Columna de Hiram Guadalupe: Dinero contra vergüenza
La determinación final sobre cómo quedará la columna para la gobernación en la papeleta del Partido Popular Democrático (PPD) en noviembre de 2016 está en…
La determinación final sobre cómo quedará la columna para la gobernación en la papeleta del Partido Popular Democrático (PPD) en noviembre de 2016 está en manos de quienes, desde la trastienda, dirigen los designios del gobernador Alejandro García Padilla lejos de los intereses de la colectividad o el país.
Así de mezquina es la política partidista. El dinero, en primera y última instancia, inclinará la balanza para delinear el acomodo del poder, sopesando cuánto es el costo económico que representa la permanencia de la candidatura del incumbente para el convoy de mercantiles que vive del gobierno y el partidismo. A un año de los comicios y fuera de la contienda electoral, García Padilla se convertiría en un don nadie, hecho que incidiría directamente sobre quienes, a cuesta de la relación cercana que mantienen con La Fortaleza, han realizado buenos negocios. Para ese grupo el actual gobernador debe permanecer en carrera.
Esa sórdida ilusión de vender la viabilidad de la reelección del presidente pepedé se endulza con los casi $3 millones que su grupo ha logrado recaudar, una cifra que aumentaría cuando accedan al pareo del fondo electoral de la Comisión Estatal de Elecciones y que permite igualar hasta $5 millones.
Al momento, nadie equipara a García Padilla en recaudación, aun cuando hay un consenso en torno a su incapacidad para gobernar. Ante eso, a cualquiera se le nubla la vista si, en medio de una atmósfera política incierta, hay incondicionales que insisten en el viejo dogma que asocia la capacidad de recaudo con la seña más clara de cuánto apoyo electoral goza un candidato.
Esa idea torcida del juego político, en el que el dinero es determinante, tiene mucho peso en las recomendaciones que ofrecen los miembros de ese selecto grupo de amigos, familiares, recaudadores, comerciantes y donantes del gobernador, a quienes poco les importaría pasarles por encima a las confesas aspiraciones
de David Bernier.
Al otro lado están los alcaldes y algunos legisladores del PPD, quienes, exentos de beneficiarse de los recaudos del presidente de su partido, temen que la inconformidad ciudadana, resultado de la mala administración gubernamental pepedé, inmovilice a sus electores.
Esos son los más alarmados porque, saben por experiencia, que el descontento electoral traducido en abstención podría llevarlos a perder alcaldías y escaños legislativos. Por eso gritan por un cambio en la papeleta, porque piensan solo en su beneficio político.
Para ellos, la figura de Bernier resulta atractiva porque, sencillamente, reduciría al mínimo el inmovilismo que se asoma entre las huestes PPD, lo que representaría cierto alivio para sus candidaturas, aun cuando piensen que es poco probable retener la gobernación.
Así las cosas, este sector del liderato del PPD se aprovecharía de la buena imagen de Bernier para avanzar en sus intereses, aunque en el camino sacrifiquen su candidatura y aniquilen su
futuro político.
Todo apunta a que García Padilla no abandonará la contienda, al menos hasta consumir los dineros recaudados y consumar la agenda de sus allegados, que nada tiene que ver con el bienestar de su partido ni su país.
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