Opinión: Fuerza laboral

La radiografía socioeconómica del país es preocupante. El más reciente informe del Buró de Estadísticas Laborales (BLS, en inglés) indicó que Nuestro Índice de…

Por Hiram Guadalupe @hiramgp

5 abr 2015, 11:00 pm 3 min de lectura

La radiografía socioeconómica del país es preocupante. El más reciente informe del Buró de Estadísticas Laborales (BLS, en inglés) indicó que Nuestro Índice de Actividad Económica (IAE) ha mantenido un patrón de reducción significativa por los pasados 26 meses.

Asimismo, contrario al discurso que se vocifera continuamente desde el Gobierno, se señaló que nuestro mercado laboral va en picada. Según la publicación del BLS, en febrero de este año tuvimos un índice de participación laboral de 907,500 personas, una cifra menor a la proyectada y que, a su vez, representa poco más del 40 por ciento del total de nuestra fuerza productiva hábil.

Esa reducción también se reflejó en los meses de enero y diciembre de 2014, en comparación con el mismo periodo en años anteriores.

Esta no es, en cambio, la información que nos presentan los voceros gubernamentales, para quienes la promesa de elevar la participación laboral les va a perseguir como un fantasma hasta el día de las próximas elecciones, consecuencia del empeño propagandístico del partido político gobernante.

Para amortiguar el impacto negativo que representa una reducción constante de nuestra fuerza trabajadora activa, los funcionarios del gobierno se embarcan en hacer énfasis en la alegada reducción en las cifras del desempleo que, como conocemos, se construyen sobre métricas poco fiables que nunca representarán el escenario real de la desocupación laboral.

Ante esto, necesitamos un nuevo rumbo. Urge la articulación de propuestas dirigidas a incentivar a nuestra fuerza productiva antes de que la situación del mercado de trabajo del país continúe en precario y se acreciente nuestro estancamiento económico. La pregunta es qué ruta seguir.

Pensemos, por ejemplo, cómo en medio de toda la discusión fiscal en que estamos inmersos, los agentes gubernamentales no han dado énfasis a la necesidad de retomar el crédito por trabajo como paliativo para alentar a nuestra población a formar parte de la economía formal, a pesar de la insistencia documentada de algunos estudiosos.

Parecería que, por alguna razón, el discurso del gobierno obvia valorar a nuestra fuerza laboral como el recurso más importante con que contamos para sacar a flote nuestra estancada economía.

El país también necesita —con urgencia— políticas públicas que propendan a la generación de buenos empleos y que representen más estabilidad para la ciudadanía. Es insostenible, luego de examinar los datos del BLS, perpetuar el modelo de empleos precarizados que desincentivan el interés por trabajar y, al mismo tiempo, no provocan trascender el modelo de dependencia económica.

Este asunto, curiosamente, apenas ocupa espacio en los foros de discusión mediática el país. Parecería que el discurso neoliberal ha acaparado esas ondas sonoras y, a su paso, ha entronizado la falsa imagen de responsabilizar a la fuerza laboral, en especial la pública, por el desmadre económico que nos ha llevado a nuestro noveno año de contracción y desbalance fiscal.

Desde esa perspectiva neoliberal, la alternativa es desmembrar el mercado laboral formal, que sugiere empleos estables y bien retribuidos, para apostar por el crecimiento de los empleos basura, que predominan en las grandes cadenas de consumo. Al final, dicen los neoliberales, más vale eso que nada, una expresión que contagia todo el mercado y se hace eco en algunos portavoces radiales del gobierno y el capital.

Nadie puede eludir que ante una radiografía socioeconómica tan alarmante como la que nos asiste, el énfasis de la discusión pública debería estar en determinar cuál es el modelo de desarrollo económico y social que necesitamos y bajo qué parámetros. ¿Cómo resolvemos nuestros problemas con enfoques sociales y no contables?.

Lo que hoy nos ofrece el gobierno son propuestas débiles, sometidas a los intereses del capital, que promueven la precariedad laboral y que yacen fundamentadas en el abaratamiento continuo de la mano de obra.

Lo que hoy nos ofrecen son más impuestos, más dependencia, privatizaciones, empobrecimiento y endeudamiento. ¿Es esa la salida?