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title: "Opinión: La belleza del chinchorreo boricua"
description: "Chinchorrear es uno de los mejores descubrimientos culturales de nuestra sociedad puertorriqueña."
canonical: "https://www.metro.pr/noticias/2015/04/15/opinion-la-belleza-del-chinchorreo-boricua"
section: "Noticias"
subsection: "Sin categoría"
author: "Dennise Y. Pérez @denniseypr"
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published: "2015-04-15T03:00:00.000Z"
updated: "2022-02-20T04:44:20.624Z"
publisher: "Metro Puerto Rico"
language: "es"
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# Opinión: La belleza del chinchorreo boricua

_Chinchorrear es uno de los mejores descubrimientos culturales de nuestra sociedad puertorriqueña._

Por Dennise Y. Pérez @denniseypr · Noticias / Sin categoría · 2015-04-15T03:00:00.000Z

Chinchorrear es uno de los mejores descubrimientos culturales de nuestra sociedad puertorriqueña.

Quizás se hacía desde el año de las guácaras, pero fue como hasta esta década cuando la gente le puso nombre y lo convirtió en verbo. Chinchorreando, del verbo visitar chinchorros. Siempre de chiquita escuchaba a adultos decir que habían entrado a un “chinchorro” pero nunca lo decían con el orgullo semipatrio con el que se dice ahora. Todo lo contrario, entrar a un chinchorro, en aquella época, era entrar a una cosa semicochambrosa.Por el contrario, ahora uno dice que va a chinchorrear e inmediatamente se prenden las luces de neón a tu alrededor identificándote como un tipo _cool_ y jangueador.

Los chinchorros son negocios pequeños, escasos de lujos, que se han convertido en los salvadores de nuestro jangueo que, por la situación económica, tiene que ser divertido y frugal.

Y ese aspecto semifeo que les acompaña tiene su misticismo. La gente no ve la fealdad, ni las sillas rotas, ni las paredes carcomidas, ni el sucio en el piso, ni los baños sin jabón que casi nunca bajan, ni los pósters de Cutty Sark. No, la gente ve un chinchorro. Y como en la literatura, los chinchorros tienen una especie de licencia poética. Se le permite cosas que a ningún otro establecimiento se le permite y se ven hasta de manera romántica.  O sea, ¿qué es un chinchorro con aire acondicionado y sanitizer? ¡Un restaurant!

Si tuviera más tiempo, yo viviría chinchorreando. Porque me gustan las comidas de chinchorro, de esas que llevan horas en vitrinas con bombillas apuntando directamente hacia ellas, para mantenerlas calientes y para dramatizar su atractivo casi hollywoodense de manteca El Cochinito. Porque, de nuevo, ¿qué es una alcapurria frita en aceite vegetal? ¡Un kipe!

Hasta la vestimenta de chinchorrear está chévere. El código de vestimenta es simple: lo que te dé la gana. Y por alguna razón, a las nenas nos gusta chinchorrear con pañuelitos o con sombreritos, en pantalones cortos, camisillas y _flats_. Mujeres, por favor, nota importante: los chinchorros están generalmente ubicados en Puer-to-Ri-co; entiéndase, topografía irregular y accidentada, típicamente localizados en algún recóndito punto de la cordillera central o en áreas panorámicas de cualquier punto cardinal de la Isla. Si usted quiere ponerse plataformas, después no se queje de los tobillos rotos. Y si se pone tacos, pues, le sugiero que después del ortopeda vaya al sicólogo, porque le falta un chin de sentido de común.

Los mahones, mi gente, están para mí en la zona de “hágalo a su propio riesgo”. No importa cuán alto en la montaña esté chinchorreando, si en Morovis, si en Ciales, si en Yabucoa o si en Cayey, de nuevo, estamos en Puer-to-Ri-co. Hace calor y termina uno sancochao. No sea masoquista.

En el caso de los nenes, como la vida es injusta en género hasta en eso, pues vístase como quiera. Lo más que puede pasar es que use mahón y pues, hay algunas partes que aguantan más que otras el calor. Si el baño está ocupado o dañado y usted anda hasta con correa, pues sus alternativas para responder en caso urgente de desagüe se complican.

Otra cosa buena de esta cultura del chinchorreo es que si no es grupal no es divertido. No es lo mismo chinchorrear con el marido que con los amigos del marido, las esposas, los sobrinos y los padres. Ahí prácticamente adquieres toda la experiencia, porque chinchorreo sin gritería y todo el mundo hablando duro y a la vez, no es chinchorreo.

Y claro, la modalidad de alquilar guaguas que te transporten el corrillo entero es todavía una mejor idea. Porque la gente no chinchorrea para comer pollito asado y ensalada mixta, ni pa’ tomar Malta o 7 Up. La gente, con excepciones, chinchorrea pa’ darse el palo, ingerir una cantidad de grasa que tape las arterias y hablar sin inhibiciones con los panas. Que guíe otro. Y que ese otro no te falle, porque la última vez que fui en corrillo, se dañó la guagua y terminamos subiendo una guinda de madre en Morovis, a pie, fuera de forma y mareados. Y por supuesto, el clásico final de un chinchorreo, parar en Burger King. ¡Los munchies son  mundiales!

Pero una nota especial: Lo que NO puede pasar es que, como toda costumbre, termine prostituyéndose. El chinchorreo es lindo, divertido y altamente cultural… para los grandes. Las guaguas de menores de edad con vasos rojos no se valen. No nacimos ayer. Goce, sea feliz, pero vele a sus niños. Cada cosa a su tiempo.

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