Opinión: Hillary Clinton y su enjambre de comunicación
Atrás quedó la anticuada conferencia de prensa con el plan de manejo efectivo de los medios para una mejor proyección. En el profundo olvido sucumbió la…
Por Mariliana Torres @MarilianaTorres
Atrás quedó la anticuada conferencia de prensa con el plan de manejo efectivo de los medios para una mejor proyección. En el profundo olvido sucumbió la estrategia de comunicación para contestar o evadir las preguntas incisivas. No se escucharon los gritos ni los ruidosos lemas de campaña. Rechazó la propaganda tradicional para ofrecer lecciones de cómo en nuestros días es la manera más acertada de comunicar exitosamente un mensaje político. Como dijo el filósofo de los medios de comunicación Marshall McLuhan, el medio es el mensaje. Acuñando una imagen distinta, Hillary Clinton manipuló todo el enjambre masivo de medios de información e hizo lo que le apeteció: se apropió de Twitter para anunciar lo que se rumoraba. Toda la semana los medios de comunicación anticiparon con cierta timidez su aspiración a obtener la candidatura a la presidencia de Estados Unidos, pero todos se quedaron esperando la exclusiva y la rueda de prensa. Es decir, Clinton utilizó Twitter como extensión del cuerpo humano y estableció en su mensaje sus ansias de poder, como diría McLuhan, para modificar el curso y el funcionamiento de las relaciones y las actividades humanas. Es interesante porque Twitter como plataforma mediática de mayor crecimiento está cambiando a una escala sorprendente el ritmo de la información para provocar a su vez en la sociedad una revolución de opinión pública.
Si bien es fascinante para todos aquellos que entendemos o tratamos de entender ese poderío de las redes sociales, es también vergonzoso como se come los que hasta hace poco fueron los gigantes mediáticos. Los canales de televisión norteamericanos intentaron ir a la par de la información que se desarrollaba en las redes sociales sobre la candidatura, pero hay que aceptarlo: es imposible. La manera seleccionada para comunicar fue espectacular porque fluyó sin filtros ni ruidos excesivos. Primero, los manejadores de su campaña dejaron que las fuentes anónimas especularan con cierto grado de veracidad, luego llegó la filtración sobre el acontecimiento para mantener la imagen de la mujer viva en las horas de mayor afluencia del público. Luego dejaron saber que escogieron a Twitter como medio de difusión. Le prosiguió un videomensaje inmaculadamente grabado y más tarde el consabido comunicado vía e-mail. Si así de articulada comenzó su campaña de comunicación, Clinton podría consolidarse mediáticamente a pesar de las pésimas semanas que ha tenido luego de divulgarse el posible uso de su cuenta personal para asuntos oficiales, violando los parámetros de transmisión de información delicada.
En el 2008, tuve la oportunidad de entrevistarla cuando visitó Puerto Rico como parte de su campaña primarista que perdió ante el actual presidente norteamericano Barack Obama. Fue una entrevista donde no se me impuso la presión del tiempo, por lo cual pude hacerle preguntas más allá del ruedo político. Percibí el ego que representaba su poderío y que, según analistas de campañas políticas en EE. UU. la apartó del electorado. Sin emabargo, fue fascinante su aplomo, conocimiento e inteligencia sobre temas medulares. Hablamos temas escabrosos como el discrimen hacia los imigrantes, la crítica por haber votado a favor de la intervención de Irak en el 2003, hasta los comentarios crueles por haber perdonado el affaire de su esposo en aquel entonces, el presidente Bill Clinton, con Mónica Lewinsky. Pasadas esas páginas que saldrán nuevamente a la luz pública, Clinton tendrá que saber manejar como factores favorecedores el reconocimiento público y la virtud de su sexo. Además, incluir como ya se observó en el video de lanzamiento el tema de la tolerancia ante la diversidad racial. Pero también es de esperarse que el tema económico tenga un puesto significativo en la discusion pública. Sería devastador para ella que la cubierta de prensa contabilizara solo su género por el hecho de que se podría convertir en la primera mujer presidente de Estados Unidos.
Aunque Clinton no es novata en el debate público, es notable que los conocedores de su imagen intentan ese acercamiento con el pueblo que le faltó en la campaña primarista. Observaremos cambios sustanciales en esa línea fina que la diferencia entre la líder política y la mujer que emergió luego de una devastadora crisis personal.


