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Hubo fango y mucho. Y es que, sin quererlo, la nueva Ford Explorer terminó bañada de lodo hasta la capota durante la más reciente prueba de manejo que la marca…
Por Víktor Rodríguez @viktor_rodz
Hubo fango y mucho. Y es que, sin quererlo, la nueva Ford Explorer terminó bañada de lodo hasta la capota durante la más reciente prueba de manejo que la marca celebró en Puerto Rico con sobre más de 10 periodistas de Panamá, Puerto Rico y República Dominicana.
El reto era sencillo. Los grupos se dividieron en dos para viajar a través de dos rutas de la isla: norte y sur. A Tacómetro le tocó el norte. El objetivo era claro: llegar a Rincón antes de las seis de la tarde. Pero ahí estaba el charco. La tentación. En menos de lo que surge un pensamiento, la Ford Explorer gris en la que viajábamos estaba sumergida hasta los aros dentro de una pequeña furnia que se nos puso a disposición en Arecibo. Aunque pensamos que allí quedaríamos varados, la guagua respondió muy bien a la prueba, incluso sin ser la versión sport ni contar con 4WD.
Solo quedó el susto y, por supuesto, fango por todos lados. Esta experiencia le dio un nuevo significado a esta SUV que, para algunos, es un vehículo para experiencias menos extremas. Claro, la hazaña no se hubiera sobrepasado si no fuera por el buen desempeño de su motor de 2.3 litros y con la entrega de cerca de 310 libras de pie de torque.
Pero eso no es todo. Aunque sin duda la Explorer es una guagua con carrocería amplia, su peso fue el adecuado para que no necesitáramos manos que nos empujaran fuera de la zanja. Sí, la idea estuvo sobre la mesa.
Una vez sobrepasamos ese obstáculo, enfilamos los cañones hacia la primera parada, el faro de Arecibo. De camino, y aun medio asustados, pudimos notar algunas de las tecnologías que componen la cabina interior del vehículo. Saltó a la vista un panel central muy bien diseñado que reúne líneas elegantes con herramientas tecnológicas de primera. En temas de entretenimiento, se incluye para esta versión un sistema de sonido Sony de 500 vatios y pantalla táctil de ocho pulgadas.
Luego del éxtasis por la vista, retomamos el recorrido. Esta vez nos dirigimos a Cueva Ventana en Arecibo. De ahí en adelante, los detalles seguían apareciendo como si se siguieran abriendo cajas de pandora ante nuestros ojos.
Entre estas, una cámara delantera de 180 grados que ayuda a estacionarse de frente. Este nuevo “ojo” ofrece visibilidad para maniobras limitadas, tales como salir de la entrada de tu casa, la calle o un estacionamiento. Lo más sorprendente es que la pieza incluye limpiador automático para mantener los lentes en óptimas condiciones. Damos fe de eso.
Pero si de estacionamiento se trata, la Ford Explorer 2016 incorpora un sistema para estacionarse de manera automática. Esta opción añade a la Explorer la capacidad de ayudarte también a estacionar en forma perpendicular. Usando los 12 sensores ultrasónicos del vehículo, la Explorer buscará espacios de estacionamiento disponibles y te ayudará a retroceder tu vehículo en el lugar. El conductor, por su parte, solo tiene que usar los cambios, acelerar y frenar, y la Explorer se encargará del guía.
Otras de las opciones que resultó de buen agrado fue el sistema para abrir la puerta trasera con el pie. Esta tecnología se vuelve eficiente en momentos en los que cargamos con maletas o bolsas de compras.
Luego de janguear con la naturaleza —incluidos murciélagos— y conocer más de la diversidad de flora, los suelos y la fauna de Puerto Rico, el grupo siguió el camino hacia Rincón. Llegamos pasadas las seis de la tarde y nos perdimos el atardecer del oeste. Claro, en el tramo pudimos probar el masaje que se incluye en los asientos delanteros conocido como multicontour seats. Definitivamente, la Explorer sobrepasó cualquier expectativa.

