Columna de Mariliana Torres: Respeto en la divulgación de la noticia
Los comunicadores tenemos que apostar por una revolución en la cobertura mediática que se convierta en la base de la transformación seria y equilibrada de los…
Por Mariliana Torres @MarilianaTorres
Los comunicadores tenemos que apostar por una revolución en la cobertura mediática que se convierta en la base de la transformación seria y equilibrada de los acontecimientos cubiertos. Aunque la inmediatez y el fragor diario por prevalecer han llevado a muchos a olvidar el valor de la ética, deberíamos unirnos para reforzar lo que una vez aprendimos.
Digo esto porque en los pasados días leí y escuché que un supuesto periodista había llamado al hoy fenecido juez José Ramírez Lluch y, anticipándole lo que se publicaría, le pidió entonces una reacción. Me parece sumamente descabellado pensar que eso sucedió. Que yo sepa, los periodistas serios no son íntimos de jueces. De hecho, no deberían permitir el “panismo” de ningún funcionario en el poder.
Aquí en Puerto Rico es muy distinto a otras jurisdicciones, donde los jueces están disponibles para la prensa. Si un periodista quiere entrevistar a un juez o a una jueza, se necesita pedir un permiso especial a sus superiores y luego de contestar los porqué y para qué del portavoz de la Rama Judicial es que se decide si se concede la entrevista. En mi haber he entrevistado como a una docena de jueces, incluyendo el juez español Baltasar Garzón, pero los temas han sido revisados o han sido de alto interés gubernamental. ¡Ah! Y nunca un periodista está solo entrevistando al juez. Ese panismo de llamar a su celular o a su oficina es difícil de creer, pero no imposible de suceder y si en efecto sucedió, es un atrevimiento.
En el caso del distinguido juez Ramírez Lluch, tengo que decir que tuve el honor de estar en su sala. Observar y escuchar atentamente la manera tan elegante y respetuosa en que él se dirigía a los presentes y su alto conocimiento judicial era como ir a una clase de derecho. Me atrevo a asegurar que no puede haber ni un solo abogado que no recuerde su distinguido proceder en sala. El hecho que se haya criado en mi pueblo, Lajas, y conozca a su familia no significa que me atreviera a sentarme con él a discutir casos o le pidiera una entrevista. Jamás sucedió y no me hubiese atrevido. Un periodista debe evitar esas tentaciones que rayan en la imprudencia, independientemente del tema. ¿Acaso no tiene otras fuentes de información?
La muerte del juez Ramírez Lluch ha dolido en todo el sentido de la palabra no solo por haber perdido a un profesional probado, sino también por los personajes de su familia involucrados que en estos momentos en que usted lee esta columna están sufriendo un dolor inmenso. Supongo que en los medios de comunicación se continuará discutiendo el asunto con lujo de detalles que no tienen pertinencia. Quiero preservar lo que otros han perdido: el respeto y la ética.
Los medios de comunicación son una herramienta educativa muy poderosa deberíamos aprovechar sus usos para difundir información valiosa que redunde en el análisis profundo de hechos y el fortalecimiento de las relaciones sociales. Corremos también el peligro de difundir información que se entiende mal y se discute como rumor en lugar de la noticia. Ello desencadena en malos entendidos que son divulgados y la gente se los cree como ciertos. Lo que valida una noticia como creíble son los hechos por sí mismos y las fuentes de información. Las noticias se relacionan con la constatación de hechos más que con su interpretación, que erróneamente es lo que se ha permitido en este caso
tan triste.
Tenemos que aprender que no se divulgan detalles que destrozan los sentimientos de los involucrados. Debemos divulgar y buscar la verdad partiendo del respeto y el equilibrio informativo. Por favor haga el ejercicio: colóquese en su lugar.
No podemos permitir que, al enterarnos de algo, pase desapercibida la pertinenecia de hechos que no engrandecen la historia cubierta. Si permitimos la información errónea, ocasionaremos la incitación de las opiniones estereotipadas.


