Catedral de San Juan.

A su entender, “más que un nuevo año, tratemos de comenzar un nuevo Puerto Rico, una refundación de nuestra Patria”.

A continuación, el texto íntegro:

“A una semana de la celebración del nacimiento de Jesús en la Navidad, nos reunimos hoy en el nacimiento de un nuevo año: el año 2016. Un año que recibimos con alegría, con mucha esperanza, con anhelos, con renovadas metas y resoluciones. Y, también con algunos temores.

“Sin embargo, todos sabemos que no es el nacimiento de un nuevo año lo que cambia las cosas o el destino, sino son las nuevas actitudes, los nuevos estilos, las nuevas formas de comportarnos como personas, como familias y como pueblo, las nuevas formas de gobernarnos, de utilizar nuestros recursos, de tratar a nuestros ancianos y de mirar a nuestros pobres y a los más necesitados.

“Más que un nuevo año, lo que nos debe alegrar y llenar de esperanzas es la construcción del Reino de Dios en nuestra Patria. Un Puerto Rico donde los valores que definen nuestra identidad cristiana y católica se fortalezcan, donde la familia sea un bien y no una carga.

“Donde los puertorriqueños no permitamos que nuestras diferencias políticas nos dividan sino que sean motivo para crecer en el respeto mutuo y el propósito de servir al bien común y donde podemos convivir a pesar de nuestras diferencias de ideologías, donde nuestros jóvenes no se vean impulsados a emigrar para progresar y donde no estemos a merced de los mercaderes de bonos.

“Más que un nuevo año, tratemos de comenzar un nuevo Puerto Rico, una refundación de nuestra Patria. Un Puerto Rico cuyas esperanzas no estén cimentadas en los gobiernos de turno, ni en las múltiples fórmulas de estatus que se nos presentan como la tierra prometida; tampoco nuestras esperanzas deben estar centradas en cuántas promesas electorales nos hagan ni en cuantos aumentos en ayudas se le asignen a Puerto Rico.

“Puerto Rico tiene graves heridas que no se pueden sanar ni con eslogan ni con dádivas ni con promesas ni con elecciones cada cuatro años. Somos un pueblo herido espiritual, social, cultural y económica y políticamente.

“El año que acaba de transcurrir nos ha azotado muy duro, pues ha sido uno de grandes desafíos, de más desigualdad, de más cargas para los pobres, de grandes incertidumbres económicas, sociales, políticas, jurídicas e ideológicas, de nuevos casos de corrupción. No nos podemos desanimar ni resignar por los pesares.

“El nuevo Puerto Rico debe comenzar con nuestra fe cristiana. ¿Cómo vamos a tener fe en nosotros mismos y en los otros sino tenemos una auténtica fe en Dios o si la misma no es lo suficientemente fuerte para resistir y no resignarse?

“Cuando un pueblo pierde su fe en Dios pierde su rumbo, pierde su destino, pierde su esencia, su identidad, nada puede esperar ni creer. La fe en el Altísimo es la que nos conduce a la fe en nosotros mismos y en nuestros proyectos y en nuestro destino.

“Puerto Rico, en el nuevo año, ¡renueva tu fe, redescúbrela! Pídela a lo alto y búscala en tus raíces judeo-cristianas y, en este Año de la Misericordia, muy concretamente en la Misericordia del Señor.

“Por los siglos hemos sido víctimas de enfermedades, huracanes, terremotos, epidemias, ataques, invasiones, pobreza, imposiciones, grandes crisis, sin embargo la fe, solo la fe ha sostenido a nuestra nación puertorriqueña, la ha animado en el caminar del tiempo y aunque esta crisis nos golpee, nunca nos tumbará si tenemos fe.

“Solo la fe fue la que animó a Abraham a un nuevo inicio en su vida, solo la fe fue lo que le dio la valentía y la confianza a Moisés a sacar a un pueblo de la indignidad y la opresión para conducirlo a un nuevo destino. La fe impulsó a San José a huir a Egipto para salvar a su familia. Y por medio de la fe de María, el pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz, una luz les brilló.

“Hoy que comenzamos un nuevo año dejémonos iluminar por esa luz que nació en Belén. Nunca permitamos que esa luz se eclipse en nuestros corazones ni en nuestras familias ni en nuestras formas de hacer cultura, justicia, economía y de educar a nuestra juventud y de legislar.

“Esa luz que brilló en el nacimiento de Jesús es la misma que nos puede iluminar en el nacimiento de un nuevo Puerto Rico en un nuevo año, de un Puerto Rico más hermanado, justo y misericordioso, un Puerto Rico lleno de paz y respeto por toda vida humana desde el primer momento de su fertilización en el vientre materno hasta su muerte natural.

“No podemos nacer de nuevo sino nacemos de lo alto. Mi invitación en el nacimiento de este nuevo año es a nacer de lo alto encarnando a Jesús en cada uno de nuestros corazones. Sólo podremos encarnar a Jesús, si encarnamos como personas y como pueblo su misericordia, su caridad, su amor por los que sufren en alma y cuerpo, por los pobres y su compasión por los presos, las viudas, los ancianos, los enfermos y los demás necesitados.

“El Año Santo Jubilar de la Misericordia que iniciamos en Puerto Rico el pasado 13 de diciembre en comunión con el Papa Francisco es el tiempo de gracia para encarnar a Jesús como centro de nuestras vidas.

“Hoy, que al iniciar un nuevo año, celebramos la Solemnidad de María, Madre de Dios, pidámosle que en su maternidad nos alumbre con su Hijo, que nos acompañe a los pies de nuestras cruces y sobre todo, que pida a su Hijo que convierta el agua vertida en las tinajas de la desesperación en el buen vino, el vino de la alegría.

“Que el Señor les bendiga y les proteja siempre a lo largo de todo el Año Nuevo”, concluyó el arzobispo.

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