Columna de Hiram Guadalupe: Carla Cortijo
La baloncelista Carla Cortijo ya le ha dado gloria al deporte puertorriqueño. Sus hazañas en el tabloncillo han evidenciado el talento de una joven que, por…
La baloncelista Carla Cortijo ya le ha dado gloria al deporte puertorriqueño. Sus hazañas en el tabloncillo han evidenciado el talento de una joven que, por encima de los pronósticos y con el esfuerzo del resto de sus compañeras, ha conducido nuestro seleccionado nacional femenino por el camino del éxito.
Como todo buen deportista, Cortijo también aspira al mejor escenario posible para desarrollar sus capacidades atléticas, crecer en su disciplina y hacer la mejor representación patria que determine. Es un derecho que nadie puede negarle.
Mas en los últimos días los sueños y ambiciones de esta estelar jugadora han tropezado con la burda y burocrática determinación de la dirección de la Federación de Baloncesto de Puerto Rico (FBPUR) que, en voz de su presidente, Carlos Beltrán, le negó el permiso para formar parte de la prestigiosa Asociación Nacional de Baloncesto Femenino de Estados Unidos (WNBA,
en inglés).
La semana pasada, y tras haber mostrado sus capacidades deportivas en la cancha del equipo Atlanta Dream, la jugadora boricua recibió la noticia de que la dirección de ese quinteto interesaba reclutarla.
Entonces comenzó la odisea. Beltrán objetó la participación de Cortijo en la liga de la WNBA aduciendo que no era negociable su ausencia en el quinteto nacional puertorriqueño durante el torneo Preolímpico de este año, decisión que, alegó, le había dejado “claro” a la baloncelista.
Como era de esperarse, la determinación del director de la FBPUR generó malestar colectivo, y con razón. No hay explicación sensata para una decisión arbitraria, machista y mezquina que, en el refugio de la imprudencia, recurre a un discurso nacionalista trasnochado que pretende chantajear a la deportista con ofensivas insinuaciones de traición patria.
Tampoco se justifican los tonos autoritarios del lenguaje con que, desde el estrado de poder de la FBPUR, se intenta mancillar la honra de una mujer atleta que, como es de esperarse, aspira a lograr un mejor nivel en su desarrollo deportivo. Cortijo tiene motivos de sobra para indignarse.
Pero lo más preocupante de toda esta controversia es la forma en que han salido a flote los vestigios machistas que aún dominan los escenarios deportivos del país, lo que nos sugiere que resta emprender una fuerte batalla por doblegar el machismo cultural y transformar la perspectiva retrógrada que existe en las mentes de muchos dirigentes y líderes federativos.
El veterano periodista y analista deportivo Elliot Castro fue elocuente al comentar sobre esta controversia: “A Carla (Cortijo) no se le está respetando, al igual que se le respeta a los hombres, por ser mujer”.
Las expresiones de Castro se hicieron eco en voz del exdirigente del quinteto masculino Julio Toro, quien al criticar la actitud machista de la FBPUR fue más lejos: “Creo que ya Carla le ha pagado al país con creces. Además, si le han dado algo, posiblemente son las migajas que caen de la mesa, porque la mermelada se queda arriba”.
Una secuela de manifestaciones en las redes sociales censuraron la forma en que Beltrán ha tratado esta situación y la manera en que se ha ejercido una autoridad machista que troncha el destino profesional de Cortijo.
En esa dirección, la Organización Puertorriqueña de la Mujer Trabajadora (OPM) expresó “nos preocupa que la joven que tanto ha aportado a nuestro orgullo boricua por sus destrezas deportivas, junto al resto de las integrantes del equipo, pierda la gran oportunidad de probarse como profesional, de la misma forma que han hecho varios varones en el mismo deporte”.
La comparación es simple. En el pasado, los mismos directivos de la FBPUR han asumido posturas distintas con atletas varones, como sucedió recientemente con los canasteros Ricky Sánchez y Peter John Ramos, a quienes Beltrán no les negó el permiso para jugar en ligas internacionales y tampoco se les obligó a jugar en este Preolímpico.
No hay dudas de que esta polémica nos advierte el camino que nos resta recorrer por alcanzar mayores espacios de igualdad y equidad para todas y todos.


