Columna de Mariliana Torres: Noticias que enlutan

Terminamos el año con noticias que cubren de luto a familias y ensombrecen la Navidad. La matanza ocurrida irónicamente en donde se diseña el plan para…

Por Mariliana Torres @MarilianaTorres

29 dic 2015, 11:00 pm 3 min de lectura

Terminamos el año con noticias que cubren de luto a familias y ensombrecen la Navidad. La matanza ocurrida irónicamente en donde se diseña el plan para mantener el orden público en el sur del país evidencia los graves problemas administrativos en el gobierno, la intolerancia y los problema de salud mental que agobian al empleado.   El policía Guarionex Candelario es el sospechoso de asesinar con el arma de reglamento a la teniente primera Luz M. Soto Segarra, al comandante Frank Román y a la mujer policía Rosario Hernández de Hoyos. Cuando la prensa comenzó a indagar nuevamente se escuchó decir que el agente Candelario tenía problemas laborales y estaba bajo tratamiento psicológico. Luego, la prensa insistió en el proceso administrativo seguido, porque era evidente que no guardaba relación que el policía tuviera el arma de reglamento cuando estaba bajo observación médica y en medio de un proceso administrativo que le impedía regresar a trabajar y portar armas. Las respuestas de sus superiores fueron escuetas, invocaron la Ley HIPAA, arguyeron que el agente pasó por el proceso de evaluación médica y negaron que fuese rearmado. Ante la insistencia de los periodistas, el gobernador Alejandro García Padilla, cuya administración ha negado en múltiples ocasiones información pública y fue demandado por ello, aseguró que todos los detalles de la investigación se harán públicos. Es imperativo conocer la contestación de por qué el imputado tenía el arma y quién se la concedió.   Por años los policías han denunciado las dificultades que enfrentan ante la falta de personal en la división que atiende a los uniformados con aparentes afecciones de salud mental o problemas emocionales. La investigación de este caso es mucho más complicada porque se tienen que atar muchos cabos sueltos e identificar responsables de las malas decisiones administrativas. También deberían corregir esas fallas crasas para prevenir situaciones graves. Además, es importante que la prensa haga su labor investigativa y le dé seguimiento a la historia. En ocasiones, la prensa falla en otorgarle la envergadura necesaria a temas que, aunque parecen el cuento de nunca acabar, son significativos. Los problemas administrativos en la Policía son un ejemplo de ello. En una agencia altamente burocrática, politizada y con problemas económicos que ocasionan que se desvista un santo para vestir otro son de esperar las dificultades para cumplir con las metas de eficiencia. Es importante que la investigación periodística sobre esta y otras situaciones ocurridas que involucran al gobierno y sus fallas desenmascare lo oculto. El periodista no se debe valer solo  de reacciones verbales o testimoniales. Aquí son indispensables los documentos administrativos que deberían arrojar luz por sí solos. El olfato periodístico va más allá de incisivas preguntas. De seguro surgirán filtraciones. Así como son meritorias las confidencias en la Policía, igualmente son necesarias en la investigación estructurada del periodista. Revelarán fallas, procesos inapropiados, las duras luchas del sospechoso para lidiar con sus situaciones y las de sus supervisores para tratar de solucionar problemas internos. Los periodistas que conocen la idiosincrasia de la Policía deberían saber  cómo manejar la información sensible y contrastar los datos.   El periodista debe tener claros los límites de su trabajo porque no somos fiscales, somos periodistas. Lamentablemente, hay más denuncias que condenas. Lo que debemos promover es que salga a relucir la verdad y que se les dé prioridad a los policías con problemas emocionales.