El transformismo no es exclusivo de la comunidad LGBT

A través de los años hemos visto a muchos actores y comediantes considerados heterosexuales transformarse en mujeres, como José Miguel Agrelot “La tía pasión”…

Por Lynet Santiago Túa @lynetonline

16 jul 2015, 11:00 pm 6 min de lectura
El transformismo no es exclusivo de la comunidad LGBT

A través de los años hemos visto a muchos actores y comediantes considerados heterosexuales transformarse en mujeres, como José Miguel Agrelot “La tía pasión”, Raymond Arrieta “Plinia Palerm” y “Dra. Polo”, Sunshine Logroño “Mami por favor” y Antonio Sánchez “El Gangster” (Minga), por mencionar algunos de la televisión local.

Partiendo de esta premisa, los veteranos actores puertorriqueños Víctor Alicea y Carlos Esteban Fonseca, en entrevistas separadas, establecieron que no hay cabida para una intención de burla detrás de un actor que se transforme en una mujer como parte de un rol de actuación.

De igual forma, coinciden que no es correcto catalogar de “transformista” a un actor que se vista de mujer para una caracterización, porque la caracterización es meramente una representación de un papel.

El abogado y periodista Manuel Clavell Carrasquillo — quien ha investigado la historia del transformismo desde la perspectiva cultural— explica que el transformismo es la transformación de una imagen de género hacia otro por lo que no tiene nada que ver con la orientación sexual.

“En el aspecto cultural tiene que ver con el arte y tiene que ver con hacer una transformación de género a través de la vestimenta, maquillaje y los signos que identifican a un género u otro para hacer una manifestación y presentarse ante un público. Este es el tipo de transformismo que está vinculado a la comunidad gay”, aseguró el también etnógrafo.

“Muchas de estas personas que se presentan en un escenario con esta manipulación de género tienen también formación actoral y formación de danza o baile. Cuando van a hacer una presentación frente a un público se trabajan destrezas que vienen de las bellas artes como la danza y el teatro”, indicó.

“Pero no se puede separar al actor por género. En todas las formaciones de un actor, desde tiempos inmemorables, los hombres tenían que hacer interpretaciones de mujer y viceversa porque es parte de la formación actoral contemporánea. Un actor no puede estar limitado a las cuatro paredes de su género, es parte de su entrenamiento profesional y de su arte. Ahí es donde se puede ver bien que el transformismo no tiene nada que ver con la orientación sexual”, añadió.

“El transformismo se considera un arte porque tienes que transformar tu cuerpo para que tu cuerpo pueda hacer la interpretación deseada. Ahí está el verdadero valor de esa interpretación. El transformista tiene un modelo que no solamente tiene que imitar, incluso superar y sostener. Pero para hacerlo tienes que haber estudiado al modelo. No puedes sacar una maleta, y por ejemplo decir: ‘hoy voy a interpretar a esta artista’. Tienes que estudiar el papel y hacer una investigación previa. Por eso Antonio Pantojas, se retiró porque reconoce que a su edad ya no podía hacer las representaciones de las divas del momento como en sus tiempos”, sostuvo.

Basado en sus múltiples entrevistas, el también autor del libro “Dragas: perfomeros de género en Puerto Rico”, reconoce a Antonio Pantojas, Barbara Herr (Bobby Herr) y a Rudy Martínez como los veteranos del transformismo en Puerto Rico.

También Fonseca menciona la aportación de Antonio Pantojas como transformista.

“Para los años de El Cotorrito, en la década de los setenta, Antonio Pantojas hacía el trabajo de transformismo más interesante que existía en Puerto Rico porque él tenía algo diferente y es que él era un performer. Hacia un espectáculo en el que cantaba y hacía stand up comedian. Era genial porque tenía un don de improvisación extraordinario y fue el primer transformista en llegar al teatro en Puerto Rico”, compartió Fonseca, quien conoció y estudió a Pantojas para personificar a Silvia en el espectáculo “Si no hay bebida, no hay espectáculo”, tipo vodevil, inspirado precisamente en Pantojas.

Y, a propósito, Silvia “es un transformista de 54 años, cantante y compositora, que tiene que buscar como subsistir porque ya no tiene el encanto y las curvas que le exigen a las dragas de esta época”. (Draga es el puertorriqueñismo que proviene de Drag queen).
 
Por su parte, el creador del personaje de “Luzma” y el inmortal chico gay “Guille”, (Guillermino Gómez Gutierrez del desaparecido programa televisivo Entrando por la cocina), también opinó que el actor es actor y punto.

“La diferencia de cada actor está en cómo ejecute el papel. Los actores que se transforman a mujer no es con la intención de burlarse, se trata de un personaje de mujer como el mío de ‘Luzma’. El transformista es arte y el actor cuando hace de mujer está haciendo un personaje de mujer. Yo tenía varios personajes de mujer ‘Ruperta la caimana’, ‘Luzma’ y ‘Lulú’, pero cada cual tenía su propia sicología. No estaba haciendo una parodia de mujer, se hace muy en serio cada personaje de mujer”, describió Alicea.

En el caso de “Guille”, un chico gay y empresario, destacó que este personaje nunca le faltó el respeto a la comunidad.

“’Guille’ era un personaje gay que hablaba como cualquier ser humano, con las tristezas y con las alegrías…  Hubo una generación antes de crear el personaje de ‘Guille’ que utilizaban nombres como ‘Serafín’ sin fin, La loca macho, Machito Pichón, Las Palomas, Melón Pujals, los nombres que le ponían era para provocar la risa por ser gay y agresivos sexualmente. No los estoy criticando, pero Guille nunca fue agresivo y tú no te reías de Guille por ser gay, te reías por las situaciones que pasaban en el libreto”, aclaró.

En el contexto histórico, Clavell hizo referencia de que “la mujer tuvo un rol reservado al ámbito privado del hogar. El ámbito público estaba completamente vetado para la mujer. Era de mal gusto, desagradable y mal visto que una mujer fuera actriz y cantante, de ahí la mala fama de la vedette y la actriz. Por esta razón, son los hombres los que interpretaban a la mujer, porque para ellas estaba prohibido tocar el teatro. Era inmoral”.

“Pantojas dice que a mediados y finales de los setenta, él comenzó a hacer este espectáculo de cabaret (baile, canto y actuación) imitando a las grandes divas de Broadway y del cine clásico norteamericano”, expresó.

En Puerto Rico se hacía el teatro de cabaret fuera de los escenarios dramáticos, en los bares y los vestíbulos de los hoteles.

Como dato curioso, el lugar donde se da el boom del transformismo fue en El Cotorrito un night club straight porque en esos años no existían las discotecas gay.

Luego, el night club y los café teatro desaparecen para los años ochenta cuando llega Madonna, Michael Jackson y Diana Ross, entre oros. De ahí es que los transformistas comienzan a imitar a Madonna y a Isabel Pantojas, entre muchísimas estrellas, en chinchorros y barras para luego dar paso a profesionalizarse y a entrar al teatro como lo conocemos hoy día.

“El transformismo se desarrolló en chinchorros, discotecas y barras porque es un arte cabaretero, un arte popular del bajo mundo y ese arte popular es aceptado en Puerto Rico”, compartió el historiador.