Evita el síndrome del fundador

Hay que reconocer que fundar una organización sin fines de lucro es un gran reto. Las personas que deciden emprender esta gesta social merecen admiración. Una…

Por Olvin Valentín @olvinvalentin

27 mar 2015, 11:00 pm 2 min de lectura

Hay que reconocer que fundar una organización sin fines de lucro es un gran reto. Las personas que deciden emprender esta gesta social merecen admiración. Una organización, especialmente si es nueva, requiere dedicarle mucho tiempo, hacer muchas gestiones e incluso, en muchas ocasiones, invertir dinero. Es por eso que la opinión del fundador o fundadora de una organización tiene mucho peso para su junta de directores, empleados y voluntarios.

Sin embargo, aunque conocen muy bien la organización y su misión, eso no significa que todas sus decisiones u opiniones son acertadas. Es muy común en las juntas que los demás directores tienden a seguir lo que diga el fundador y no presentar oposiciones, a veces por respeto o por costumbre. Esto es un grave error que puede ser fatal para una organización. Esto generalmente se conoce como el síndrome del fundador.

Especialmente cuando un fundador lleva mucho tiempo en la junta de directores, la administración y demás gestiones ejecutivas se convierten en una rutina. Ya no fluyen ideas innovadoras ni se aceptan retos. Y las cosas se continúan haciéndose como se han hecho hasta el momento.

Recordemos que la responsabilidad de los miembros de la junta de directores es velar los intereses de la organización, por encima de otros intereses. Incluso los del fundador, si es lo mejor para la entidad. Como directores, nuestro deber es tomar decisiones, debatir y considerar asuntos desde todos los ángulos. A veces nuestras opiniones podrían ser contrarias a las del presidente o fundador. O podríamos no estar de acuerdo con propuestas del fundador. Pero si nos limitamos a repetir o aprobar sin pensar, no estamos cumpliendo con nuestra función.

Evitemos que nuestra organización padezca del síndrome del fundador. Asumamos nuestra responsabilidad y rol como junta de directores y, con criterio independiente, tomemos las decisiones necesarias para alcanzar el éxito de nuestras organizaciones.