Columna de Lily García: Las crisis venenosas

Llegó el IVU agrandado. No llueve. Aumentaron el racionamiento. El país está en quiebra. Y, si a todo esto cada uno de nosotros le añade sus propias pequeñas y…

Por Lily García

6 jul 2015, 11:00 pm 2 min de lectura
Columna de Lily García: Las crisis venenosas

Llegó el IVU agrandado. No llueve. Aumentaron el racionamiento. El país está en quiebra. Y, si a todo esto cada uno de nosotros le añade sus propias pequeñas y grandes crisis personales, tenemos que llegar a la conclusión de que vivimos momentos retantes. 

Dice un viejo refrán que uno no sabe cuán alto es hasta que se pone de pie. Las bofetadas cósmicas que nos está dando la vida a nivel personal y colectivo no solo nos están obligando a ponernos de pie a cantazos, sino a mantenernos arriba por si acaso. 

Momentos como el que estamos viviendo tienden a sacar lo mejor y lo peor de nosotros. Lo mejor lo conocemos: la capacidad para reinventarnos, la fe, la solidaridad y la paciencia. Lo peor, sin embargo, es algo que debemos observar muy de cerca porque nos puede tomar por sorpresa.  En el budismo se habla de que el sufrimiento, todo sufrimiento, es el resultado de tres venenos: el apego, la ira y la ignorancia. Y durante momentos histéricos como el que estamos viviendo es que se activan estos tres venenos para agravar estados emocionales ya de por si volátiles. 

La ignorancia aquí no se define como falta de conocimiento o intelecto, sino esa creencia estúpida de que somos independientes, de que podemos “solos” y de que estamos separados de los demás. Las crisis deberían empujarnos a trabajar juntos, a apostar a la fuerza de los grupos, ya sea de familias, vecinos, amigos y compañeros de trabajo. Este no es momento de competencia, sino de colaboración.  Observa cómo estás reaccionando a esta crisis y si esa ignorancia se está convirtiendo en un obstáculo en tu vida y la de los demás. 

Y de la ignorancia llegamos al apego. Las crisis nos obligan a realizar sacrificios que de otra forma no tendríamos que hacer.  El mundo cambió. El aceptar esta realidad nos activa la resistencia a salir de nuestro pequeño mundo, de nuestra rutina, estilos de vida, y hasta formas de pensar. Cuando nos negamos a soltar aferrándonos a aquello que ya no es relevante, sufrimos más y causamos más sufrimiento. Observa qué apegos te está activando esta crisis y comienza a preguntarte qué hace que me duela tanto soltar esto o aquello.

El coraje o la ira, por último, es una reacción natural al cambio no deseado y a la percepción de “injusticia” en lo que experimentamos. Utilicemos entonces el poder de la ira como combustible para tomar mejores decisiones en el futuro, para construir en vez de destruir.  Identifica como tus corajes están drenando en estos momentos la energía que tanta falta te hace para reconstruir tu vida ante los cambios. Los tres venenos están aquí. Obsérvalos.