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title: "Columna de Dennise Pérez: Apuntándose el baño y hasta las ganas... bendito racionamiento"
description: "Decidí regresar a vivir a San Juan en estos días por una cuestión de conveniencia."
canonical: "https://www.metro.pr/noticias/2015/06/10/columna-de-dennise-perez-apuntandose-el-bano-y-hasta-las-ganas-bendito-racionamiento"
section: "Noticias"
subsection: "Sin categoría"
author: "Dennise Y. Pérez @denniseypr"
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published: "2015-06-10T03:00:00.000Z"
updated: "2022-02-19T23:27:15.374Z"
publisher: "Metro Puerto Rico"
language: "es"
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# Columna de Dennise Pérez: Apuntándose el baño y hasta las ganas... bendito racionamiento

_Decidí regresar a vivir a San Juan en estos días por una cuestión de conveniencia._

Por Dennise Y. Pérez @denniseypr · Noticias / Sin categoría · 2015-06-10T03:00:00.000Z

Decidí regresar a vivir a San Juan en estos días por una cuestión de conveniencia.

Ajá, de conveniencia. Al menos eso creía yo. La realidad es que vivir a 45 minutos del área metropolitana no me estaba siendo negocio ya. Hacía un tiempo atrás me había dado a la aventura de mudarme temporeramente al área de trabajo de mi esposo, en el este de la isla, para buscar su conveniencia. Pero entre las distancias que recorría yo, la gasolina, las gomas explotás, el cansancio y los dobles gastos que siempre conllevan las aventuras, pues se acabó la diversión y comenzaron las complicaciones. Así que volvimos.

Y mi “conveniente” regreso ha sido verdaderamente un episodio de cinismo. Volví a San Juan en verano, con el termómetro marcando 108 °F nada más y nada menos que en pleno racionamiento, mi pana. Y no cualquier racionamiento. Llegué dos días antes de que comenzara el racionamiento de 48 horas. _Perfect timing!_ Más o menos la decisión más brillante que he tomado en 40 años.

Y si a eso le suman que salí de San Juan sola con mi marido y regresé a San Juan con mi marido, un hijo y un perro, pues la logística es un caos. Un caos hermoso, generalmente, pero caos oloroso de vez en cuando.

La primera vez que escribí de la sequía no la estaba sufriendo en carne propia porque no me abastecía de ningún embalse en crisis. Mi sufrimiento se limitaba a las expresiones populares o periodísticas cargadas de clichés y a comportamientos irrazonables dentro de una isla seca. Otra paradoja. La principal.

Es que continúa volándome la cabeza que, siendo una isla, no tengamos agua. ¿Usted ha escuchado esa expresión de “es como venderle una nevera a un esquimal”? Pues el equivalente en nuestro caso debería ser “es como venderle una cisterna a un isleño”. Pues no, ¡si el isleño vive en Puerto Rico aún puede hacerse rico!  ¡Somos los mejores!

La última sequía que viví fue siendo universitaria, así que solo tenía que velar por que el baño se vaciara para tirarme encima mis buenos galones de agua, solita y _relax_. Ahora tengo que velar por más gente. Mi esposo, el chef, se tiene que bañar. Los olores de cada cosa que cocina no aguantan 48 horas. Mi hijo está en un campamento de béisbol, no de arte sobre lienzo. ¡De béisbol! Parque todo el día, sudor, ropa sucia casi desde que sale de casa, no puede esperar 48 horas.

Así que resulta que los menos complicados en casa durante esta sequía somos el perro y yo. A mi yorkie parece que con llevarlo a un _grooming_ fuera del área A y del área B le resuelvo el lío y yo, pues, a la hora que termino de resolverle el lío a todos, ya casi prefiero apuntármela.

A mí me da risa eso de las zonas A y B. Yo no sé en qué zona vivo porque cogí el racionamiento a la entrada de la fase 2, así que solo sé que tengo agua hoy y que no tendré en los próximos dos días. Pero le he cogido el chiste a esto y voy por la calle o en el carro tratando de adivinar en qué zona vive la gente según identifique la alegría —o la falta de ella— en el rostro. Un ejercicio de generalización, lo sé, porque hay gente que puede vivir, no cerca del embalse, DENTRO del embalse y parece que anda en racionamiento. Y viceversa.

Después de los líos logísticos y de higiene, tengo que decir qué he aprendido a envidiar a los que se abastecen de La Plata. Cada vez que veo a alguien bien limpiecito, plancha’o y feliz, apuesto a que vive en Toa Baja.

Y dentro de las fantasías esas que se me forman a mí a veces en la cabeza, he llegado a pensar que el racionamiento tiene que estar teniendo un fuerte impacto en la vida sexual de miles. Piénselo. Con un día de agua y otro no, pues más o menos uno se maneja. Con 48 horas no y 12 sí, se va complicando. Y si encima de todo depende de cuán cerca o lejos vives de la válvula, está del carajo.

Por este medio hago un llamado a la solidaridad de los que se abastecen, bien abastecidos, de agua, de todo. Piensen en los que se supone que nos “abastecemos”. Yo me “abastezco” de Carraízo. O sea, no me abastesco de un cará. Cójanlo suave con el agua. Cójanlo suave con todo eso de lo que se abastece. ¡A ver si algún día nos abastecemos todos!

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