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title: "Seúl: entre niebla y silencio"
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section: "Noticias"
author: "Víktor Rodríguez @viktor_rodz"
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published: "2015-07-06T03:00:00.000Z"
updated: "2022-02-19T18:37:54.073Z"
publisher: "Metro Puerto Rico"
language: "es"
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# Seúl: entre niebla y silencio

_Eran las 5:30 a.m. y al llegar una bruma monumental arropaba a Seúl, al punto de sentir que, de un momento a otro, caeríamos por un abismo. Luces tenues de…_

Por Víktor Rodríguez @viktor_rodz · Noticias · 2015-07-06T03:00:00.000Z

Eran las 5:30 a.m. y al llegar una bruma monumental arropaba a Seúl, al punto de sentir que, de un momento a otro, caeríamos por un abismo. Luces tenues de vehículos nos pasaban por el lado hasta esconderse. ¿Escaparían a otra dimensión?

Llegué a Corea del Sur un lunes de madrugada cuando todo el mundo se lanzaba a la calle para iniciar sus faenas acompañado de quince periodistas de América y Europa reunidos para cubrir la edición número once del Seoul Motor Show. Los autos fueron lo primero en llamar la atención. Pero no por sus características o tecnologías, sino por el descomunal tapón que atrasaría la llegada al hotel, luego de un vuelo de más de 14 horas desde Nueva York.

A pesar del tráfico, en la ciudad los conductores parecían respetar un orden y, para sorpresa, no se escuchaba ninguna bocina a la distancia. Era una atmósfera diferente a las primeras impresiones que llegan cuando se visitan otras ciudades de este lado del mundo, como Nueva York, Bogotá, Santiago e incluso San Juan, donde el desenfreno y los bocinazos de los autos empiezan desde temprano.
 Bastó un bostezo para que dieran las 8:00 a.m. y llegáramos al hotel. Por ser la capital, esperaba más bullicio en el ir y venir de la gente. Pero el silencio se prolongaba. Pensé que podría tratarse de la hora, pero con el pasar del tiempo, Seúl fue desnudándose cada vez más como un espacio sigiloso.

Recorrer las calles  del distrito de Insa-dong así lo evidenció. Luego del mediodía caminamos por un extenso mercado local —al estilo del Paseo de Diego en Río Piedras en sus mejores tiempos— que reunía todo tipo de artículos, comidas y estilos.

La gente andaba pausada y solo se escuchaba a los lejos el llanto de un violín que pedía alguna limosna a los transeúntes. En las mesas ubicadas afuera de cada una de las tiendas, un mar de cosas con todos los colores imaginables se extendía a disposición de los consumidores. Medias con el rostro de PSY, —famoso por su éxito Gangnam Style— y posters que reunían a los íconos del K-Pop se repetían en cada una de las entradas.

Más adelante, en las aceras del Bukchon Hanok Village, un barrio con casas tradicionales de antaño, el paladar podía deleitarse con algún pincho de pulpo en salsa o el tradicional kimchi —el plato más típico de la gastronomía surcoreana. Este bocadillo de col fermentado contiene un sabor salado y picante nunca antes experimentado.

Los coreanos cuentan con una dieta en la que predominan los vegetales, los pescados y los mariscos. Nada de queso, nada de cosas fritas, pero sí mucho, muchísimo chile rojo. Aunque los ingredientes y platillos varían según la provincia, la comida es picante. Es, además, muy colorida y juega bastante con la temperatura. Por ejemplo, tomar una sopa fría de fideos y huevo es sin duda una experiencia cultural diferente, sobre todo si estamos en medio de una temperatura húmeda que ronda los 60 grados.
 Justamente, ese clima permite a los coreanos llevar estilos de moda muy variados y extremadamente estilizados. Tanto hombres como mujeres de todas las edades portaban atuendos que parecían sacados de las más recientes revistas de glamur. Gran parte de los chicos vestían con chaquetas, que parecían habérselas cosido encima, y zapatos pulcramente brillados. Las mujeres, por su parte, siempre iban de tacones altos y unos sobretodos de ensueño para todo fanático de la moda invernal.

También había gente con ropa mucho más humilde, como los vendedores en las esquinas y algunos obreros o taxistas en la ciudad.  Lo cierto es que la pobreza se esconde un poco en el casco urbano de Seúl, como si también la ocultara la niebla. Son limitados los espacios donde se acumula basura y bajo los puentes no existen habitantes, como es típico en algunas ciudades más pobladas. Tampoco hay presencia de grafitis en las paredes. En los parques, la grama está perfectamente recortada. El entorno podría llegar a enloquecer a quienes encuentran belleza en el desorden.
 Pero en Corea del Sur no hay desenfreno, a pesar de ser un país con una población que sobrepasa los 50 millones de habitantes y contar con una historia de conflictos en sus costillas, que inició en el año 1592 con la invasión de Japón.

El único momento cuando los coreanos salen un poco de los márgenes es al darse unas copas. Brindar con ellos es todo un ritual. Ya sea con “Soju” —licor destilado a base de arroz—, o whisky mezclado con cerveza, tanto hombres como mujeres prefieren tomarse la bebida hasta el fondo, como si fuera un shot. Incluso, si es una copa de vino y está a la mitad, la tragan con una facilidad impresionante. Solo en esos momentos, la inhibiciones se pierden un poco, aunque no al extremo.
 Con el pasar de los días, el silencio termina por arroparnos, como la niebla. Se comienza a hablar bajito, como con temor a interrumpir la solemnidad citadina de Seúl.

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