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Test drive. El modelo 2015 logró sobrepasar varias pruebas de terreno gracias a su motor 2.4 litros MultiAir2
Por Víktor Rodríguez @viktor_rodz
Se agarró de la tierra y el polvo no se hizo esperar. Ni siquiera las rocas lo detuvieron, y su fuerte capacidad 4×4 le ayudó a montarse sobre terrenos inesperados. Se trata del nuevo Jeep Renegade 2015 en su versión trailhawk, que Metro pudo probar en diversos senderos del país.
Empezamos el recorrido en lo llanito; en la simple brea. En ese contexto, el vehículo se mantuvo muy firme, incluso en calles no muy bien pavimentadas. Claro, como cualquier otro Jeep, el movimiento leve que siente en la suspensión no se hizo esperar.
Una vez entramos a un zona con más gravilla, la adrenalina empezó a subir. También llegó el frío olímpico de la aventura una vez la guagua conoció su primer reto. Queríamos probar su despeño todoterreno al subir un cerro un tanto empinado. Para eso, colocamos el vehículo el modo 4WD (fourwheel drive) para mantener mejor estabilidad y agarre al terreno. Junto con el motor de 2.4 litros MultiAir y la transmisión automática de nueve velocidades, el Renegade logró subir de un toque y sin hacer mucho esfuerzo de torsión.
Luego nos movimos a probar el auto en montículos más bajos, pero rocosos. En ese instante la estructura de la carrocería se mantuvo firme, gracias en parte a su sistema de puntales delanteros y traseros con amortiguación de frecuencia selectiva KONI. Aunque patinó un poco, realmente la guagua respondió muy bien entre las piedras áridas gracias a su sistema Selec-Terrain. Esta característica le ofrece al conductor cuatro modos para guiar el Renengade: automático, nieve, arena y barro, que pueden configurarse según las condiciones de manejo. El modelo trailhawk que probamos incluye un quinto modo: rocas.
Al bajar el monte, los frenos de disco trasero sólidos y delantero con ventilación brindaron seguridad y firmeza. De hecho, aunque se deslizó un poco en el rodaje, no hubo la necesidad de frenado en seco para que se detuviera.
Nuevamente, el sistema Selec-Terrain ayudó a mejorar al máximo la tracción y catapultó la experiencia a otro nivel. Aunque no era arena propiamente, por unos minutos pudimos ver el comportamiento de la guagua en terrenos más escurridizos. Al final de ese recorrido, el color glacier metallic de la caja ya contaba con pinceladas marones, producto de la polvareda que levantamos.
Definitivamente, el Renegade no tiene por qué envidiarle potencia al resto de los miembros de la familia Jeep: el Wrangler, la Cherokee o la Grand Cherokee. Por el contrario, el pequeñín de la casa trae lo suyo, y su promesa de comerse el terreno y barrer el polvo fuero superada.

