El calor: enemigo silente de la salud pública

Peligro. El alza en temperaturas encarecería la calidad de vida de pacientes con enfermedades respiratorias y renales; de igual forma, afectaría a las personas que trabajan en exteriores

Por Sarah Vázquez @SarahFVazquez

23 nov 2015, 11:00 pm 3 min de lectura

Una de las amenazas que trae consigo el cambio climático es invisible, y, si no se ataca a tiempo, sus efectos sociales y a la salud pública podrían ser nefastos. Se trata del calor que, aunque no se ve, se siente.

El doctor Pablo Méndez Lázaro, quien es catedrático del Departamento de Salud Ambiental de la Escuela Graduada de Salud Pública del Recinto de Ciencias Médicas, advirtió que “los eventos extremos de calor pueden tener impacto directo en poblaciones con condiciones cardiovasculares, problemas respiratorios, personas con padecimientos renales y, sobre todo, en personas que se pueden clasificar o categorizar como vulnerables. Hay unos ciertos determinantes sociales que hacen a las personas más vulnerables que otras; entre ellos está el nivel de ingreso, el poder adquisitivo que pudiera tener esa persona”.

Méndez Lázaro contó que como parte de una investigación están tomando la temperatura del asfalto para hacer la comparativa con las zonas verdes. “A las 12 del mediodía, cuando aún la tierra está comenzando a acumular calor, la temperatura del asfalto puede llegar a 150 grados Fahrenheit en Puerto Rico. Estamos hablando del otoño”,  detalló el experto.

Asimismo,  los eventos extremos de temperatura son cada vez más frecuentes  y las temperaturas son cada vez más elevadas.  “Para que tengas una idea, en los años 80 el episodio de calor en Puerto Rico apenas duró unos 15 días, y en 1990 hubo otro y duró apenas 25 a 30 días. Para 2012 y 2013 las temperaturas extremas se repitieron por 42 días. O sea, la tendencia es que siguen ocurriendo días extremos con mayor frecuencia y mayor tiempo.  Esto tiene un impacto directo en la población, pero aún no hay datos para evidenciar suficiente”, destacó el doctor. 

“Si nosotros fuéramos a mirar el calor como una amenaza, lo primero que podemos hacer es adquirir un acondicionador de aire, pero para adquirirlo necesito dinero.  La otra gran inversión del acondicionador de aire es prenderlo, porque tenemos que pagar el costo de la energía”.
Ahora bien, la opción de climatizar los espacios interiores solo beneficiaría a ciertos sectores, ya que la inversión económica es considerable y empeoraría la calidad del  aire. 

“Mientras haya más calor lo deberán prender (acondicionadores de aire) más horas, y eso es un costo económico para el bolsillo. Además, genera una demanda de combustible enorme en la ciudad, una quema de combustible fósil y más emisiones de gases de efecto invernadero a través de nuestras plantas de energía eléctrica, por lo que en ciertos lugares de Puerto Rico podría poner en riesgo a la población que podría enfrentar problemas respiratorios”, explica el catedrático.
Méndez Lázaro, señaló, además, que lo más preocupante es que “el calor puede ser una amenaza prolongada en el tiempo. Nosotros no estamos acostumbrados a trabajar emergencias ambientales y crisis relacionadas con los recursos prolongadas en el tiempo. Nosotros trabajamos muy bien con los huracanes, porque son episodios cortos. En el caso de la sequía, es más difícil trabajar con la escasez de un recurso”.

La temperatura también juega un papel fundamental en la propagación de ciertas enfermedades, entre estas el dengue y el  chikunguña. “Sobre todo la lluvia y la temperatura están correlacionadas con los brotes epidémicos del dengue. El vector, el mosquito, responde muy bien a los episodios de lluvia porque aportan al  hábitat y el agua contribuye a la supervivencia de las larvas, y, luego, la temperatura da las condiciones adecuadas”, precisa el profesor.

De hecho, los efectos del cambio climático impulsaron la llegada del chikunguña a la región.  “El chikunguña no era una enfermedad de nuestra región, pero ya los mosquitos están teniendo un hábitat que se pueden adaptar. Por lo tanto, eso favorece a que esos insectos puedan insertarse en el ambiente”, destaca Rafael Méndez Tejeda, climatólogo experto en cambio climático.

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