Opinión: Somos especiales
Era una tarde calurosa de finales de verano cuando la luz se fue. Entré en pánico y lo primero que pensé fue que me la habían cortado, pero luego recordé que…
Era una tarde calurosa de finales de verano cuando la luz se fue. Entré en pánico y lo primero que pensé fue que me la habían cortado, pero luego recordé que la compañía de electricidad la cobra directamente de mi cuenta bancaria, así que algo debió haber sucedido. Llamé al guardia de seguridad y me confirmó que ya estaban trabajando en la avería y que en unas dos horas estaría arreglada. Salimos a pasear porque hacía mucho calor y los apartamentos en esta ciudad no están construidos para vivirlos sin aire acondicionado. Cuando regresamos, unas 3 horas más tarde, efectivamente ya la luz estaba de vuelta. No tuve necesidad de llamar a reportar nada ni de esperar impacientemente a que vinieran a arreglar el problema.
Cuando recién me mudé, me sorprendió la eficacia del Departamento de Seguridad de Carreteras y Vehículos Motorizados que es el que se encarga de expedir la licencia de guiar. Tenía la opción de intercambiar mi licencia de PR por la de la Florida, así que hice una cita y aunque el lugar estaba llenísimo, me atendieron a la hora indicada. Ya después de ese primer trámite en persona, no tuve que regresar más y el proceso de renovación y casi todo lo demás lo hago por correo o por internet.
Cuando pienso en lo que pasé y lo que todavía pasan amigos y familiares que están días completos sin servicio de agua o que hacen fila durante horas en los Centros CESCO, en la colecturía, en el Fondo, en el médico y hasta en Walmart, me alegro de estar acá. Pero cuando recuerdo la brisa del mar, el olor a fiesta que hay en el aire por estos días, o las reuniones improvisadas donde todo el mundo llega y se forma el bembé, siento que no hay nada como la isla. El calor humano, la humildad y ese darnos a la gente, así como esa alegría innata con la que caminamos por la vida, es algo muy único.
Recuerdo que cuando niña, nos sentábamos en las tardes en el balcón de la casa y contar las garzas que iban hacia la costa a pasar la noche en los arboles que estaban cerca de la playa. Aunque la mayoría de las personas que pasaban eran familia o vecinos de toda la vida, siempre había un saludo alegre y un buen deseo sincero. En el tiempo que llevo viviendo fuera de Puerto Rico, son pocos los vecinos que he conocido por su nombre y apellido y con los que he compartido algo más que un saludo o una breve conversación. Aquí no ayuda el estilo de vida ajetreado en el que se vive ni el diseño de la construcción, pues las casas no están diseñadas para que tengan las puertas y ventanas abiertas y veas a los demás. Al contrario, si no tienes aire acondicionado, estás literalmente frito.
Sin embargo, en estos años en la diáspora he conocido y compartido experiencias que atesoro con muchas personas, especialmente puertorriqueños. Y es que algo especial debemos tener si según una investigación reciente, el ser humano perfecto sería puertorriqueño. ¡Somos lo más cercano a la perfección! También la mayoría de nosotros somos gente honesta y eso se vio reflejado en otro estudio internacional que nos ubicó como uno de los países menos corruptos del mundo. Y por si fuera poco, tenemos una de las playas más bellas del mundo en Culebra, y un clima tropical que muchos envidian. Nada, que somos especiales y eso hay que celebrarlo a diario. ¡Que vivan los boricuas donde quiera que estemos!


