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title: "Opinión: “Quizás me la hago”"
description: "Este año quizás me la hago. Está en mi lista de cosas pendientes. Evaluar si me hago alguito."
canonical: "https://www.metro.pr/noticias/2015/01/07/opinion-quizas-me-la-hago"
section: "Noticias"
author: "Dennise Y. Pérez @denniseypr"
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published: "2015-01-07T03:00:00.000Z"
updated: "2022-02-20T22:22:39.698Z"
publisher: "Metro Puerto Rico"
language: "es"
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# Opinión: “Quizás me la hago”

_Este año quizás me la hago. Está en mi lista de cosas pendientes. Evaluar si me hago alguito._

Por Dennise Y. Pérez @denniseypr · Noticias · 2015-01-07T03:00:00.000Z

Este año quizás me la hago. Está en mi lista de cosas pendientes. Evaluar si me hago alguito.

Desde una época a esta parte ha habido un aumento en la publicidad en todos lados que hace a las mujeres pensar en algún momento que tienen que visitar al cirujano plástico casi con la misma urgencia que se visita a un cardiólogo.

La publicidad es brutal. Está en los periódicos; está en los billboards; está en los anuncios de esos super invasivos de privacidad que te persiguen hasta en los baños de establecimientos comerciales. ¿Se han fijado que esos anuncios ahora hablan? Está del cará que uno entre al baño y en lo que se baja el zíper escuche una voz proveniente de no se sabe dónde que te ofrece una evaluación gratuita para inyectarte bótox o sembrarte pelo, o reconstruirte alguna parte.

Por suerte puedo manejar varias cosas a la vez, pero hay quien tiene que elegir entre la vejiga y el oído para escuchar el anuncio. Me imagino a la gente sentada en el inodoro con una mano aguantándose el pantalón y con la otra sacándole foto al anuncio con el teléfono para llamar luego.

El bombardeo es tan implacable que creo que me he rendido. Hace unas semanas fui a una doctora para que evaluara unos análisis que me había hecho y yo la veía distinta, era evidente que se había hecho algo. Y luego descubrí que comparte ahora consultorio con una esteticista que hace mil cosas allí, no sé cuán legales porque no creo que las esteticistas tienen autorización para inyectar cosas o rellenar pómulos.

La cosa es que le pregunté con mucha curiosidad algo como qué me debía hacer yo. Pero lo pregunté con la misma esperanza que un flaco pregunta cómo puede engordar, casi esperando que la otra persona tome con liviandad su pregunta, que no ponga mucho entusiasmo, que lo coja suave por si ofende. Pero esta doctora no. Esta me tiró con todo. Me tasó por un momento y me dijo “Yo tú me refresco el rostro”.

Jum. Refrescante sugerencia. Creo que notó la sorpresa en mi rostro necesitado de frescura. Y me sugirió una cosa que es como un relleno para las pómulos que dura cuatro años, otra cosa para disimular los ojos cansados y un tratamiento de sueros dermatológicos para rellenar áreas, una bonita manera de decir, disimular arrugas. Después me habló de una cosa para tonificar los brazos y para tonificar los glúteos. Bueh, hasta ahí llegamos. La naturaleza no puede retarse tan ambiciosamente, pensé yo.

Con una sola pregunta que me tomó hacer 10 segundos, ella destruyó toda mi fantasía de que aún no necesitaba hacerme nada. Básicamente con sus recomendaciones me envió un mensaje claro: te ves esbaratá.

Menos mal que mi humor negro me ayuda a superar esa clase de momentos y a reírme de ellos. Debe ser un mecanismo para no entrar en depresión. Porque yo entré al consultorio para que me dijeran lo bien que estaba, no lo jo@# que estaba. Y le dije que era más barato volver a nacer y  la despaché con sus sugerencias, prometiéndole que lo iba a pensar. Sí, con la misma urgencia de nevera que tiene un esquimal.

No censuro las cirugías plásticas. Cada cual hace de su cuerpo lo que quiere y lo perfecciona si así lo cree para sentirse cómodo consigo mismo. Eso está perfecto. Muchas cirugías de esas son verdaderos antídotos para la autoestima. Y si uno tiene los chavos para hacerlo, ¡santo y bueno!

Lo que me mata un poco es una nueva tendencia que veo aquí, donde parece que todos van al mismo cirujano, quizás ni siquiera en Puerto Rico, y terminan los operados pareciéndose entre sí. El otro día fui a cenar con un amigo y en una misma mesa habían tres señoras que parecían de las operadas que salen en las novelas  mexicanas. No sé quién las opera pero los labios parecen hígados y los ojos te matan con esos arcos que parece que están perpetuamente impresionadas.

Entre las cirugías y el spray de pelo, allí había daño irreparable a la capa de ozono. Y créanme que no es envidia. Tengo mis propios trucos pa’ levantar cosas.

Pero no hay duda de que entre la explotación masiva en la publicidad, la invasión de promo en los baños y algunos médicos inescrupulosos, la autoestima y el bolsillo hasta del más lindo está en peligro.

Este año cumplo 40. Este año quizás me la hago.

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