Opinión: ¡Suelta la culpa!
Estaba sentada comiendo en el deli de un supermercado cuando la señora frente a mí, quien me había reconocido, me pidió que le diera el secreto para…
Por Lily García
Estaba sentada comiendo en el deli de un supermercado cuando la señora frente a mí, quien me había reconocido, me pidió que le diera el secreto para conservarme tan joven. Después de agradecerle sus palabras, le recomendé que fuera al médico a chequearse la vista. Pero aquella conversación liviana que había comenzado entre sonrisas pronto se tornó más seria.
Me contó que había estado muy deprimida luego de una pérdida que había tenido hacía tres años. Al mencionar una pérdida supuse que se refería a alguien cercano que había muerto. Intenté darle esperanza recordándole que aquellos que se van nunca se van realmente, sino que siempre permanecen cerca, pero en un estado diferente.
Fue entonces que me aclaró a lo que se refería. La “pérdida” había sido literal. Un día abrió la puerta para sacar a su gato a pasear, y el gato había desaparecido. Todos los días ella hacía lo mismo, y el gato regresaba, pero en esa ocasión no volvió. Parece que el animalito ya estaba enfermo y no parecía haber cura para su condición. Su dolor mayor era pensar que todo había sido su culpa, que, si ella hubiese estado más pendiente ese día, tal vez el gato no se habría escapado del área donde siempre paseaba. Si bien el gato le hacía falta como podría hacerle a cualquiera que ame a una mascota que tuvo por nueve años, lo que la tenía emocionalmente paralizada era la culpa.
Hace mucho tiempo escuché que muchos animales, cuando saben que van a morir, se escapan. No sé si será porque intuyen que el apego de los amos no va a permitirles irse en paz o es que sencillamente se sienten tan mal que prefieren estar solos. La cosa es que se lo dije a ella en un intento por que soltara la culpa que tanto la agobiaba. Sé que a muchos le puede parecer exagerada la reacción emocional de esta señora a la desaparición de su gato enfermo. Pero lo cierto es que una mascota puede convertirse en la principal fuente de cariño para una persona, además de aquello que la hace sentirse útil y necesaria.
Pero lo más interesante de esta conversación es que me reafirmó lo necesario que es que aprendamos a soltar las culpas que nos mantienen esclavizados al pasado. Todos hemos cometido errores, algunos más graves que otros, por los cuales podríamos sentirnos culpables. No nos queda más remedio que tratar de repararlo cuando se pueda y soltarlo cuando no. La vida siempre nos ofrece oportunidades para restituir de alguna forma aquello que desbalanceamos. Miremos entonces hacia adelante tomando responsabilidad por nuestros actos, pero asegurándonos de soltar la culpa en el camino.


