Columna de Mariliana Torres: Periodismo en español
Conversando por WhatsApp con unas amigas pude percibir cuán dañado está nuestro idioma. Ellas migraron tan pronto nos graduamos de la universidad, es decir…
Por Mariliana Torres @MarilianaTorres
Conversando por WhatsApp con unas amigas pude percibir cuán dañado está nuestro idioma. Ellas migraron tan pronto nos graduamos de la universidad, es decir, llevan 20 años fuera, pero visitan a sus familiares en Puerto Rico, y los vínculos boricuas continúan. Afortunadamente, el acento puertorriqueño que nos distingue no lo han perdido, aunque hablan más inglés que español, pero me parece que esa práctica las ha llevado a que escriban “estubo”, “hay” cuando es “ay” y “hubieron”, y acogen como suyos anglicismos. Quedé de una pieza cuando una de ellas me escribió: “Te dejo que voy a ‘choppear’ una cebolla”. Entonces, recordé el famoso programa de televisión que lleva ese mismo nombre y que hace gala de la velocidad de los maestros de la cocina. Así pude entender lo que ella me quería decir.
En ocasiones, les señalo los errores; otras veces se las dejo pasar para no caer en pretenciosa o pesada. Tengo mucho cuidado con señalar confusiones, porque a muchas personas no les gusta que se les corrija o sienten una vergüenza profunda. Afortunadamente, mis amigas se desternillan de la risa de sus disparates y hasta una de ellas me dijo el otro día: “Voy a tener que empezar a escribir y leer más en español, porque se me está olvidando lo básico”. De mi parte yo les hablo en español hasta la saciedad, porque amo nuestro vernáculo y hasta me parece seductor nuestro idioma.
Imagínese que esta semana les dije que había comprado unas pantallas nuevas para mis lámparas y no me entendieron. Tuve que explicar que compré unos lampshades para mitigar la luz de las lámparas. Lo mismo ocurrió cuando le dije a una de ellas que tomara jugo de arándano y hubo silencio. Entonces, le dije de cranberry.
El crecimiento demográfico de los latinos en Estados Unidos es impresionante. Usted no tiene que tener las cifras estadísticas en las manos para darse cuenta de que Orlando, Tampa, Filadelfia y Houston son “territorios” boricuas. Obviamente, preocupa la alta tasa de migrantes, específicamente de profesionales con especialidades que están dejando a Puerto Rico. Se calcula, de acuerdo con el crecimiento demográfico en Estados Unidos, que en el año 2050 el 29 % de la población norteamericana será latina. Aunque los mexicanos seguirán siendo la fuerza mayor, se entiende que el panorama económico de Puerto Rico ocasionará que más puertorriqueños decidan migrar. Ante ese panorama, la isla tiene grandes retos para evitar que nos quedemos sin profesionales, sobre todo en el campo de la salud.
La contundencia de la fuerza latina en Estados Unidos la observamos precisamente la semana pasada con el arraigo de la visita papal a Estados Unidos. Un latino y migrante que, aunque sabe inglés, prefirió un traductor y hablar al mundo en español. Nada mas elocuente. En la cobertura mediática hubo algunos errores de periodistas anglosajones que evidentemente no entendían el mensaje y tuvieron que apoyarse en los periodistas latinos que han seguido cultivando su idioma vernáculo, lo que me lleva a asegurar lo imprescindible que es hablar español y seguir siendo latino en Estados Unidos. No sé usted, pero yo me siento muy orgullosa cuando el astro mundial Ricky Martin o los ganadores del Premio Óscar, Benicio del Toro y Rita Moreno, hablan español y defienden nuestro léxico. Aunque sus curvas la delatan como de raíces latinas no distingo a Jennifer López, porque tiene grandes problemas para expresarse en español, pero, indudablemente, le ha sido útil para abrirse paso.
Como consecuencia de las migraciones y la no insistencia y responsabilidad de hablar correctamente el castellano, tenemos grandes deficiencias idiomáticas. Lo vemos y lo escuchamos en los medios de comunicación, tanto en los que entrevistan como en los entrevistados. La consecuencia de que el periodista hable incorrectamente y utilice constantemente anglicismos es imperdonable. Además, ocasiona grave daño idiomático en la generación de periodistas incipientes que piensan que esa es la forma correcta de hablar. No hay nada malo en conquistar otro idioma, pero olvidarse del nuestro es negar nuestra alma máter. Allí donde miles de personas aclamaron al papa se defendió el castellano.
El espanglish que acostumbran utilizar los puertorriqueños es un instrumento horroroso que destruye la lengua.


