Columna de Hiram Guadalupe: Mesianismo político
En el Partido Nuevo Progresista (PNP) hay sectores que pululan fascinados con el discurso mesiánico y en el que los cánticos de salvación con visos de cierto…
En el Partido Nuevo Progresista (PNP) hay sectores que pululan fascinados con el discurso mesiánico y en el que los cánticos de salvación con visos de cierto patriotismo americanizado se convierten en la orden del día.
Para todo mal hay una receta, reclaman sus líderes. Insisten en un antídoto fácil, viable y al alcance de un par de legislaciones y así, casi como por arte de magia, hacer desaparecer los problemas económicos y sociales que nos han sucumbido en un mar de desolaciones y que pronto cumplirán dos décadas de ignominia.
El viejo Pedro Rosselló González, exgobernador y otrora presidente de esa colectividad, es el padre del mesianismo penepé, sitial que ahora ha decidido ocupar su hijo, Ricardo Rosselló Nevares, en su heredada aspiración por convertirse en el nuevo mandatario del país.
La apuesta principal de Rosselló Nevares, y de quienes impulsan su candidatura, se aferra a la presunta influencia que representa su apellido para un grupo amplio de las huestes del PNP que, a pesar del escandaloso desenlace que tuvo la administración de su progenitor, con los más impúdicos casos de corrupción en nuestra historia reciente, aún alaban sus ocho años de gobierno.
Tras el joven Rosselló Nevares yacen las aspiraciones de un grupo de dirigentes penepés en lograr alinear la militancia de su colectividad, activarla electoralmente y entusiasmarla con la idea de un triunfo seguro en los comicios de noviembre de 2016.
Saben, ante todo, que el reto principal de su partido, así como el de su principal contendiente, el oficialista Partido Popular Democrático (PPD), es evitar la abstención electoral entre sus seguidores, un hecho que resulta del desaliento de la ciudadanía ante la incapacidad de los partidos tradicionales en resolver los asuntos más apremiantes del país.
Muchas encuestas auguran que el pequeño Rosselló tiene amplias probabilidades de salir airoso en una primaria interna en el PNP, aunque eso no garantiza un triunfo automático a la gobernación porque, dicen con ambición sus oponentes populares, su apellido resuena mal en la memoria colectiva nacional, y eso le resta ventaja a su carrera política.
Pero, más allá de los dimes y diretes de la cacofónica politiquería puertorriqueña, muy alimentada desde las ondas radiales matutinas, lo cierto es que la candidatura de Rosselló Nevares levanta más dudas que certezas.
El pasado domingo concluyó su tan anunciada convención Construyendo un nuevo Puerto Rico. Fue un evento organizado en el mismo hotel donde semanas atrás el PPD mostró el rostro más tétrico del desgaste de su colectividad y el fracaso de su presidente.
La actividad del joven Rosselló Nevares, en cambio, tuvo un mejor desenlace, al menos en asistencia. Fue un evento pomposo, a todo lujo y que requirió el gasto de una buena suma de dinero para su realización. ¿De dónde salió tanto capital?
Lejos de la fastuosidad del acto, algo que debe aclararse pronto, si es que el joven candidato quiere distanciarse de la sombra de corrupción que acompaña su apellido, hay que examinar si, en efecto, hubo algo sustantivo en las ráfagas discursivas de esa convención.
La respuesta es sencilla: no. El precandidato a gobernador solo se encargó de presentar una lista de propuestas que, según indicó, serán la guía para el ejercicio de su gobernación si saliera electo.
Como si se tratara de una lista de deseos, el político habló de 21 asuntos, en los que resaltó la reducción del gasto del gobierno, impulsar una reforma contributiva y energética y la creación de un ente independiente que maneje la deuda del país.
Propuso, además, crear un centro de servicios integrados para consolidar los servicios del gobierno y garantizar su accesibilidad y funcionalidad, al tiempo que sostiene exigirá a los jefes de agencias públicas justificar todos y cada uno de sus gastos. Lo demás fue lo demás.
Tras esta candidatura, empero, se oculta el proyecto neoliberal que condujo su antecesor Luis Fortuño y que el actual gobierno, encabezado por Alejandro García Padilla, sigue a la perfección. Nadie se llame a engaño. Son más de lo mismo.
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