Opinión: Yo me pregunto...

La mayoría de las personas vive en automático, moviéndose sin cuestionar lo que los empuja. Le dejan el control de sus vidas a pensamientos neuróticos y las…

Por Lily García

27 abr 2015, 11:00 pm 2 min de lectura

La mayoría de las personas vive en automático, moviéndose sin cuestionar lo que los empuja.  Le dejan el control de sus vidas a pensamientos neuróticos y las reacciones emocionales viscerales que nacen de ellos. Hay quienes pasan toda la vida así, al garete.  Otros, sin embargo toman la decisión de empezar a despertar.   

Una de las consecuencias directas de querer vivir una vida más balanceada y consciente es un aumento considerable en las preguntas que te haces a ti mismo.  Así que si en estos momentos te encuentras cuestionando cosas en las cuales antes ni siquiera pensabas, te felicito.  Estás en buen camino.

Quiero compartir con ustedes algunas de las preguntas que a mí me han ayudado a transformar no solo mis reacciones a ciertas cosas, sino las motivaciones detrás de muchas de mis acciones.  Deteniéndome a cuestionar el porqué de lo que pienso, digo o hago, he ido descubriendo aquello que me fortalece y aquello que me debilita, para entonces decidir con qué me quedo y qué debo soltar. 

Primera pregunta: “¿Cuál es mi intención detrás de lo que quiero decirle a esta persona?” Al cuestionarme mi intención me estoy asegurando que mis palabras vengan de un lugar de compasión y no del ego.  Si es algo que en nada va a aportar a sus vidas, entonces calladita me veo más bonita.  Esta pregunta nos ayuda a reconocer y utilizar correctamente el gran poder que tienen nuestras palabras.

Segunda pregunta: “¿Porqué realmente siento coraje en estos momentos?” Dice el maravilloso texto Un curso de milagros que uno nunca tiene coraje por la razón que cree, sino que siempre hay otra razón detrás.  En otras palabras, la soga parte por lo más fino, pero ya venía afinándose hace un ratito.  El cuestionarnos la fuente de nuestro coraje nos ayuda a conocernos mejor y evita que culpemos a otros por cosas de las cuales nosotros somos responsables.

Tercera pregunta: “¿Cuál ha sido el error más grande que he cometido en mi vida y qué he aprendido de él?” Esa pregunta nos ayuda a identificar si en realidad estamos madurando, o si hemos decidido caer en el rol de víctimas de nuestras circunstancias.  Al revisitar errores del pasado, también nos damos la oportunidad de observar si en realidad esos errores se quedaron atrás o si son patrones que venimos repitiendo. Pero para que esta pregunta nos mueva a la acción poderosa, tenemos que contestarla en total honestidad.

Cuarta pregunta: “¿Qué haría o dejaría de hacer si me quedaran dos semanas de vida?” Esta pregunta se explica por sí sola.  Si hay cosas que transformarías,  comienza a trabajarlas desde ahora, porque la realidad es que ninguno de nosotros sabe cuánto le queda.

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