Columna de Mariliana Torres: Losers
Mi vecino se marchó el domingo. No le avisó a nadie ni tampoco se despidió. Cansado de esperar “una mejor oferta”, decidió que ya era tiempo, debido a que “el…
Por Mariliana Torres @MarilianaTorres
Mi vecino se marchó el domingo. No le avisó a nadie ni tampoco se despidió. Cansado de esperar “una mejor oferta”, decidió que ya era tiempo, debido a que “el país está en decadencia”. Una percepción de él, pero acogida y repetida por miles de personas que han migrado por trabajo y una supuesta mejor calidad de vida. Quizá mi vecino no se despidió porque no quería dar explicaciones, sobre todo a gente que no forma parte de su familia. Es que el puertorriqueño es así, preguntón, y probablemente las preguntas impertinentes le hubieran hecho cambiar de opinión. Veré qué sucede en este caso: ¿se quedará y se acostumbrará a otro tipo de vida y cultura o regresará eventualmente para, como dicen muchos, aportar a nuestro país?
Me pregunto cuánto tiempo más tendrá el puertorriqueño que sufrir una situación en la que es difícil encontrar trabajo, los salarios son bajos y el Gobierno sigue imponiendo impuestos contra la clase trabajadora. Para colmo, ahora penalizan al pobre quitándole servicios públicos y eliminando programas sociales que probaron su eficacia ante, por ejemplo, la deserción y la delincuencia. Esas son preguntas sin respuestas. Ni siquiera los que están montandos en la guagua del poder para intentar ganar las primarias han podido elaborar una salida airosa de este meollo que décadas, administración tras administración gubernamental, han metido al pueblo. Mientras tanto, siguen engordando las deudas, créditos afectados, pérdida de hogares y quiebras de negocios. Algún personaje político podrá contestar hasta cuándo. Varios periodistas han hecho esa pregunta al gobernador Alejandro García Padilla, y, luego de un discurso salomónico, la respuesta parece divagar y divagar y al final nadie entendió por qué en lugar de una respuesta justa lo que obtenemos es un regaño.
Los periodistas especializados en economía han analizado hasta la saciedad la situación financiera del país y han coincidido en algunas interpretaciones. La primera es que luego de la salida de las 936 el ciclo de la comodidad terminó. Al quedar sin empleo miles de familias, la economía cayó en estancamiento. Luego, los Gobiernos se han dedicado a cumplir promesas de campaña hipotecando al pueblo y concediendo sueldos exorbitantes en una economía contraída. El pueblo ha observado la subida de los precios de los productos y la imposición de impuestos. Además, el Gobierno piensa equivocadamente que es correcto evitar a toda costa entregar los documentos públicos de sus planes financieros cuyos contenidos son fundamentales para que el pueblo conozca qué se cocina en Hacienda. ¡Ah! Y si se entrevista al secretario de Hacienda sobre por qué no llega el reintegro, la respuesta obtenida nadie la entiende.
Ahora que los partidos políticos, junto con sus asesores, están elaborando sus programas de gobierno es indispensable que la prensa sea más incisiva. En esos documentos volveremos a leer: llevaremos a cabo un agresivo programa de expansión económica; evitaremos el gasto público, estimularemos la inversión local; buscaremos eliminar las leyes de cabotaje; radicaremos medidas que provoquen dinamismo y estímulo económico y no habrá aumentos en utilidades ni impuestos al contribuyente.
¿Qué les parece? ¿Hacemos una apuesta de cuántas veces escucharemos y leeremos eso? La pregunta que hay que hacerles a los que elaboran el documento es cómo el Gobierno cumplirá con promesas si no hay dinero ni apoyo de los bonistas. No soy economista, pero es obvio que una vez que se baje el endeudamiento la economía volverá a crecer. Me parece que estamos en posición de escuchar todas las ideas y conceptos económicos que han dado resultados en otros países. Esta enfermedad económica tiene que intentar sanarse a través de instrumentos gubernamentales serios y bien estudiados que contrarresten el estancamiento. Sé que la crisis económica (palabras más utilizadas en los últimos diez años de Gobiernos) no está cerca de acabarse, aunque en otros países ya se observen señales de recuperación. Pero quizá ya es hora de unificar el mensaje y evitar improvisaciones porque los puertorriqueños nunca hemos sido losers.
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