Opinión: Liderato en trance

La discusión sobre el impuesto al barril de petróleo, la llamada crudita , ha dejado al descubierto una vez más la fragilidad política del partido gobernante y…

Por Hiram Guadalupe @hiramgp

30 nov 2014, 11:00 pm 3 min de lectura
Opinión: Liderato en trance

La discusión sobre el impuesto al barril de petróleo, la llamada crudita, ha dejado al descubierto una vez más la fragilidad política del partido gobernante y la incapacidad que ha mostrado el liderato de esa colectividad en articular un proyecto consensuado para enfrentar los problemas del país.

En ese sentido, la insistencia del ejecutivo en esa medida le va a costar muy cara porque, como ya sabemos, hay una factura política que se paga cada cuatro años, y si algo ha quedado claro al interior de ese debate, es la oposición generalizada que se hace sentir contra un nuevo arbitrio.

Lo más elocuente es que una vez más ha quedado cristalizado el cuestionamiento a la capacidad del gobernador y de sus acólitos más cercanos para abordar las situaciones difíciles que afectan la ciudadanía y resolverlas.

Y esa es justamente la conversación principal que hay en estos momentos al interior del Partido Popular Democrático (PPD) y lo que trae despavorido al liderato de esa colectividad. Ahí está el enredo que intentan deshacer.

De esa manera, las salidas que se buscan al tranque del impuesto sugerido por el ejecutivo ya no atienden a las formas en que abordarán la alegada crisis fiscal de la Autoridad de Carreteras, sino que se concentran en ver cómo evitan fragmentar más el poderío del partido gobernante.

Por eso han acudido a los alcaldes para que sirvan de verdugos contra quienes han propuesto alternativas distintas y quienes han insistido en lo errado de atosigarle más impuestos al segmento de la población que menos tiene, en beneficio solo de los pocos que tienen más. La retribución para los alcaldes que se han prestado para ese juego será la asignación de varios miles de dólares para realizar obras en sus municipios que, en su inmensa mayoría, son prebendas irracionales en tiempos de estrechez, como la construcción de una pista de patinaje, una bolera, un parque acuático, otra pista de patinaje pero sobre hielo y mejoras a coliseos, velódromos y alcaldías. Es obvio que la distribución de estos fondos es el pago que han otorgado a esos ejecutivos municipales por presionar a la oposición legislativa del pepedé para que cambien su voto —y su forma de pensar— y, de esa manera, hagan lucir bien a su “líder”. Ya veremos quiénes ceden y de qué manera si es que lo logran.

Nadie puede negar que tras esta discusión hay un conflicto de poder político entre grupos del PPD y, al mismo tiempo, un cuestionamiento ideológico en torno a las alternativas para resolver los problemas del país.

En esa marejada conflictiva, la verdad más elocuente es que, en lo que va de cuatrienio, el PPD ha actuado a la deriva. Contrario a las promesas esbozadas en eslogan de su campaña, las propuestas planteadas como antídotos a los problemas del país han desmembrado el bolsillo de los sectores productivos, han sobrecargado de impuestos al sector trabajador y profesional y han socavado el servicio y el empleo público.

En esta ocasión, al menos, la pretensión de atosigarnos un nuevo impuesto al petróleo se ha vuelto más difícil y quienes gobiernan desde Fortaleza siguiendo el ritmo de los postulados neoliberales han encontrado en las filas de su propia colectividad una oposición firme, articulada y con propuestas alternativas.

Pocos se han creído el cuento que con la crudita salvamos la Autoridad de Carreteras y, por consiguiente, las finanzas públicas. Nada que ver.

Este es el segundo arbitrio propuesto al petróleo, y con el primero solo lograron lacerarnos los bolsillos. No olvidemos cuando ayer nos dijeron que habían alcanzado armar un presupuesto balanceado.