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title: "Opinión: Español Miamense 101"
description: "La primera vez que un argentino nos dijo a una compañera de trabajo y a mí que éramos unas “pen*******jas”, nos miramos sorprendidas. Tanto ella, que también…"
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section: "Noticias"
author: "Danixa López @DanixaLopez"
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published: "2014-11-21T03:00:00.000Z"
updated: "2022-02-21T03:13:07.045Z"
publisher: "Metro Puerto Rico"
language: "es"
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# Opinión: Español Miamense 101

_La primera vez que un argentino nos dijo a una compañera de trabajo y a mí que éramos unas “pen*******jas”, nos miramos sorprendidas. Tanto ella, que también…_

Por Danixa López @DanixaLopez · Noticias · 2014-11-21T03:00:00.000Z

La primera vez que un argentino nos dijo a una compañera de trabajo y a mí que éramos unas “pen*******jas”, nos miramos sorprendidas. Tanto ella, que también es puertorriqueña, como yo, no pensamos que el cliente de la empresa para la que trabajamos tuviera intención de insultarnos, pero entonces, ¿a qué se refería? Cuando él vio nuestra reacción, nos explicó que así le llaman ellos a lo que nosotros llamaríamos chamaquitas. Nos reímos un rato, pues después de todo, era otra de las tantas diferencias idiomáticas a las que ya me iba acostumbrando.

El sur de la Florida alberga un crisol de razas donde muchas se comunican en un mismo idioma, el español, pero cada una a su manera. Y en el caso de los puertorriqueños, nuestro español puede llegar a ser tan endémico como el mismo coquí. Solo en Puerto Rico tomamos jugo de china, usamos mahones, cogemos pon y andamos con el ay bendito en la boca. Junto con los dominicanos, tal vez seamos los únicos que comemos habichuelas y botamos la basura en el zafacón.

Cuando recién comencé a trabajar como relacionista público, me tocó ir  a una entrevista con un cliente en una área que no conocía, cuando pedí direcciones de cómo llegar me respondieron que cuando viera los “guarejaus” hiciera una izquierda. Tuve que preguntar que era un “guarejaus” y nunca me hubiera imaginado que se estaba refiriendo a “warehouses”, esos almacenes comerciales que se utilizan para oficinas muy populares en el sur de la Floridas.

En otra ocasión, una compañera de trabajo me dijo que me llevaría lo que yo le pedí, “ahorita”. Le agradecí y me fui por un café. Cuando regresé me estaba esperando en mi área de trabajo y me preguntó por qué me había ido si ella me dijo que vendría “ahorita”. Pues claro, yo me fui porque para mi “orita” significa después, pero en varios países de América Latina “ahorita” es en este instante. Y cómo después de tantos años todavía se me confunden el “ahorita” y el “ahora”, siempre reconfirmo que exactamente quieren decir.

Al igual que todos los que emigran o se relocalizan, mi vocabulario y el de mi familia se ha ido expandiendo con palabras tanto en inglés como en español y _spanglish_ porque aunque aquí no se “vacunan carpetas” ni se “delibera” nada, si existen “guarejauses” en la Sawesera (suroeste), se come donde el “lonchero”, se usan “quoras” en lugar de pesetas y se estacionan las “yipetas” en el “parqueadero”, entre muchas otras cosas.

Ahora que tengo un niño pequeño, él está experimentando de primera mano el gran repertorio lingüístico del sur de la Florida. Como desde que nació ha estado expuesto al español boricua, que es su primera lengua, y al español latinoamericano, no le sorprende que le llamen “enano”, “crio” o “chamo”; ha aprendido a caminar lento o “al paso”;   se tira por la chorrera o se lanza por el “tobogán”; come habichuelas, “frijoles” o “caraotas”; le gustan las chiringas, los “cometas” o los “papalotes” y es fanático del jugo de china o de “naranja”.

Yo, mientras tanto, sigo aventurándome en el conocimiento de las respectivos expresiones idiomáticas, añadiendo y quitando palabras de acuerdo a mis necesidades. La experiencia me ha enseñado que es mejor preguntar las veces que sean necesarias antes de “meter la pata”, pues como dicen por ahí, por la boca muere el pez y yo ya he nadado mucho como para morir en la orilla.

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