Columna de Lily García: Baila a tu propio son
En mi casa bailamos casi antes de caminar. Mi mamá fue maestra de ballet durante más de cuarenta años. De las cinco hermanas, unas más que otras, todas hemos…
Por Lily García
En mi casa bailamos casi antes de caminar. Mi mamá fue maestra de ballet durante más de cuarenta años. De las cinco hermanas, unas más que otras, todas hemos estado vinculadas al ballet de alguna forma. Y este pasado fin de semana una de ellas me recordó cuán importante es mantenernos conectadas a nuestra pasión.
A los trece años Cristy, mi hermanita menor, se convirtió en la bailarina más joven en la compañía Ballet Concierto de Puerto Rico. Antes de graduarse de escuela superior ya había viajado el mundo bailando. Todos pensamos que iba a hacer del ballet su carrera. Pero, cuando se fue a la universidad en Estados Unidos, decidió estudiar mercadeo, posiblemente cansada de la intensidad de tantos años de una disciplina tan severa.
Sin embargo, tan pronto se graduó de la universidad y regresó a Puerto Rico, renació en ella el deseo de bailar. Y sin haber tocado una zapatilla de ballet en cuatro años, volvió a audicionar para Ballet Concierto y fue aceptada nuevamente. Pero su paso por los escenarios no duró mucho en esta ocasión, porque a los pocos meses salió embarazada y al poco tiempo ella y su esposo se mudaron de Puerto Rico.
Pero tan pronto mi hermana llevó a su hija a tomar clases de ballet volvió a sentir esa cosquillita debajo de la piel. Esta semana, casi trece años después de haber bailado profesionalmente por última vez, Cristy interpretó uno de los roles principales del ballet El cascanueces, espectáculo que ella misma coreografió para la compañía de ballet en Tampa, de la cual es directora. Sentir el orgullo de mi madre viendo a su “bebé” de treinta y siete años flotando sobre aquel escenario ha sido el mejor regalo de Navidad que he podido recibir.
En esta mi última columna del 2015, un año que ha sido tan difícil por tantas razones, te invito a que te conectes con tu pasión, la que sea, y que sea esta la que te dé propósito cuando llegue el dolor o la tristeza. Baila a tu son, pero sigue bailando.
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