Columna de Lily García: Los niños de París
El mensaje enviado por un joven francés a través de las redes sociales a los terroristas que mataron a su esposa en los ataques de París se tornó viral en…
Por Lily García
El mensaje enviado por un joven francés a través de las redes sociales a los terroristas que mataron a su esposa en los ataques de París se tornó viral en cuestión de minutos. Les hizo saber que, aunque habían logrado robarle al gran amor de su vida y madre de su bebé de poco más de un año, no habían logrado triunfar porque jamás lograrían conseguir su odio.
En otro video que corrió el mundo a través de la Internet, un padre francés le explicaba a su hijo de unos tres años por qué no se mudarían de París, de su casa, después de los atentados. El niño insistía en que “esos hombres malos con muchas armas” podrían matarlos. Y el padre, frente al improvisado homenaje póstumo que se estaba dando en el lugar donde tantos fueron masacrados, le señaló las flores y las velas encendidas. “¿Las flores y las velas nos protegen?”, preguntó el niño. “Sí, porque todos estamos unidos”. Y el pequeño sonrío.
Como adultos racionales sabemos que ni las flores ni las velas encendidas pueden protegernos de la locura del fanatismo, no importa cómo ni de dónde venga. Pero aquellos que creemos en la bondad intrínseca de la naturaleza humana reconocemos que el saber que no estamos solos en nuestro dolor o nuestro miedo sí nos proporciona esperanza y tranquilidad. Y si reconocemos que el dolor ajeno es también nuestro, crecemos todavía más.
Regresando al mensaje del joven viudo, sus palabras nos recuerdan la importancia de no dejarnos contagiar por el odio del agresor. No importa si te agreden, te rompen el corazón o te roban algo trascendental en tu vida, cuando realmente ganan es cuando te oscurecen el corazón y te empujan a querer venganza. Es ahí cuando el pobre ignorante te quita realmente lo más importante, tu paz, inyectándote con el peor de los venenos, el odio.
¿Cómo hacemos, entonces, para canalizar el coraje justificado ante cualquier acto de violencia? Comparto lo que a mí me funciona. Escojo visualizar a los agresores, en este caso los terroristas, como si fueran niños. Los veo de pequeños, felices, compartiendo con amiguitos. Los veo aprendiendo, celebrando sus cumpleaños e ilusionados con sus regalos. Los imagino inocentes, llenos de posibilidades y de ilusiones. Y me pregunto siempre qué pudo haber pasado con esa criaturita o quién o qué transformó esa mente libre en una esclava del odio y el fanatismo.
Cuando el horror de la violencia amenace con inyectarte de resentimiento, visualiza a los agresores como niños cargando flores y velas encendidas y busca desarrollar la compasión hacia ellos. Solo entendiendo que los monstruos no nacen sino que se hacen podremos liberarnos del veneno del odio.


