Dejan sus países en América Latina para hacer su vida en Corea del Sur

Rita Estefany Bejarano tiene 24 años y nació en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Lleva tres años y dos meses en Corea del Sur y desde que llegó, no ha salido…

Por Víktor Rodríguez @viktor_rodz

5 jul 2015, 11:00 pm 6 min de lectura

Rita Estefany Bejarano tiene 24 años y nació en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Lleva tres años y dos meses en Corea del Sur y desde que llegó, no ha salido de ese país. Explica que arribó al sur de Asia gracias a una beca que se ganó en la iglesia Católica a la que asistía en Bolivia.

Junto a ella está Patricia Lazcano Espinosa, de 20 años, y nacida en La Habana, Cuba. Ambas chicas acaban de llegar de rumba. Hablamos vía Skype y tenemos hasta las 10:00 p.m. para conversar antes de que llegue el toque de queda en su hospedaje universitario.

Rita recuerda que al establecerse en Daegu —la cuarta ciudad más poblada de Corea del Sur—, el primer desafío cultural fue manejar las diferencias que debía marcar al dirigirse a una persona mayor.

“Lo que pasa es que ellos [los coreanos] tienen una forma muy diferente de hablar. Por ejemplo, a los mayores les tienes que tener respeto. Entonces, cuando estamos aprendiendo a hablar, a los mayores tienes que hablarle de una forma muy formal. La primera vez, uno no sabe si agacharse o darle la mano”, detalla la estudiante de Administración de Empresas.

Patricia la interrumpe y añade que saludar se hace muy extraño. “Es que nosotros nos vemos muy calientes, en el mejor sentido, y ellos son muy fríos. Tú quieres acercarte a alguien y ellos no”, menciona la cubana, quien estudia lengua coreana.

En su caso, lleva apenas dos meses en el país y se le ha hecho difícil acostumbrarse a la comida.

“No soporto la comida. Tengo comida incluida en la universidad: desayuno, almuerzo y cena. Siempre como lo que más se parezca a la nuestra… Donde haya carne, ahí estoy. Algunas cosas las asimilo; no me gustan, pero se pueden comer”, dice sin poder contener la risa.

Hacemos una pausa. Ha llegado João Muñiz, un brasileño de 23 años que llegó a Daegu hace un mes. Reconoce que soy de Puerto Rico y me menciona al reguetonero Don Omar. En su caso, le ha impresionado el clima de la ciudad. “Brasil es muy caliente y Corea es bien frío. Es un clima muy diferente para mí; es muy frío, y yo estoy acostumbrado al calor y las playas”, menciona el joven, quien también estudia coreano.

Más allá de las fronteras
Para los tres jóvenes, el tiempo que llevan respectivamente en Corea del Sur les ha dado una nueva perspectiva de la sociedad.

Pero, ¿qué pueden aprender sus países de Corea del Sur y viceversa?, les pregunto.

La primera en hablar es Rita. Quizás por llevar más tiempo en el territorio, siente más fácil ver los paralelismos y las diferencia de manera más clara.

“Ellos, después de la guerra, fueron muy pobres. Entonces, trabajaban y trabajaban y no tienen tiempo de convivir con otras personas. Hasta ahora, las personas que trabajan en empresas como Samsung no tienen vida y tienen mucho estrés. Es bueno mantener  buscar ser una potencia y siempre desarrollar tecnología, pero estar muy ocupados y no tener tiempo para los otros, no”, reflexiona.

Patricia va más allá y cree que tanto Cuba como Corea del Sur pueden aprender uno del otro, sobre todo en términos de destrezas socioeconómicas.

“Creo que tenemos que aprender ambos. Nosotros los latinos sobre cómo trabajan, porque para nosotros el trabajo va después de lo que queremos. Aquí es primero trabajo y después el trabajo. Pero Corea tiene que aprender mucho de nosotros en términos de la sociedad. Ellos se crecieron mucho como país tecnológicamente y es una potencia, pero se les olvidó la parte social”, afirma.

João, por su parte, difiere. Para él, Corea del Sur es un país fascinante que poco puede aprender de su tierra natal Brasil.

“Corea no debe aprender nada de Brasil que es un país que tiene una política muy mala. Los políticos son ladrones. Brasil tiene que aprender de Corea mucho, porque es una cultura muy honesta y hace las cosas pensando en el bienestar de las personas, no para el bienestar de los políticos como en Brasil. En Brasil los políticos solo piensan en aumentar sus salarios, intereses personales y en el dinero que ganan. Todos los años ellos se los aumentan y eso a la población no les gusta. En Corea no es así; Brasil tiene que aprender mucho en ese asunto”, opinó el joven oriundo de Río de Janeiro.

Un boricua en Corea
Con Iván Broida hablé unos días antes, también vía Skype. Al igual que los otros tres latinos, vive en Daegu.

Tiene 32 años y hace seis que viajó desde Puerto Rico a Corea del Sur. Dice que buscaba un cambio radical en su vida y la oportunidad de impartir clases de inglés en Corea del Sur fue, por así decirlo, su puerta de escape.

“Trabajaba 14 o 15 horas diarias y quería hacer algo distinto. Un amigo      vino a Corea a dar clases de inglés y él me hizo los contactos. Estudié en la Universidad de Puerto Rico un bachillerato en francés, pero en Corea lo único que te piden para ser maestro de inglés es tener un bachillerato y ser ciudadano de un país angloparlante”, explica.

Su estancia en Asia ha sido más prolongada, lo que le ha dado la oportunidad de poder palpar otros aspectos de la cultura coreana más a fondo. Por ejemplo, le comento que el tiempo que estuve en Seúl solo vi dos personas negras. ¿Hay racismo en Corea del Sur?, le pregunto.

“Nunca he visto racismo como tal hacia estas personas. Pero han salido situaciones en los medios en los que se reseñan que ha habido racismo con personas negras. Por ejemplo, cuando estaba pasando la crisis del ébola en África, muchas universidades impidieron la llegada de estudiantes de intercambio de esa región, sin importar de qué país fueran. Eso no pasó con estudiantes de Estados Unidos, a pesar de que el ébola llegó hasta allá”, detalló el joven boricua.

De por sí, Iván no siente que los coreanos sean personas conflictivas más allá de las tensiones políticas que por décadas ha tenido el país con su vecino Corea del Norte.
Sin embargo, cuenta que esa perspectiva se desmoronó un poco en el año 2011, cuando ocurrió el tsunami en Japón.

“Estaba viendo las noticias y se lo dije a mi compañero de trabajo coreano en ese momento y él me dijo: ‘¡Qué bueno que les pase!’. Todavía hay mucho rencor entre Corea y Japón. Ese tipo de situaciones me chocan un poco, porque no le desearía la muerte a 10 mil personas”, comenta el joven en referencia al rencor en Corea por la ocupación japonesa entre los años 1910-1945.
Junto con ese episodio, otra situación que marcó la percepción de Iván sobre lo coreanos fue conocer que en el país existen los matrimonios por encargo.

“Hay muchos hombres coreanos que llegan a los 40 años y no se han podido casar y se compran una esposa en Vietnam o de Filipinas. Claro, para esa mujer la vida mejora en términos económicos. Es muy común; antes no se veía mucho, pero ahora estoy viendo más parejas así”, reveló.

A pesar de este y del resto de las diferencias en materia cultural, los cuatro latinoamericanos se confesaron prendados por el país asiático, por poder borrar algunas fronteras y hacerse ciudadanos del mundo en otras tierras.