Opinión: Se buscan almas perdidas

Hoy nuevamente Facebook se convierte en una fuente de inspiración para mi columna semanal. Comenzó llamándome la atención la cita que leí en la pared de una…

Por Lily García

23 feb 2015, 11:00 pm 2 min de lectura
Opinión: Se buscan almas perdidas

Hoy nuevamente Facebook se convierte en una fuente de inspiración para mi columna semanal. Comenzó llamándome la atención la cita que leí en la pared de una amiga.  Es de la actriz y activista de derechos humanos ya fallecida Audrey Hepburn.  “Al ir envejeciendo descubrirás que tienes dos manos: una para salir adelante y otra para ayudar a los demás”.  Hermoso, ¿no creen? 

Sin embargo, cuando pensamos en ayudar a los demás, nuestra atención generalmente se enfoca en aquellos que amamos o con quienes nos identificamos, o en aquellas causas hacia las cuales sentimos afinidad. Las personas difíciles, esas que nos sacan por el techo y a quienes quisiéramos evitar, no nos vienen tanto a la mente cuando pensamos en ayudar a otros.

En esta ocasión, un artículo que compartió en Facebook un amigo me recordó la importancia de reconocer en estas personas, que la autora llama almas perdidas, una oportunidad para ayudar a esos “chupacabras” energéticos que nos drenan la energía vital.

La psicóloga que escribió el artículo define como almas perdidas ‘a esos seres cuya vibración energética, producto de su desbalance emocional, es tan baja que se les hace muy difícil tener relaciones saludables’. No es que sean malas personas; es que, al no vivir en honestidad con ellos mismos, al no conocerse, operan en automático, disparando de la baqueta, sin reconocer las causas internas que los empujan a ser como son. 

¿Cuáles son las características de estas llamadas almas perdidas? La primera es que tienden a estar siempre a la defensiva. Todo lo toman personal. Estas personas generalmente son inseguras y, ante el miedo y el hambre de validación, resienten cualquier cosa que pueda parecer un reto. 

Las almas perdidas tienden también a ser cerradas de mente. Aquellos que vibran desde el miedo, la carencia, y la culpa, por ejemplo, tienden a cerrarse a las frecuencias más altas de la energía que se caracterizan por la fe, la prosperidad y la apertura a nuevas oportunidades. Discutir con ellas ciertos temas siempre va a ser una pérdida de tiempo porque no les interesa aprender.   

Y, por último, las almas perdidas tienden a repetir sus errores.  Al estar tan cerradas en ellas mismas, se convierten en víctimas de sus circunstancias.  Y la víctima, al no reconocer su responsabilidad en aquello que le ocurre, no va a desarrollar la capacidad de aprender de sus errores. 

En vez de responder a estas almas con agresividad o coraje, procuremos conectarnos con ellas en compasión, demostrándoles con nuestro ejemplo que hay otras formas más saludables de interaccionar.  Y aprovechemos esos momentos críticos para proyectarles luz desde nuestros corazones.  Al hacerlo estaremos aportando a elevar tanto su vibración como la nuestra. 

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