Ángelo Medina:“El Gobierno debe entender que la música crea empleos”
Ángelo Medina tiene los ojos cansados, como si se empezara a notar los cerca de 33 años que lleva tras los bastidores de más de un centenar de espectáculos. Se…
Por Víktor Rodríguez @viktor_rodz
Ángelo Medina tiene los ojos cansados, como si se empezara a notar los cerca de 33 años que lleva tras los bastidores de más de un centenar de espectáculos. Se quita los espejuelos y los guarda en su chaqueta azul. Estamos en su oficina en Santurce.
Toma aire para empezar a hablar y le cambia el semblante. Una inyección de energía se le sube a la mirada y suelta sus primeras palabras. Se va a Nueva York, cuenta. Pero antes aclara que seguirá en Puerto Rico con su empresa de producción de espectáculos, con la que, tan solo para el año próximo, tiene pautados seis conciertos en el Coliseo de Puerto Rico y en el Centro de Bellas Artes.
En Puerto Rico se habla de crisis económica, pero vemos espectáculos con varios funciones vendidas. ¿A qué se debe esa dicotomía?
—Hay dos razones. Uno, el entretenimiento es una forma de botar lo difícil que está el costo de vida con un poco de recreación. También, en momentos económicos difíciles, el entretenimiento da algo de crecimiento, aunque crecimiento en algunas áreas y en otras no, porque ya no se venden los discos. Aunque han mermado los espectáculos en Puerto Rico, porque antes eran todos los fines de semana, consumimos per cápita más que cualquier otro lugar.
¿Qué desafíos necesita superar Puerto Rico para que la industria del entretenimiento aporte más al desarrollo económico del país?
—Lo es ahora mismo. Sí la industria crea desarrollo económico, porque en un espectáculo no trabaja solo un productor. Ahí trabajan cien y doscientas personas. Además, todos los artistas tienen su propio personal. Aquí se trabaja el Coliseo [de Puerto Rico], pero trabajan más de 60 patronales. Que ha mermado y que se ha afectado gente, sí. El renglón de entretenimiento no es una prioridad, y la gente está guardando el peso. Pero sí la música es parte de nuestra idiosincrasia.
Esos somos nosotros. Pero ¿cómo se atrae gente de afuera a disfrutar de esos espectáculos que se hacen aquí? ¿Cómo se llevan esas actividades a la oferta turística?
—Todavía hay mucha asignatura pendiente. Se han hecho cosas. Pero es importante que el Gobierno entienda que la música es una industria que da empleos a Puerto Rico, a sonidistas, músicos, fotógrafos… y también es una de nuestras banderas para proyectar a Puerto Rico. Todavía no se le ha dado valor a los artistas como exportadores de la marca de Puerto Rico.
¿Propone que los artistas se unan al desarrollo económico?
—Es una buena pregunta. No ha existido la visión, como en otros países, de utilizar a sus figuras con arraigo internacional para promover el país y su cultura. Eso, más aún en esta situación económica, es un apoyo.
Pero ¿hay disposición de los artistas para eso?
—Creo que sí. Los artistas siempre están a disposición. Es un problema estratégico.
¿Qué consejo le da al Gobierno para tratar de corregir la crisis económica local?
—La pregunta es muy amplia, pero, desde mi área, la producción, el Gobierno no ha podido entender que el producto mayor que exporta la imagen del país son los artistas. Por alguna razón, no lo han visto como una pieza.
Aunque su vida ha trascurrido en constantes viajes, a partir de enero de 2016, el productor radicará sus residencia en Nueva York, Estados Unidos, como parte de una nueva etapa profesional. Según explicó el manejador de artistas, como Maná, Tommy Torres y Robi Draco Rosa, entre otros, se trata de una propuesta para trabajar en Estados Unidos a fin de dirigir la división latina de las firmas AEG Live, Live Nation y Global Entertainment.
Al establecerse en Nueva York muchos podrían pensar que se trata de un empresario más que se va del país. ¿Cómo reacciona a esto?
—Yo no voy a dejar de tener mi negocio aquí. Lo que pasa es que hay un proceso natural en el que yo antes manejaba a artistas y ahora soy empresario. En el mundo moderno, me han hecho una propuesta y es un momento histórico personal importante. Me voy, pero voy a las trincheras de la batalla.

