Columna de Mariliana Torres: El pavoneo de los políticos
Se acerca mi época favorita del año: el invierno con las tradicionales festividades. Aquí en Puerto Rico lo celebramos intensa y extensamente. Sin embargo…
Por Mariliana Torres @MarilianaTorres
Se acerca mi época favorita del año: el invierno con las tradicionales festividades. Aquí en Puerto Rico lo celebramos intensa y extensamente. Sin embargo, este próximo mes de diciembre será distinto porque nos veremos rodeados de pegatinas, anuncios, canciones publicitarias, visitas, trullas, regalos, tarjetas de felicitaciones y enardecidos estrechones de mano. Valga la aclaración, no deseados.
¿Adivinen quiénes son los personajes detallistas o generosos? Acertó: los que quieren convertirse en candidatos oficiales en las próximas elecciones. Al abrirse la contienda electoral no es de extrañar que algunos se atrevan a parar a un periodista para entregarle una botella de coquito. Digo se atrevan porque los periodistas no deberíamos aceptar regalos y mucho menos de personas que son políticos o que sueñan con ser poderosos en la arena de la política. Desde el punto de vista de la ética va en contra de los preceptos de lo que se considera el periodismo serio y honesto. De hecho, aceptarlo se convertiría en un acto ilegal, porque hasta la persona más ignorante sabe que ese tipo de persona quiere algo a cambio.
La Ley de Comunicaciones de 1934, obliga a las emisoras de radio y las estaciones de televisión a informar a sus audiencias si el contenido se emite a cambio de contrapartidas. Es decir, que el personaje que regala a cambio de algo y el que lo acepta pudiera estar cometiendo payola o pluyola. Esos términos vienen del verbo inglés pay, en español conocido como pago por emitir. No importa que sea un insignificante batido de leche con ron y canela o una caja con miles de dólares, ambos se consideran regalos, pagos o en términos más específicos extorsión. Ese tipo de pavoneo no es permitido y nunca el medio de comunicación debería abrir la puerta para ello. Fíjese que aquí lo que es reprochable es el acto, porque una persona que se atreve a ello un día regala dulces y al otro día pide trato especial cuando se destape un entuerto en el que esté involucrado. Entonces, el periodista o el medio de comunicación que acepta el regalo insignificante se ve en aprietos. Incluso, podría verse involucrado en multas al violar artículos de la Ley de Comunicaciones, pero, sobre todo, pierde todo lo que sostiene su esencia como comunicador: la credibilidad ante la audiencia.
Para el gran pensador Noam Chomsky. ese tipo de acto es un modelo de propaganda que abate la razón de ser de los medios de comunicación porque, en lugar de ser independientes y contribuir al descubrimiento de la verdad, su finalidad sería el reflejo de la percepción del mundo que desearían los grupos de poder.
Los periodistas tienen un compromiso con los ciudadanos de fiscalización. Ante la incesante corrupción que se ha descubierto en las administraciones de gobierno y lo que falta por procesar no es plausible caer en las garras de los oportunistas que han negado el acceder a documentos públicos y que ahora buscan portadas, historias bonitas y fotos con bebés en brazos para golpear los corazones de los votantes. Esos mismos que una vez usted le entregó su confianza y años más tarde lo decepcionan. Ya el erguido o la erguida no se pavonea. Por el contrario, camina escondiendo su rostro en los pasillos de los tribunales.
Vendrán los osados a tratar de empujar, pero hay que aprender a lidiar con ese tipo de presión y evitar a toda costa someterse a favores o regalitos. Si se acepta esa intervención viciada, aportamos a que la crisis de dignidad que padecen hoy día muchos en el poder mientras el periodista languidece la profesión.
Ligarse y pavonearse en nada aportan a la esencia del periodismo en favor de intereses particulares. ¿Cómo podemos vigilar el poder si nos hacemos mingos a cambio de…? ¿Vale la pena que llamemos periodista al que sucumbe a intereses vergonzosos? ¿Cómo vamos a creerle al que nos promete cambios y una mejor calidad de vida si ni siquiera puede mirarse en un espejo? Aquí la responsabilidad y la honestidad es tanto del que envuelve como el que acepta.
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