La Placita se transforma para sobrevivir
Clave del éxito. Con el pasar de los años, el lugar se ha convertido en un punto de encuentro para comprar productos locales y disfrutar con amistades.
Por Cindy Burgos @Cindy_Andreina
Cuando en 1997 se comunicaron con el arquitecto Emilio Martínez para ser el artífice de la remodelación de la Plaza del Mercado en Santurce, tenía muy claro que quería desarrollar no solo el aspecto de compra y venta de productos de consumo de primera necesidad, sino promover la movilización cultural en los alrededores, elemento que ya comenzaba a sentirse.
“Había cierta efervescencia que nosotros logramos captar y proveer los espacios para que eso (las expresiones culturales y gastronómicas) se manifestara mejor. La gente iba, iban empleados del Centro Gubernamental Minillas, pero no a la magnitud que hay ahora”, relató a Metro el arquitecto, que procuró mantener la fachada original de la estructura en la última remodelación que se realizó en La Placita, que culminó en el 2000.
Con esta remodelación se pretendió retomar el espacio como Plaza del Mercado, ya que había locales que se habían convertido en almacenes o en oficinas de abogados e ingenieros.
Martínez destacó que para los trabajos de restauración tuvieron que examinar documentos históricos y fotografías de la época, así como el uso de los materiales, que fueron principalmente acero y madera, para mantener la esencia de la estructura, que tenía “un estilo ecléctico” influenciado por el “renacimiento español”. Además, se reestructuraron los alrededores urbanos y se mantuvo el mismo estilo arquitectónico en el anexo que se construyó.
Por otro lado, se movieron a los locales de las esquinas los comercios relacionados a la venta de alimentos preparados y bebidas, de manera que pudieran mantenerse abiertos, aun cuando La Placita cerrara en la tarde, manifestó el arquitecto.
Es por esto que, a pesar de que cumple cien años, La Placita de Santurce “sigue teniendo vigencia”, sostuvo el arquitecto. “Trasciende no solo clases sociales, sino las edades. Eso creo que es la verdadera ciudad, donde la gente sale a compartir”.
Para la planificadora Sara Aponte, la clave del éxito de La Placita ha sido su capacidad para “transformar su uso original, que era meramente comercial”, a ser un lugar de “interacción”. “El lugar, al ser un espacio pequeño, eso invita y le da un calor humano. La gente siente que puede compartir en un ambiente relajado en el sentido que no hay reglas. No es un restaurante formal, sino que vas a la hora que quieras, con la ropa que quieras… Estás en un ambiente relajado y casual”, indicó la catedrática de la Universidad Politécnica.
Aunque reconoce la vigencia del espacio, Martínez insistió en la necesidad de que La Placita vuelva a ser restaurada. “A raíz de este centenario, me gustaría que nos demos cuenta que hace falta rescatar un poco los detalles que se han ido deteriorando”, dijo.
La Placita Se transforma en un consumo de “turismo local” Para el profesor de Teoría Sociológica de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras, Arturo Torrecilla, la Plaza del Mercado en Santurce se ha transformado de un espacio de consumo ordinario —de alimentos y objetos de primera necesidad—, a un lugar “ya no vinculado con la necesidad y la escasez”, sino con un sentimiento de “disfrutar la patria” mediante el establecimiento de un “turismo local”. “Lo que está ocurriendo con estos grupos es que están desarrollando una neofilia por lo nativo. Siendo criollos, siendo puertorriqueños, es como si no lo fueran, porque son turistas de su propia comida. Ellos van como va un turista a la Plaza del Mercado, pero como turistas locales”, sostuvo Torrecilla sobre el auge de ciertas clases sociales en acudir a la placita a disfrutar de lo que ahora adoptan como “boricua”.
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