Columna de Hiram Guadalupe: Escabrosa ruta neoliberal
Bajo la premisa de la competitividad y el impulso hacia un nuevo modelo de desarrollo económico, grupos empresariales han insistido en la “urgencia” de aprobar…
Bajo la premisa de la competitividad y el impulso hacia un nuevo modelo de desarrollo económico, grupos empresariales han insistido en la “urgencia” de aprobar una reforma laboral porque, alegan, es el vehículo para crear nuevos empleos y expandir la franja comercial del país.
Su porfiada propuesta aparece justificada en el supuesto que “la legislación estatal sobre relaciones laborales ha perpetuado un sistema que premia la otorgación de beneficios en lugar de la productividad”. Asimismo, en su discurso a favor de que el gobierno les asista en abaratar el costo de hacer negocios, aducen que una reforma laboral les permitirá, junto a la reducción de ciertos impuestos, acumular el capital necesario para “aportar” al crecimiento de la economía nacional.
Este cónclave, agrupado en la Coalición del Sector Privado, ha incrementado su presencia mediática y su cabildeo legislativo. Han adelantado, además, que preparan los proyectos de ley que atienden sus reclamos para avanzar en su aprobación y evitar que se retrasen con el Plan de Ajuste Fiscal. Quieren una reforma más amplia que la contenida en el plan del gobierno, arguyendo que éste se quedó “cojo” y no aborda el diseño de un plan económico a largo plazo.
Sus objetivos van tras la implantación sin demoras del flexitime, de la extensión del periodo de probatoria de tres meses a un año, la eliminación de la Ley 80 (Ley de Indemnización por Despido sin Justa Causa), laxitud en la ley de normas y salarios y flexibilidad para decidir cómo implementar el periodo en que los trabajadores toman alimentos. Dicen que “hay que quitarles las piedras en el camino a los empresarios.
Hay quienes aseguran que sus reclamos son simpáticos y necesarios. Medios de comunicación y voceros políticos radiales se han convertido en promotores de las propuestas de este sector zurciendo un discurso que intenta relacionar esa reforma laboral al desarrollo económico, como si se tratara de variables concomitantes. De lo que no se habla es del efecto que estas medidas, de ser aprobadas, tendrán sobre el país, considerando que no hay peor enemigo para la estabilidad económica que el empobrecimiento de sus trabajadores.
Estas propuestas implicarán la precarización del mercado laboral y esto, en su significación política, sugiere la creación de un ambiente de inseguridad e incertidumbre para los cientos de miles de personas que comprenden nuestra fuerza productiva.
La proposición empresarial, sin más, es la ruta más escabrosa del neoliberalismo y que, además de la desprotección social al sector trabajador y de la disminución de sus salarios y beneficios, también implicará una pérdida del poder negociador de sus representantes sindicales. Es importante subrayar que nuestro mercado laboral ha sufrido un empobrecimiento sistemático en los últimos años.
Esta semana, el Centro de Información Censal de la UPR reveló cómo el empleo precario en la isla ha aumentado en los últimos siete años y, por consiguiente, crece nuestro empobrecimiento. El estudio relaciona la pobreza laboral a altos niveles de empleo parcial, reducción de beneficios marginales a este sector y el estancamiento del salario mínimo. Agreguemos a la ecuación los efectos que ha tenido sobre nuestra clase trabajadora y profesional las medidas de austeridad contenidas en la Ley de Sostenibilidad Fiscal (Ley 66) aprobada por este gobierno hace poco más de un año. Si triste y sombrío es el panorama actual del sector laboral, cómo será mañana de aprobarse la reforma empresarial.


