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title: "Opinión: El precio de mentir"
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section: "Noticias"
author: "Mariliana Torres @MarilianaTorres"
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published: "2015-02-11T03:00:00.000Z"
updated: "2022-02-20T18:42:13.089Z"
publisher: "Metro Puerto Rico"
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# Opinión: El precio de mentir

_Brian Williams tiene el rostro atractivo, es imponente y todo lo que pronunciaba con una contundente entonación se lo creía el público. Por eso alardeaba desde…_

Por Mariliana Torres @MarilianaTorres · Noticias · 2015-02-11T03:00:00.000Z

Brian Williams tiene el rostro atractivo, es imponente y todo lo que pronunciaba con una contundente entonación se lo creía el público. Por eso alardeaba desde su silla nocturna en un prestigioso noticiario estadounidense. Así obtuvo fama, fortuna y 9.3 millones de fieles televidentes todas las noches de la semana. Pero tal parece que Williams padece de un trastorno que no ha podido ser curado en los 10 años que lleva como ancla de noticias: mitomanía. Los que le conocen han señalado a medios estadounidenses que observaban desde las gradas cómo minaba su campo con continuos cuentos que sus jefes parecieron ignorar o guardarle. Ello se traduce en falta de supervisión o miedo a perder la audiencia. Pero esa mala costumbre de mentir o mitomanía, como lo describen los psiquiatras, le cobró su carrera, como sus compañeros pronosticaron desde las gradas.

La caída del presentador de noticias de la cadena NBC Brian Williams no debe despacharse como una simple despedida voluntaria para calmar el escándalo mediático tras ser descubierta una vil mentira de 12 años. Los anclas de los noticiarios de televisión, más allá de la imagen, viven de la credibilidad, cuyo cultivo y obtención les ha tomado años. Trabajan arduamente para que ningún escándalo manche su carrera, y el espectador siga observando su aplomo. Así se mantiene el público cautivo y así la empresa mediática gana dinero con el rating que produce su imagen o símbolo televisivo. Es sencilla la ecuación a mayor credibilidad mayor audiencia. El público que seguía a Williams parece sentirse traicionado e indignado luego de que este admitiera que mintió. La audiencia norteamericana ha sido dura con él y no ha aceptado sus excusas. Lo que sucede con Williams es que el no tenía cualquier puesto. Desde el 2004 fue nombrado a la silla que dejó el hombre de noticicas más prestigioso de Estados Unidos, Tom Brokaw.  Y ahora en tan solo 57 segundos ha traicionado su puesto y perdió toda la razón de ser de un periodista: la credibilidad. Quizá la más rigurosa crítica debería venir de las organizaciones de prensa y aprovechar esta coyuntura para plantear el problema que tienen muchos presentadores de noticias y reporteros de campo de alardear y pavonearse como si fueron ellos los protagonistas de la noticia. Es censurable mentir, aunque esté protegido como parte de la libertad de expresión. Con ello no quiero decir que le estoy restando mérito la valentía de Williams de ir a escenarios de guerra que de paso le quedaron excelentes. El problema surge cuando transfigurándose como un engreído repite la mentira de que en el 2003 el helicóptero en el que viajaba fue atacado y él sobrevivió milagrosamente. Para los soldados que iban en el verdadero helicóptero bombardeado la mentira fue una falta de respeto a los ciudadanos de una nación que considera a sus soldados como héroes y heroínas. La adulación de Williams como héroe de escenario de guerra ha ocasionado que se develen otros “escandalitos” del guapetón en otros escenarios de la noticia. Resulta que la gerencia le había perdonado o le dejó pasar las mentiras que comunicó a la audiencia durante el huracán Katrina.

Se inventó historias que van desde haber observado cadáveres flotando en el barrio francés de New Orleans hasta haber contraído disentería. Me parece que Williams necesita vacaciones y tratamiento.

La diferencia de repetir la mentira de que fue atacado en Irak con las falsedades anteriores es que ahora fue pillado de inmediato por las redes sociales que se encargaron de devorarlo sin piedad. En 57 segundos, Williams, considerado por la audiencia como el periodista más íntegro, se desplomó. Era indiscutible su capacidad de agrupar audiencia al estilo del legendario Brokaw. Sin embargo, a pesar de su sagacidad, nunca llegó ni llegará a pisarle los talones al fenecido maestro de maestros Walter Cronkite, referente del periodismo televisivo. Aún se desconoce si Williams regresará a la pantalla, pero si lo hace tendrá que trabajar muy duro, quizá años, para poder ganar la credibilidad que en tan solo 57 segundos perdió.

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