Opinión: Empieza a bailar ahora
En estos días, repasando material para el libro que estoy escribiendo sobre la muerte y el proceso de duelo, me encontré con un artículo que había guardado…
Por Lily García
En estos días, repasando material para el libro que estoy escribiendo sobre la muerte y el proceso de duelo, me encontré con un artículo que había guardado hace tiempo. Lo escribió una enfermera que labora en el área de cuidado de hospicio en el hogar en Estados Unidos. Su trabajo la ha llevado a compartir bien de cerca con cientos de personas que han sido enviadas a sus casas ya con fecha de expiración, y ha escuchado lo que han tenido que decirle durante esos últimos meses, semanas y hasta días que les quedaban de vida.
Con este artículo ella quiso compartir algunas de las lecciones que ha aprendido de ellos, especialmente esos “arrepentimientos” mayores que le manifestaron en su lecho de muerte. El más común fue el de “Hubiese querido permitirme ser yo mismo, en vez de vivir la vida que otros quisieron para mí”. Una cosa es vivir con sentido de empatía y generosidad hacia los demás, y otra es dejar de ser quien uno es para complacer a otros. A la larga, el negarnos la oportunidad de manifestar nuestro “ser” siempre nos va a generar corajes y sentido de culpa.
Otro gran arrepentimiento que escucha es “Si yo no hubiese trabajado tanto…”. En momentos de crisis económica, como los que estamos viviendo, puede que se nos haga difícil pensar en bajar revoluciones. Sin embargo, tal vez sería bueno ponernos a pensar qué es lo que significa el trabajo para nosotros. Para algunos puede ser su canal de prosperidad, pero para otros es un refugio emocional a través del cual se validan como personas. Busca el balance, no vaya a ser que, mientras estés soñando con lo que tu trabajo te va a proveer en un futuro, te estés perdiendo tu presente.
“Ojalá hubiese tenido el valor de expresar mis sentimientos”. Esa es otra frase que esta enfermera escucha frecuentemente. Debe ser terrible llegar al final pensando en todas las palabras que hubiésemos querido decir y jamás dijimos. Pueden haber sido “te quiero”, “gracias” o “perdón”. Pero también están los “tengo mucho coraje porque…” o los “me heriste y todavía me duele…”. Muchas veces nos callamos porque pensamos que siempre habrá tiempo para hablarlo. Pero como bien dijo el Buda, “el problema mayor de los seres humanos es que nos creemos que tenemos tiempo”.
Pienso que con un año que viene y otro que se va sería bueno crear conciencia de lo que tal vez tendríamos que hacer ahora para no llegar al final cargando con ese peso. Si bailar te hace feliz, entonces comienza a bailar desde ahora cuando todavía puedes escuchar la música. Empieza a construir la vida que siempre quisiste tener.


