Opinión: La entrevista: desafío periodístico
Lamentablemente comenzamos el año incrementando las estadísticas de violencia de género. En medio de festividades navideñas que se suponen unan las familias ha…
Por Mariliana Torres @MarilianaTorres
Lamentablemente comenzamos el año incrementando las estadísticas de violencia de género. En medio de festividades navideñas que se suponen unan las familias ha perdido la vida una madre a manos de su pareja. Tal parece que Elizabeth Feliciano Soto vivía atrapada en el círculo vicioso del maltrato. Ese patrón que nadie conocía, es la pieza más importante a indagar para conocer el móvil del crimen y posible vínculo del señalado como ejecutor del asesinato. Durante esa exploración de circunstancias se supone que el periodista cuente la verdad, investigue sin apasionamientos para divulgar las causas, pero sobre todo aproveche para educar con su texto a una población indignada por la criminalidad pero que sigue incurriendo en esa conducta. El problema de estas historias de crímenes, difíciles y angustiosas de cubrir, es que se están quedando cortas de contenido incumpliendo con objetivos periodísticos fundamentales.
El periodista tiene ante sí un arma muy poderosa y debe ser utilizada sin miramientos para contar la verdad y educar. Las visitas de los periodistas a las escenas espeluznantes cruzan mirada con la realidad de una sociedad insensible al dolor y con carencia de valores. Hay que tener mucha cautela de no convertirse en un simple espectador de hechos, carente de verbo para indagar apropiándose de la emoción de los familiares de la víctima para comunicar la noticia como espectáculo. Quisiera no tener que escuchar la pregunta tonta: ¿cómo se siente al perder a su hija? Pero se sigue escuchando para poder sacarle lágrimas al entrevistado. Me pregunto: ¿Es esa pregunta pertinente para unos padres que acaban de perder a su hijo o a su hija? ¿Es esa pregunta parte del buen periodismo? ¡Claro que no!
La visita del periodista a la realidad de los macabros hechos debe estar centrada en la persona víctima, el ambiente y el antecedente que desembocó en el crimen. Es decir, aunque sea una noticia en desarrollo o una noticia del momento se debe realizar el proceso de preinvestigación y buscar esa entrevista que desafié y conteste el por qué. Hay que familiarizarse con el entorno de los personajes involucrados. Si no se realiza ese proceso, le aseguró que realizará la mencionada pregunta impertinente y la publicará. En ocasiones, el periodista hace preguntas indiscretas como parte del proceso investigativo y podrían considerarse justificables. Pero, ¿sabía usted que no todas las preguntas son para publicar?
Con el afán del día a día entre entregas de reportajes, la inmediatez y la lucha diaria por prevalecer se pierden momentos gloriosos de investigar, realizar una buena entrevista y aportar a la regeneración de la conducta en nuestra Isla. Deberíamos tomarnos el tiempo para investigar el trasfondo del entrevistado y conocerlo a la saciedad antes de realizar la primera pregunta que romperá el hielo y divulgará los hechos. No es pertinente preguntarle al arrestado ¿estás arrepentido? o ¿por qué lo hiciste? A esa persona le cobijan derechos y es un sospechoso. Vamos hacer preguntas más inteligentes y que provoquen repreguntas.
En periodismo se tiene por costumbre afirmar “que no se entrevista a quien no se conoce”, es decir, que antes de lanzar la primera pregunta el periodista debe hacer su trabajo investigativo y familiarizarse con los personajes y los hechos. Coincido con ese planteamiento, pues he comprobado que así se logra un verdadero intercambio de ideas que aclara circunstancias y contesta interrogantes que no estaban pensadas hacer. Entrevistar se convierte en un arte y bien lo sabemos todos los periodistas que vivimos en contra del reloj. Añadiré que es mejor estar preparado porque a la mayoría de los entrevistados les gusta conversar con personas conocedoras del tema y que pueden entrar en debate. Siempre hay sus excepciones y el sospechoso puede ser uno de esos que trata de eludir preguntas que lo colocarían contra la pared. Estar más que preparado para preguntar ayudará a romper el hielo, adelantarnos a la competencia, otorgará credibilidad, profesionalismo, respeto y demostración cabal de lo que es buscar la verdad para educar. No se tienen que hacer 20 preguntas para desenmascarar o confirmar lo que ya previamente se ha investigado. Surgirán más preguntas, pero en ese intercambio se conseguirán las respuestas y el titular de publicación.
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