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Dicen que los perros se parecen a sus dueños. Dicen también que ese refrán se puede aplicar a la relación de los conductores con sus carros. De eso da fe el…

Por Víktor Rodríguez @viktor_rodz

18 mar 2015, 11:00 pm 3 min de lectura

Dicen que los perros se parecen a sus dueños. Dicen también que ese refrán se puede aplicar a la relación de los conductores con sus carros. De eso da fe el animador y comediante Danilo Beauchamp, quien conversó con Tacómetro sobre su experiencia detrás del volante de una Range Rover Evoque 2012.

¿Cómo se refleja tu personalidad en esa guagua?
––Bastante. Creo que las guaguas son como los animales. Dicen por ahí que los perros se parecen a sus dueños, y esa guagua me gusta porque es diferente. Es un guagua aerodinámica, y yo soy así. No me considero normal. Estoy siempre creando, dando ideas y creciendo. Así son los carros; siempre buscan un nuevo horizonte.

¿Cómo eres al volante?
––Bastante normal. Desde que tengo la guagua, no quiero que le pase nada… Ahora soy más tranquilo y cuidadoso también en cuanto a los horarios. Ahora estoy más concentrado en la carretera.

¿Qué es lo más difícil de guiar en Puerto Rico?
––Que nadie sigue las leyes. La ley del uso del celular no existe. Es como jugar Gran Turismo o Grand Theft Auto. Hay que estar pendiente de la carretera todo el tiempo.

Si tuvieras que identificar tu ruta favorita de Puerto Rico, ¿cuál sería?
––Como soy ahora mismo del área metropolitana, me gusta dar vueltas por Isla Verde y Condado.

Actualmente vives en Caguas. Dicen que ese pueblo es un gran tapón. ¿Cómo has manejado esa situación?
––La única ventaja que he tenido han sido mis horarios, y no he tenido que coger los tapones. Si no, me hubiera mudado hace tiempo. Admiro a las personas que se levantan a las 5:00 a. m. para no coger ese tapón de hora y media perdida en la mañana e igual por la tarde.

¿Cuál fue tu primer carro?
––Un Mazda Protegé del 2000.

¿A qué edad comenzaste a conducir?
—A los 16 años. Ya tú sabes, con la desesperación de que había que trabajar y, como todos, quería tratar ser independiente.

¿Cuál es la anécdota más memorable que tienes sobre tu primer auto?
—Fue el coge cantazos de mi juventud. Por eso los padres tratan de obligarte a que te compres un carro que no sea tan nuevo con tal de que no lo choques. Pero ese Protegé cogió cantazos por todos lados.

¿Qué aprendiste de ese carro y esos cantazos para tu segundo vehículo?
—Mi segundo vehículo fue un Honda Civic 2007. Tratar de no conducir cuando uno tiene sueño. No solo por respeto a tu vida, sino también por la de otro ser humano.

Pasaste de un carro de segmento básico a uno mediano hasta llegar al segmento de lujo. ¿Cómo lograste ese upgrade, sobre todo siendo tan joven?

—Son metas. Soy una persona que se enfoca. Hace tiempo que estaba detrás de la Range Rover, desde que salió el modelo en 2012. Me gustan los carros aerodinámicos. Ha sido trabajar y trabajar. Me considero un workaholic, y eso fue una meta. Siempre quise tener ese modelo de guagua, y, gracias a Dios, el año pasado lo pude lograr.

En términos de mecánica, ¿sabes mucho de ese sector u optas por llevar el carro a un experto?
—No sé absolutamente nada de mecánica. El que me atienda va a guisar conmigo. Lo único que sé es cambiar una goma.